Cultura y Sociedad

Donde Cameros se convierte en fantasía, y Logroño en una maqueta

El Palacio de los Deportes de La Rioja acoge durante este fin de semana, último del año, el ‘game-fest’ Play Logroño, una iniciativa donde los videojuegos son unos de los principales protagonistas, pero no los únicos. Y, entre todos, hay uno que destaca. ‘Erveca’ es un videojuego de rol que aún está en proceso de desarrollo. Lo que lo hace único es que está ambientado en Cameros.

‘Erveca’ es una idea que vive en la mente de Samuel Noval desde bien pequeño: «Desde la primera vez que jugué cuando tenía nueve años y consiste en traer al mundo del videojuego todo lo que es el folclore y la geografía de Cameros, para que la gente pueda tener la misma experiencia que tuve yo cuando viajaba por los bosques e iba descubriendo nuevas zonas».

«Nací en Cameros y amo mi tierra. Además, me parece el sitio ideal para hacer un juego de fantasía porque en cualquier rincón puedes encontrarte formaciones de roca como menhires o ruinas de pueblos abandonados, lo que favorece mucho la construcción de una historia fantástica», explica el creador.

El mundo del juego es «calcado» a la cartografía riojana. Y de eso Samuel sabe bastante, porque estudió Geología, aunque la vida le ha llevado a terminar programando este videojuego. Fue gracias a una amiga, Adriana, quien le ayudó en sus inicios en este mundillo y le dio las herramientas poder cumplir uno de sus sueños de niño: hacer un videojuego.

La estética de ‘Erveca’ se puede comparar a un juego llamado ‘Tunic’, aunque como explica Samuel, sus dos principales referencias son la saga ‘The Legend of Zelda’ y ‘Undertale’. «La narrativa es como la de los libros de elige tu propia aventura: tú vas tomando decisiones y eso va cambiando la aventura. Es un juego que te puedes pasar entero sin hacer un solo combate, solamente con diálogos e investigando», apunta Samuel.

Este es un proyecto con alma riojana, tanta, que hasta la gente de Cameros (de momento solo Pradillo y Villanueva) pueden enviar sus almazuelas y el equipo las digitalizará. O también pueden diseñar un personaje y aportar algo de historia: «Queremos que el producto no sea algo de Samuel e Isa, que es mi pareja, si no que sea un producto de Cameros».

Más allá de las pantallas

«Lo de los Legos es culpa de la abuela», bromea David Escalona. Y es que su pasión comenzó de muy pequeño, cuando con cuatro añitos su abuela les regaló a él y a su hermano su primer set de Legos. «Nos gustó tanto que desde entonces empezamos a pedir Legos a los Reyes todos los años, también nuestros cumpleaños y a medida que vas creciendo vas llenando tu casa de piezas y de colecciones y ahora te puedes encontrar con reliquias», cuenta.

Estos dos hermanos logroñeses han decidido honrar a su tierra de una forma muy especial: construyendo maquetas de algunos de los monumentos más emblemáticos de Logroño, como La Redonda, El Revellín, la estatua de Espartero y el arco de San Bernabé. «Decidimos traer a la vida estos monumentos riojanos porque es una forma diferente de ver Logroño, muestras cultura a través de piezas de Lego y a la gente le está encantando».

Esta es una afición para la que se requiere mucho ingenio. Pero mucho. «La cola del caballo del Espartero son dos mochos de fregona», señala David. «La gente piensa que tenemos todas las piezas en casa, pero eso es imposible. Lo que hay es un programa de ordenador en el que tú con las piezas que existen vas montándolas y creando tus propios monumentos hasta conseguir la forma que tú quieres», añade. Pero ahí no termina todo: «Después, hay un proceso de optimizar el número de piezas, para que el precio más o menos se ajuste a lo que tú puedes permitirte. Cuando lo tienes, pides todas las piezas que necesitas y ya en casa lo vas montando y te quedan obras como estas».

Pero esto no es lo único que han traído al Palacio de los Deportes. A pocos metros, hay una pequeña muestra de su gran colección de Cazafantasmas, otra de sus grandes pasiones. «Hacemos un poquito de todo. Nos gusta mucho el tema del cosplay, Lego, pero también la cultura pop de los 80 y los 90. Entonces repartimos el tiempo como podemos en todo esto», cuenta David.

Eso sí, no es una afición barata. «Es muy cara, pero merece mucho la pena porque es muy satisfactorio. Además luce muchísimo y queda precioso», resume David.

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