La Rioja

La empatía que alimenta el mundo: «A mi esto me da vida»

La empatía de la Cocina Económica que alimenta el mundo: «A mi esto me da vida»

Carmen Collado lleva siendo voluntaria «toda la vida» en la Cocina Económica. «Yo gano más viniendo que quedándome en casa. Me gusta esto, me hace muy feliz», relata. Carmen suele venir los jueves y los viernes, pero añade: «Siempre que me necesitan, estoy aquí».

A pesar de llevar dos décadas siendo voluntaria, este año va a ser el primero que venga a celebrar Nochebuena y Navidad porque le hace «mucha ilusión estar con estas personas. Luego ya me iré yo a cenar a mi casa». A Carmen siempre le había hecho ilusión el hecho de poder celebrar la Navidad en la Cocina Económica, por eso este año que no le toca a ella cocinar, va a aprovechar. «Voy a mesa puesta, que eso también está bien, ¿no?», bromea.

«Más que hacerme feliz, me da vida. Es que vengo aquí alegre, contenta. Tanto los de las junta, como los cocineros, como las demás voluntarias son gente que te hace sentir bien», asegura Carmen. «Yo vengo aquí a todo: si tengo que ayudar a los cocineros, les ayudo. Si tengo que estar en la cocina secando cubiertos, los seco. Yo no tengo filtro», añade.

Esta voluntaria anima a todas las personas que dudan de si empezar o no en el mundo del voluntariado a que den el paso: «Hay muchas maneras de hacer algo. Todo el mundo podemos echar una mano». Eso sí, hace hincapié en una cosa muy importante: «Hace falta gente, pero gente comprometida y responsable».

Opinión que comparte Javier Porres, director de la Cocina Económica: «El voluntariado es un compromiso. Es decir, si tú te comprometes a estar un día a una hora, ese día a esa hora tienes que estar. Imagina ahora si no hubiesen venido voluntarios: no podríamos tener la comida». Javier empezó en el mundo del voluntariado con apenas 18 años y desde entonces ha estado ligado a él: «Tenemos una alegría especial porque es verdad eso que dicen de que nos llevamos más de lo que damos».

En torno a 100 personas acuden a diario a comer o cenar al comedor de la Cocina Económica: «Tenemos unos clientes muy exigentes. En cuanto algo no está del todo bien, nos lo dicen. Y yo se lo agradezco, porque así podemos aprender y mejorar. Aunque es verdad que el 99 por ciento de los días salen diciendo que les demos la enhorabuena a los cocineros, que son muy buenos porque lo hacen todo con mucho amor».

Pero este comedor tiene una peculiaridad y es que aquí la comida pasa a un segundo plano muchas veces: «Tenemos que saber escuchar, porque no es solo darles de comer, aquí alimentamos vidas. Hay quienes cuando ven a un voluntario, como Carmen, acaban hablando con ella y contándole qué les pasa. Pues como en cualquier familia, porque eso es lo que somos. Una familia supernumerosa».

En Navidad, el ritmo no para. Al contrario, aumenta: «Estamos preparando el Día de Reyes para que 62 niños vayan a recibir los regalos que han elegido, también las más de 100 personas que acuden al comedor van a recibir su regalo de Reyes. Preparamos el día de Nochevieja con las uvas y en Nochebuena tendrán un menú especial, no solo aquí en el comedor, si no en todos los programas que tenemos».

Porque aunque la cara más conocida de la Cocina Económica sea el comedor social, su labor va mucho más allá. «Tenemos 52 espacios habitacionales y 108 personas viviendo en espacios de la Cocina, además de guardería y otros servicios», explica el director.

El pasado jueves celebraron una cena organizada por las familias de un edificio de alojamientos. «¡Ay lo que disfruté! Estuve muy bien con aquellos chiquillos», explica Sor Ana, voluntaria e Hija de la Caridad, y logroñesa «de toda la vida», señala con orgullo.

Sor Ana va al comedor todos los días. «Cuando no puedo venir es por causa de fuerza mayor», explica. «Yo los quiero mucho, llevo aquí desde 2016. Lo que más me gusta es estar con ellos, sirviéndoles, y compartir con ellos las necesidades», añade.

Javier, Carmen y Sor Ana se quedan en el comedor de la Cocina Económica. Carmen, sirviendo la cena a más de cien personas. Sor Ana en la entrada pidiendo los tickets y Javier controlando que todo funcione a la perfección. Los tres, dispuestos a escuchar y tender una mano a todo aquel que lo necesita. Porque los tres entienden el voluntariado como una responsabilidad y como una forma de estar en el mundo. Una labor imprescindible que a diario sigue alimentando mucho más que estómagos.

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