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Gol en Las Gaunas: ‘El síndrome de los supervivientes’

FOTO: Fernando Díaz

Sabido es que lo cortés no quita lo valiente. Menos en el famoso entorno de la UD Logroñés. Ahí lo valiente quita lo cortés o como haya que modificar el refrán para indicar lo contrario. El permanente estado de insatisfacción de la hinchada blanquirroja es entendible. Tengo muchos conocidos del fútbol con los que te cruzas por la calle y debes cumplir con los acuerdos sociales establecidos por la buena educación: «¿Qué tal estás?» «¿Qué tal la familia?» «El curro, ¿todo bien?»… Hasta que se llega a la hora de la despedida: «Del fútbol mejor ni hablamos. Un gusto verte, que tengas un buen día». Cortés, sí, pero no tan valientes.

«De fútbol, mejor ni hablamos». Es el síndrome de los supervivientes. Porque una cosa es no hablar de fútbol y otra bien distinta es dejar de ir al fútbol. La fidelidad no se negocia, y más tras tanto tiempo. La decisión deportiva más importante para una nueva generación de seguidores al fútbol local se tomó hace muchos años. Y es irreversible.

Muchos de estos conocidos y amigos siguen cumpliendo con la liturgia de los domingos. Pasar frío en la grada de Las Gaunas, a pesar de que nadie quiere hablar de fútbol. El sufrido seguidor blanquirrojo se ha acostumbrado a acudir a su estadio a ver qué pasa, a aplaudir si se da el caso (como este pasado domingo), o a pitar si se tuerce mucho el asunto, y tras ello, volverse a casa con el resultado cosechado hasta la semana siguiente.

El «de fútbol mejor ni hablamos» es el mejor resumen de esta fase histórica por la que está atravesando la UD Logroñés. Y pasa factura. Sin ir más lejos este pasado domingo. Entiendo la frustración. Casi cinco años de malos resultados no dejan a nadie indiferente. Pero este pasado domingo escuché en Las Gaunas el ruido de la trituradora haciendo añicos cualquier legajo que apunte hacia el optimismo. Ganando al descanso, con el Promesas superando al líder de Tercera Federación (el Varea) y el Juvenil A compitiendo de tú a tú contra el FC Barcelona en la primera vez que el fútbol riojano tiene un representante en la Copa del Rey Juvenil, una frase me llevó a a esta reflexión.

Opiniones motivadas por la frustración continuada. No solo por un par de malos resultados. «A mí la cantera me da igual». «Mira dónde estamos». «Que metan más dinero en el primer equipo». «Esto es insufrible». El debate está abierto. Porque unos cuantos que estaban a su alrededor pensaban exactamente lo contrario: que los malos resultados del primer equipo no pueden impedir reconocer el buen trabajo de cantera que se está haciendo.

«¿Ahora qué somos: un club de cantera como el Antiguoko?». Hay mucha carga semántica en esta pregunta. Pero conviene aclarar en este punto que el problema del primer equipo durante estos últimos cuatro años no está en la cantera, ni tan siquiera en la posibilidad de que parte del presupuesto esté destinado a la cantera en lugar de centrarlo todo en los ‘mayores’. Esto no es así. Ojalá fuera tan sencillo como esto.

FOTO: Fernando Díaz

El proceso de profesionalización en la UD Logroñés comenzó hace ya unos cuántos años, y coincidió con aquel ascenso a Segunda. El club se vio entre la élite fuera de sitio, a años luz de aquellos grandes clubes, y desde entonces -al calor de una instalación de vanguardia como la Ciudad Deportiva de Valdegastea- busca ir atajando la distancia con el fútbol profesional. La única diferencia es que en la cantera el trabajo le está luciendo, no así con el primer equipo, que no logra salir del pozo de la cuarta categoría del fútbol español.

Poner en duda el trabajo que se está haciendo desde la base por los insuficientes resultados del primer equipo es como tirarse piedras contra un tejado que está en constante construcción, y más cuando por fin, desde la base hasta el primer equipo se está trabajando en común acuerdo y perfecta sintonía.

El presente es y será siempre el primer equipo. Es por el que la gente sigue yendo a Las Gaunas, el que hace carnets de socios, el que moviliza a la gran mayoría… es quien valida cada domingo el sentimiento de pertenencia a una idea común: alcanzar algún día, como ya se hizo hace cinco años, el fútbol profesional. Algún día se acertará. Es cierto que no ayudan frases dichas por Félix Revuelta en cursos pasados cuando afirma aquello de sentirse más feliz en la Ciudad Deportiva que en Las Gaunas.

La entidad trabaja en un futuro con un proyecto de cantera de referencia que no lastra al primer equipo, tan solo lo enriquece con los Daza, Miki Codina, Sergi López, Pol Arnau, Riki, Manex Rezola… Eder Larrea, Latiff y compañía; o los que están por llegar al primer equipo como Tejada, Caye, David González, Olsson, Berako o Raúl Bello.

FOTO: Fernando Díaz

La UD Logroñés es una entidad deportiva que es un poco mejor desde que asienta su futuro en un pilar básico en cualquier club relevante como es su cantera. Ya compite, en categorías inferiores, de tú a tú, contra Athletic, Real Sociedad, Alavés, Osasuna, Eibar, e incluso FC Barcelona, juveniles todos ellos, que más pronto que tarde darán el salto al fútbol profesional.

Se van a cumplir cuatro años desde la puesta en marcha de la Ciudad Deportiva de Valdegastea, y empiezan a recogerse los primeros frutos a la espera de que esta intensidad se vea también reflejada en el primer equipo aunque solo sea por la acumulación de talento, ganas e ilusión. Mientras tanto, la instalación sigue abierta a los socios. Una visita incrementa notablemente el sentimiento de pertenencia como sucede en Lezama, Zubieta, Tajonar o Ibaia. Pero para observarlo primero hay que visitarla y conocerla. Por supuesto, hay que ir siempre a Las Gaunas, y conviene acudir de vez en cuando a Valdegastea, para medir la dimensión de este proyecto deportivo.

Nadie hasta ahora en el fútbol riojano, ni tan siquiera el Club Deportivo Logroñés, ha tenido unos mimbres como con los que está tratando de hacer su cesto la UD Logroñés. La entidad ya estuvo una vez en el fútbol profesional. Y no superó la prueba. Quizás la próxima vez tenga alguna opción más de permanencia en la élite, precisamente por este trabajo de base, que trabaja en una instalación que ya quisieran muchos clubes de la Liga de Fútbol Profesional.

De momento, su cantera cada día se parece más a la del Real Zaragoza, el Eibar, el Sporting de Gijón, o el Valladolid. Y debería ser un motivo de orgullo y cierta satisfacción, o al menos no ser un argumento para arrojarle al club en medio de los malos resultados del primer equipo, que busca el impulso definitivo hacia la Primera Federación, y que así todo comience a tener el sentido en el área deportiva. Quizás la cantera no dé para entablar una conversación sobre tu equipo, pero tampoco puede ser usado como un elemento arrojadizo. Convendría, como no se hizo con el Logroñés, cuidar lo propio o se perderá una oportunidad histórica.

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