La Rioja

El sabor de Navarrete se sirve entre murallas en el Hotel Rey Sancho

En el balcón, Carlos Eguiluz, constructor y gerente del Hotel-Restaurante Rey Sancho.

Ya lo dice el refrán: «Allá donde fueres, haz lo que vieres». Y eso es lo que hacen muchos de los visitantes y peregrinos que se adentran en una ciudad milenaria como Navarrete. Tras entrar por el monte Cantabria, los peregrinos cruzan la ciudad de los cuatro puentes y avanzan hacia un lugar donde el vino, la gastronomía y la historia se palpan en cada rincón. El descanso es necesario y los buenos alimentos, también. Ahí es donde el refrán se pone en práctica.

A lomos de una muralla medieval que data de 1380 descansa un lugar para parar, respirar historia y empaparse, de buena mano, de la tradición gastronómica y enológica del entorno. En pleno Casco Histórico y protegido por Patrimonio Nacional se sitúa el Hotel-Restaurante Rey Sancho que cuenta con tres estrellas.

Es allí donde Carlos Eguiluz atiende a turistas, peregrinos y vecinos con la mayor de las gentilezas. Con cariño y sosiego acoge a todas las personas que quieren disfrutar de una experiencia que supone «estar como en casa». Cocina a fuego lento, vinos seleccionados y un descanso mirando al horizonte riojano son las señas de identidad de este complejo.

Desde hace poco más de veinte años, Carlos regenta este hotel que levantó con sus propias manos. Antes se dedicaba a la construcción y, «por amor a su tierra y a su hija», reconstruyó este antiguo edificio que sirvió en siglos pasados como refugio de los carruajes que llegaban al ayuntamiento y a la Iglesia de Santa María de la Asunción.

«Decidí meterme en esta obra porque quería que mi hija participara en este proyecto. Además, quería dar un servicio de calidad a todos los que se acercaran», argumenta. Y el objetivo lo ha cumplido. En la actualidad cuenta con un hotel de doce habitaciones, combinadas entre individuales, dobles y cuádruples. Unas estancias que, desde sus ventanas traseras, transportan a las callejuelas del municipio, donde el visitante puede sentirse en una época completamente medieval.

Por las ventanas principales, la historia cambia. De frente, grandes praderas de viñedos y las imponentes cumbres de la Sierra de la Demanda. Vistas que se pueden disfrutar desde el primer momento en el que se entra a vivir una experiencia cien por cien riojana. Las panorámicas de viñedos solo delatan una pequeña parte de todo lo que el Hotel-Restaurante Rey Sancho ofrece a sus visitantes.

En su restaurante, decenas de caldos de Rioja esperan a todos los que se atrevan a disfrutar de una experiencia inolvidable. Eso sí, hay una condición. «Al principio, cuando abrimos, la gente nos pedía muchos vinos distintos de la denominación. Por eso pusimos una condición. En nuestro restaurante solo se sirven vinos de Navarrete. Unos vinos excelentes que la gente tiene que conocer porque es la tierra que está pisando», relata.

Vinoteca del restaurante

Vinoteca del restaurante

La experiencia de probar un buen vino se multiplica cuando el entorno es apropiado y, en este caso, el lugar es perfecto. Fruto de la historia del edificio, el hotel aún conserva el calado que comunicaba con la iglesia del municipio. «Es un lugar perfecto y muy fresco. Ese olor a calado cuando entras te transporta directamente a los sabores de un buen vino. Muchas personas vienen y se toman un vinito con una tabla de embutidos en este lugar perfecto para esta temporada», confiesa con cuidado, por tratarse de uno de los espacios más especiales que conserva.

Pero la humedad y los arcos de este lugar relatan mucha historia, y Carlos se la sabe al dedillo. «Antiguamente, cuando venían los obispos y personalidades relevantes, dejaban los carruajes en las cocheras y bajaban por este lugar hasta la iglesia. Al acabar la homilía venían por este mismo calado y se ponían finos de comer y de beber», señala.

Calado

Calado

Y es que lo que está bien no hay por qué cambiarlo. El vino se mantiene, y la comida también. Uno de los ‘platos fuertes’, nunca mejor dicho, del hotel es el restaurante que se halla en la parte baja del mismo. «Es el único restaurante reconocido con dos tenedores en todo Navarrete», apunta.

‘El menú Peregrino’ es uno de los más reconocidos por sus platos típicos, jugosos, hechos como en casa y «nutricionalmente adecuados para un peregrino». Sopas de ajo, patatas a la riojana, caparrones con sacramentos, merluza en salsa verde, costillas al horno con patatas panaderas o carrilleras al vino tinto son algunos de los manjares que se pueden probar en este lugar, donde la tradición, el respeto al producto y la identidad son la regla.

Restaurante del Hotel Rey Sancho

«Muchas de las personas que vienen se quedan impresionadas por la gran calidad de nuestros platos. Quien viene, repite», explica Carlos sobre el porqué de esos dos tenedores de reconocimiento al establecimiento. Por si fuera poco, el local tiene una seña de identidad: el barro. «Estamos en la tierra del barro y es por ello que los vinos y los platos se sirven en jarras y cuencos de barro, para darles unas propiedades que ningún otro material les da», señala Carlos.

Además del menú que aconsejan desde el establecimiento, el Hotel Rey Sancho cuenta con una gama variada de platos para picar, compartir, disfrutar solo o entre amigos. Porque la filosofía de este local va de eso: de disfrutar con los que más quieres en torno a un buen plato, un suculento vino y sentir la tierra por la que estás caminando. Toda una experiencia que, sin lugar a dudas, se queda en el paladar y en el olfato para volver a repetir.

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