La Rioja

Más locales vacíos y menos emprendedores: radiografía comercial del centro de Logroño

El centro de Logroño siempre ha tenido ambiente. Basta con caminar una mañana por la Gran Vía, cruzar hacia San Antón o adentrarse en Portales para comprobar que la ciudad late a ras de calle. Sin embargo, el continuo anuncio de cierres y los carteles que cada vez más se ven en los escaparates con frases como ‘Se alquila’, ‘Liquidación por cierre’ o ‘Cese por jubilación’ lleva a hacerse una pregunta: ¿está en crisis el comercio local o simplemente atraviesa una nueva fase de transformación?

Las inmobiliarias que trabajan a diario con estos espacios ofrecen una fotografía detallada. Desde Inmobiliaria Solozábal, Marina lanza un mensaje de calma: «Esto es cíclico. Lo mismo que se vacían los locales, llegan otros clientes y abren negocios». Recuerda que hace apenas tres o cuatro años había numerosos bajos desocupados en Gran Vía y que hoy el panorama es distinto. En su cartera cuentan actualmente con 84 locales en alquiler dentro de lo que consideran el centro de la ciudad (hasta la calle Huesca). «No es algo extraordinario. Esto ha pasado siempre».

Sin embargo, no todos los despachos viven esta coyuntura de la misma manera. Desde Inmobiliaria Iregua, Vanesa describe el mercado con menos optimismo. «Hay mucha oferta y muy poca demanda, cada día menos», afirma sin rodeos. Para ella, el problema no es puntual, sino estructural. «Cada vez hay menos ‘locos valientes’ que se arriesgan a montar un negocio».

Y es que, según Vanesa, emprender ya no es una apuesta romántica, sino un ejercicio de resistencia. Impuestos, normativas, alquileres, costes de reforma y meses de espera para abrir convierten la ilusión en una carrera de obstáculos. Marina coincide en señalar uno de los grandes frenos administrativos: «No es tanto el problema del alquiler como la tardanza del Ayuntamiento en conceder licencias. Hay negocios que tardan entre cuatro y seis meses en poder abrir. Un autónomo no puede asumir ese tiempo pagando sin facturar».

En este escenario, la geografía comercial se reordena. Gran Vía ha desbancado a San Antón como la calle más cotizada. Allí se encuentra uno de los locales más caros actualmente en alquiler con una renta que alcanza los 8.500 euros mensuales (se trata del que hasta hace dos semanas ocupaba la tienda Inside). «Ubicación y metros. Eso es lo fundamental», resume Marina. Sin embargo, la etiqueta de ‘zona prime’ ya no garantiza rapidez en el cierre de operaciones. Vanesa reconoce que tiene locales en calles históricamente fuertes que llevan meses, incluso años, buscando inquilino.

Hay excepciones. Portales sigue siendo una calle demandada. «Me la piden, pero no tengo nada», explica. La escasez de oferta en determinados ejes demuestra que el atractivo del centro no ha desaparecido, aunque sí se ha vuelto más selectivo.

Mientras tanto, otras zonas presentan realidades distintas. Marina apunta a áreas como Hermanos Moroy, donde muchos locales son de titularidad municipal para explicar que no todos los cierres responden al mercado privado. «Eso lo gestiona el Ayuntamiento», recordando que algunos negocios tradicionales no renovaron contratos y los locales permanecen vacíos desde entonces.

Si salimos de centro y nos vamos a barrios como Cascajos, es posible encontrar alquileres en torno a los 600 euros mensuales. «Tenemos clientes que se han ido del centro a barrios», explica Marina. Allí el flujo vecinal constante garantiza un consumo más estable y menos dependiente del turismo o del tránsito ocasional.

También cambia el tipo de actividad que logra mantenerse. Estética, gimnasios, pilates y servicios vinculados al cuidado personal siguen mostrando demanda. «Cada vez nos cuidamos más», apunta Marina. Vanesa coincide en que el futuro pasa por lo presencial imprescindible: «Lo que va a quedar es lo que necesita contacto físico: dentista, peluquero, podólogo, fisio… Eso no te lo puede hacer internet».

Porque el comercio tradicional compite ahora con un adversario invisible. El consumo online y el reparto a domicilio han modificado hábitos y expectativas. Restaurantes que antes necesitaban amplios comedores hoy pueden funcionar con cocinas optimizadas y reparto, y tiendas de moda ven cómo la venta digital erosiona su rentabilidad física.

Quizá el dato más revelador sea el uso alternativo que están encontrando muchos locales. «Las ventas no son para negocios. Son para uso personal», explica Vanesa. Asociaciones, clubes deportivos, particulares que buscan un espacio como trastero o merendero… «Se alquila antes un local pequeño para almacenaje que un gran local comercial». El bajo de 40 o 80 metros cuadrados tiene más salida que el antiguo local de gran superficie, que además arrastra impuestos elevados.

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