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Gol en Las Gaunas: ‘Desde el ángulo contrario’

Canal+ actualizó para modernizar las retransmisiones deportivas a finales del siglo XX. Durante unas temporadas pudimos escuchar claramente a los jugadores, que han aprendido, por culpa de la tele, a taparse la boca para hablar durante los partidos. La calidad de aquel sonido cambió para siempre la percepción que se tenía desde el salón de casa de un partido de fútbol. Pero una de las cosas que más sorprendió en la década de los noventa, más allá de la cámara superlenta que jugó a ser Dios -y ganó-, fue aquello del ángulo contrario.

Era una repetición de una jugada en concreto -ya fuera un gol, un error, o una acción polémica- desde el ángulo contrario al plano habitual. No se inventó la rueda pero se anunciaba semejante recurso con un pequeño mensaje en el vértice izquierdo superior de la tele, para ubicarnos, por si perdíamos la perspectiva: hay que educar audiovisualmente al telespectador. Así era cómo durante el siglo pasado se presumía de tener más cámaras en el estadio y por tanto capacidad para enriquecer la retransmisión, y así pensar que el abono al Plus merecía la pena.

Comprobamos entonces que una jugada podía cambiar la percepción de la misma y por tanto la decisión dependiendo del tiro de la cámara. Inmediatamente entendimos que tener un buen punto de vista es determinante a la hora de tomar una decisión. Por eso, lo del ángulo contrario cambió un fútbol que ahora se ve en 360º.

Y ahora se ve tanto, todo, con tanto detalle, todo, y detenimiento, demasiado, que no sabemos qué mirada elegir. Así es como el ruido se va apoderando de todos y cada uno de nuestros espacios. Resulta más necesario que nunca escuchar con atención a los protagonistas y tener memoria para establecer comparaciones que permitan analizar lo más adecuadamente posible la realidad. Aunque, por desgracia, los protagonistas son los que más ruido generan para defender precisamente sus decisiones -buenas o malas-. Se conocen el truco.

No está el mundo para pasar de puntillas. Hay que aprender a mirar la vida desde lo más simple para ir profundizando hacia las cuestiones más relevantes. Sirva de ejemplo lo que está pasando en la UD Logroñés. Un problema muy menor con la que está cayendo por ahí afuera. Esto es tan solo que un equipo que lo había ganado todo en diciembre, lo viene perdiendo todo en enero y los aficionados empiezan a ver que, como el curso pasado, y el anterior, y el anterior…, los objetivos se van por el sumidero de la frustración en el inicio de la segunda vuelta. Largos inviernos vive la entidad deportiva más popular de La Rioja en este último lustro.

Ahora le toca digerir a Quique García y a Unai Mendia su segunda crisis de malos resultados. La anterior la resolvieron tras dos derrotas seguidas con la goleada ante un Gernika que visitaba Las Gaunas en puestos de playoff. Ahora, deberá hacerlo este domingo en Las Gaunas ante el Amorebieta, que pese a su última derrota en liga viene creciendo para buscar los objetivos altos de todo recién descendido. Y las derrotas, siempre, siempre, siempre, generan cicatrices. Y más cuando el nuevo director deportivo advierte -y lo verbaliza en una entrevista en TVR- lo esencial del problema: «Es como si hubiéramos retrocedido a lo que nos pasó hace un mes y medio». En quince días el equipo parece haber olvidado lo aprendido tras el empate ante el Basconia o la derrota ante el Eibar B en casa.

FOTO: Fernando Díaz

Es decir, Quique García se ha dado cuenta de que el equipo ha involucionado para repetir los errores que tiraron al traste el mes de noviembre y que pusieron a Mendia en un serio problema. Volvemos a esta situación. A tener que plantearse la siguiente pregunta: ¿qué sucedería el domingo si la UD Logroñés pierde su tercer partido de forma consecutiva y firma la octava derrota del curso teniendo en cuenta que este equipo de momento ha ganado nueve partidos? ¿Dónde está el punto de ruptura de Quique García y Unai Mendia? Es más, ¿dónde está fijado el punto de exigencia de la entidad riojana?

