Enero termina en Logroño con una fotografía incómoda para su tejido comercial: una cadena de cierres —algunos consumados y otros ya anunciados— que ha golpeado tanto al comercio de proximidad como a marcas de gran capacidad de atracción. El símbolo más visible ha estado en la calle San Antón, que ha perdido en pocas semanas tres enseñas vinculadas a Zara: Massimo Dutti, Oysho y Bershka. El cierre de Oysho y Bershka se ha hecho efectivo este mes, una vez superada la Navidad y las rebajas, en lo que se entiende como un repliegue en Logroño de la principal firma textil del país que ha alimentado la incertidumbre laboral y ha reabierto el debate sobre el declive del eje comercial más emblemático del centro.

Oysho, cerrada en la calle San Antón.
Ese repliegue ha tenido además un efecto colateral: el vacío comercial se ha notado aún más en una vía que arrastra desde hace tiempo la sensación de obra pendiente. La reurbanización integral de San Antón ha quedado aplazada, al menos, hasta «la próxima legislatura», en palabras del alcalde de la ciudad, Conrado Escobar, tras perderse la financiación europea prevista, un retraso que comerciantes, oposición y ciudadanos han vuelto a poner sobre la mesa en las últimas semanas. En la práctica, la calle cierra enero más vacía y sin un horizonte cercano de transformación urbana y, al mismo tiempo, con menos locomotoras comerciales capaces de sostener el flujo constante de público. Algunos bajos vacíos parece que tendrán reemplazo, como Mango Teen (en el espacio dejado por Massino Dutti), pero nada se sabe de cuándo comenzará este desembarco.
Más allá de San Antón, enero también ha dejado cierres con impacto directo en el día a día de los barrios. El caso más abrupto ha sido el del supermercado Lupa de la calle Vara de Rey, que ha bajado la persiana de forma inmediata tras comunicarse la decisión a su plantilla, con traslados parciales y despidos. La empresa ha alegado falta de rentabilidad del establecimiento.

Juguetecas ha cerrado en el Centro Comercial Parque Rioja.
En el comercio especializado, el golpe ha llegado desde el ámbito del ocio familiar. Juguetecas ha anunciado su cierre en el Centro Comercial Parque Rioja tras apuntar a la falta de viabilidad y al deterioro del entorno comercial, un mensaje que ha conectado con una queja recurrente: cuando el tráfico de clientes baja, el margen para resistir se estrecha, sobre todo en negocios con gran superficie y costes fijos altos.
Enero también ha confirmado que la ciudad sigue perdiendo comercio cultural y de nicho. La Librería Bécquer ha comunicado que cerrará el próximo 6 de marzo, por jubilación, un desenlace que ha vuelto a poner nombre a una de las grandes debilidades del pequeño comercio: el relevo generacional. En la misma línea de fragilidad, Re-Loop ha anticipado que se despedirá en marzo, una salida que deja tocada la oferta vinculada a la cultura musical en pleno centro.
El enero negro se ha completado con dos cierres que han dolido especialmente por su componente emocional y de barrio. La panadería La Espiga de Oro ha cesado su actividad tras tres décadas vinculada a una clientela diaria, sin relevo claro, en un nuevo adiós por jubilación sin relevo generacional. Y en la moda infantil, Nanos se ha despedido tras casi tres décadas, mientras Mi Solete Moda Infantil ha anunciado el cierre casi a continuación, dejando en pocos días dos huecos en el mismo entorno comercial, en la calle Pilar Salarrullana, perpendicular a la popular San Antón, que sigue en pausa.

Re-Loop también ha decidido cerrar la verja.
Con todo, enero no ha sido solo un mes de persianas bajadas. También ha confirmado una tendencia que lleva tiempo asomando: el fortalecimiento del extrarradio comercial frente al centro tradicional. El Centro Comercial Berceo seguirá ganando atractivo con la reapertura de Sfera en el espacio que ocupaba El Corte Inglés, tras una remodelación y con un concepto que concentra en un único punto moda femenina, masculina e infantil. A ese impulso se sumará el anuncio de que Starbucks abrirá su primer local en La Rioja esta primavera, también en el Berceo, reforzando el papel del centro comercial como polo de ocio y consumo.
La hostelería mantiene el pulso ‘intramuros’
En paralelo, la hostelería ha aportado algunas de las pocas noticias con efecto inmediato en el Casco Antiguo de Logroño, es decir, dentro de las viejas murallas de la ciudad. La Chispa Adecuada ha estrenado etapa en la calle Portales este jueves, 29 de enero, tras su cierre en septiembre en Saturnino Ulargui, y la chocolatería San Ginés ha abierto en Avenida de Navarra, ampliando la oferta de un sector que sigue mostrando más capacidad de renovación que el comercio minorista tradicional.

La principal zona comercial de Logroño, la calle San Antón.
El balance de enero deja así dos lecturas que conviven y chocan. Por un lado, la pérdida de tiendas (grandes y pequeñas) en calles históricas para la que se consideró a principio de siglo XXI como la principal ciudad comercial de España —con San Antón como termómetro más visible— y la dificultad del comercio especializado para sostenerse ante la competencia de las compras por Internet, la subida de los alquileres, y una movilidad ciudadana que no facilita el paseo y el ocio.
Por otro, el crecimiento de los grandes espacios del extrarradio y la apertura de marcas con mucha potencia (Sfera o Starbucks) atraen al público, decidido a pasar toda una tarde por un centro comercial… cada vez más lejos del centro. Entre ambas fuerzas, Logroño cierra el mes con una pregunta de fondo: si el corazón comercial de la ciudad puede esperar a su reforma y a una nueva etapa sin seguir perdiendo músculo por el camino, porque una ciudad sin escaparates encendidos es una ciudad sin duda mucho más triste.


