El estudio del suelo y la búsqueda de herramientas que mitiguen su erosión es la máxima en el futuro desarrollo agrario, más si cabe ante un escenario de lluvias torrenciales cada vez más frecuente. La Rioja no es ajena a tales destrozos y basta con echar la vista atrás y recordar aquel socavón de hasta cuatro metros de profundidad que se formó en una viña de Fuenmayor tras el paso de una tormenta en 2021. Aquel insólito suceso actúa ahora como el germen con el que se ha creado el proyecto Cárcavas Rioja, liderado por la empresa Ingeniería Carna SLP y Agresta S.COOP (que proporciona las soluciones técnicas y herramientas tecnológicas), junto con la colaboración de los propietarios de los viñedos.
Con un desarrollo a cuatro años (hasta 2029), la iniciativa está enmarcada dentro de las ‘Ayudas para grupos de cooperación dirigidos a la mitigación del cambio climático y al fomento de la agricultura sostenible’ del Gobierno de La Rioja, cofinanciada con el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y el Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (FEADER), y pretende combatir la erosión en viñedos de La Rioja en diferentes fincas experimentales. Carlos Alcolea, uno de los técnicos de Ingeniería Carna, remarca que este riesgo de cárcavas o barrancos formados por la escorrentía es muy frecuente en la región.
– ¿Por qué se ha elegido el viñedo como cultivo en el que desarrollar estos estudios?
– Queríamos centrarlo en cultivos leñosos y en concreto en el viñedo porque nos daba la facilidad de tener ese mismo cultivo distribuido por toda La Rioja, ya que los ensayos se van a realizar en las tres zonas de la comunidad. Además, este tipo de cultivo en muchas ocasiones se da en zonas de cárcavas, como son zonas de vaguada o en pendientes a favor del curso del agua.

– ¿Qué zonas de La Rioja tienen más riesgo de registrar este tipo de cárcavas?
– Se da en diferentes zonas indistintamente porque hemos identificado parcelas afectadas en la Rioja Alta, La Rioja Media y La Rioja Baja. Lo que hacemos es identificar suelos desnudos, con una estructura de suelos más arcillosa y limosa, con mucha capacidad de absorber agua y también zonas de pendiente donde los viñedos se han plantado en favor de esta. Suelen sor zonas de pie de sierra donde tampoco hace falta una gran pendiente para que el agua corra a gran velocidad, basta con lluvias torrenciales. En este sentido hemos localizado zonas con estas problemáticas en Quel, Galilea y Camprovín, por lo que contactamos con sus propietarios.
– ¿Qué herramientas se van a aplicar?
– Ya hemos hecho las primeras visitas a campo con todos las partes implicadas para identificar esas cárcavas y medir el problema, perfilando los elementos a usar, como es la construcción de pequeños diques a través de elementos naturales y otros métodos ya testados por Agresta. Ahora hay que decidir dónde colocarlas y ver cómo funcionan estos elementos. También tendremos en cuenta las cubiertas vegetales, si bien en algunos casos los propietarios de la finca son más reacios a colocarlas porque considera que compiten con su cultivo, por lo que en esos casos propondremos una cubierta discontinua, por ejemplo, por cada tres calles, o que se pueda levantar en verano. Así mismo, se ejecutarán ensayos sobre la ejecución de drenajes para conducir el agua por tuberías subterráneas. A partir de aquí, todas las herramientas que se creen durante el desarrollo del proyecto se irán implementando para cada tipo de cárcava. Queremos dar soluciones diferentes en función de la situación de cada parcela usando diferentes herramientas que frenen la velocidad de escorrentía del agua.

– ¿Y qué transferencia al sector va a tener este proyecto?
– Más allá de difundir todos los resultados técnicos y prácticos que se vayan recopilando a través de las páginas web de los colaboradores, también se creará una aplicación móvil para volcar todos los datos que genere Agresta y diseñar un mapa de riesgo servirá también de autoevaluación para que los agricultores tomen decisiones. Ellos ya saben por dónde corre el agua en sus viñedos cuando hay lluvias torrenciales, por lo que se trata de saber las condiciones en las que está el suelo para evitar que erosione. Así mismo, queremos que los resultados obtenidos permitan reorientar las nuevas plantaciones para saber cuál es la mejor opción.
– ¿Cuál es el objetivo a medio y largo plazo de Cárcavas Rioja?
– La idea es ampliar la red de zonas afectadas por cárcavas porque sabemos que hay muchas más de las que hemos identificado hasta ahora. Además, y con el objetivo de crear un mapa más preciso de aquellos suelos que muestran mayor probabilidad a sufrir cárcavas, Argesta hará un mapeo del riesgo de todo nuestro territorio cultivable que hasta el momento indica que el volumen de daños en el viñedo riojano afectado por las lluvias intensas supone en torno el 50 por ciento.