Es aquí cuando surge el ángulo contrario. Todo al calor de una pregunta determinante: ¿quién fija en la UD Logroñés el nivel de exigencia? Dos ejemplos. Acertada o equivocadamente, Florentino Pérez ha despedido a Xabi Alonso no solo por perder una final de un torneo como la Supercopa de España. Lo ha hecho, parece, por mostrarse como un equipo menor en el planteamiento del técnico ante su gran rival de siempre. Es un límite. Otro ejemplo: el Mirandés quiere aferrarse a la Segunda División, por mucho que podamos pensar que lo suyo es casi un milagro. Acaba de despedir al segundo técnico. Se agarra a lo que haga falta para quedarse en la élite. Es su límite.

¿Qué haría la UD Logroñés en estos dos casos? En Segunda ya demostró lo que estaba dispuesto a hacer y no hacer para mantenerse en el fútbol profesional. Más reciente, otro ejemplo blanquirrojo: el año pasado Carlos Lasheras decidió una cosa, este año Quique García, la contraria. Es decir, el año pasado, el director deportivo decidió proteger al máximo a unos jugadores que según decía no estaban preparados para soportar la presión que había en Las Gaunas por culpa de una afición enfadada. El famoso entorno. Esta temporada, por lo dicho por Quique García, se analiza la situación desde el ángulo contrario: el de Huesca ha puesto el foco sobre sí mismo, sobre el entrenador y también -y ésa es una gran novedad- sobre «algunos» jugadores. Que cada uno aguante su vela ahora, y más después de lo dicho este pasado verano: «Todos sabemos a qué venimos y todos estamos preparados para jugar en este club».

Ahora bien, ¿y el club? ¿Qué papel debe jugar el club en este tipo de crisis habituales cuando se producen los malos resultados? ¿Debería haber un libro de estilo por encima de uno u otro director deportivo o entrenador que fijara cómo se debe actuar en estas situaciones más habituales de lo deseado? Es más, vayamos a lo esencial: ¿dónde está el listón de la exigencia que marca el club? Dicen que la máxima, pero, ¿la fomenta, la cuida, la protege y sobre todo la cultiva?

El verano pasado, el club sacó una conclusión real tras una temporada horrible: «Aquí lo tienen todo, cuentan con todo, se encuentran muy cómodos y parece que se les olvida que esto es Segunda Federación. Se sienten futbolistas pero luego hay que ir a competir a campos muy incómodos». Este responsable se refería a los futbolistas del curso pasado. ¿Se ha aprendido algo para mantener el nivel de exigencia y no ver bajones como los sufridos contra el Alfaro o el Utebo que ponen en peligro un nuevo proyecto deportivo? Seguro que su intención es hacerlo. Pero el caso es que parece que hay de nuevo jugadores acomodados -o eso dice el nuevo director deportivo-, por tanto futbolistas con los que parece no contarse, pero a los que tampoco se les resuelve la situación contractual.

Como sabemos desde el siglo pasado, el ángulo contrario enriquece la visión, pero al final, en el fútbol -como en la vida- son los hechos los que realmente solucionan los problemas, y no una buena repetición a cámara lenta desde otro punto de vista. Y si hay jugadores acomodados, el club debería tener la capacidad -si realmente es el primer o segundo presupuesto del Grupo 2- de resolver esta situación, porque al final acabará pasando lo de siempre, que la cuerda se romperá por el lado más débil. El ángulo contrario exigiría poner pie en pared, por ejemplo, a los jugadores del Real Madrid que ha pasado por encima de Alonso, o ver mejor qué ha podido pasar en Miranda para pasar de un cercano ascenso a Primera la primavera pasada a estar ahora, en invierno, en última posición en Segunda, con tercer entrenador en el banquillo.

Pero hay una cosa que jamás se puede olvidar, el fútbol es de los futbolistas, y de ellos -de cómo quieran digerir el mensaje que envía Quique García- depende todo. Aunque este club ya sabe qué sucede cuando los jugadores se acostumbran a la mediocridad.

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