Donde hubo una plancha que los riojanos no llegaron a comprender del todo bien, ahora hay seis freidoras profesionales que trabajan a diario, a la vista de todos. Donde hubo brochetas y morunos, ahora se presentan patatas bravas hechas al momento y salseadas al gusto del consumidor. Y como no podía ser de otra manera, los logroñeses están bendiciendo con su presencia habitual la llegada a la capital del Rey de las Bravas.
Y esto va por gustos, claro. Es decir, nos salen los dientes con las bravas del Jubera. Nadie pone en duda esa ración. Es cultural. Casi está marcada genéticamente en el ADN de los riojanos. Son insuperables. Pero quizás por eso, hay otras raciones de bravas que también merecen la pena y cuentan con la confianza de los riojanos. Como las de La Taberna del Laurel, quizás menos fritas, con esa textura de la fritura que cuece, pero con bien de salsa… Muy buenas, sin duda.

Las que no pican.
Ahora llega a la vecina San Juan las bravas del Rey de las Bravas. No es por desgracia la brava madrileña o catalana, con esa salsa a base de pimentón, un buen caldo e incluso algo de vinagre además de picante. Es brava logroñesa, con salsa de tomate, mayonesa y picante al gusto del cliente. Y para quien necesite comparaciones reconocibles: son más parecidas a las del Jubera que a las de La Taberna del Laurel. Es decir, más fritas. Y tiene una ventaja que sin duda le dan un valor añadido a la experiencia. Se ve a la chef cómo fríe las patatas al momento en alguna de las seis freidoras. Brindamos por ello. Cultura de cocina al momento en nuevas propuestas culinarias en Logroño. Porque la gastronomía ‘callejera’ logroñesa se ha basado más en lo recién hecho de las planchas que en el poder del microondas sin fin que conquista cada vez más locales.
Y los responsables del Rey de las Bravas lo han entendido a la perfección. A veces parece que lo sencillo es lo más complicado de materializar, de ahí que cada vez haya más aperturas que tienen poco recorrido y duran poco. ¿Qué le gusta a la gente? Y las responsables de este espacio las cocinan al momento. Bravas recién preparadas. Unas buenas bravas a la logroñesa recién hechas. Y es normal que la gente esté acudiendo a conocer este nuevo espacio en la San Juan con la Travesía San Juan, enfrente del Samaray.

Las que sí pican.
¿No hay bravas en la San Juan? Las hay. Como las del Bueno, Bueno. Más crujiente, también muy ricas. Pero este nuevo bar tiene la circunstancia de que es un bar especialidad. Y esto los logroñeses lo entienden rápido y a la perfección. Aquí bravas, allá tortilla y en el otro lado callos. Y este espacio quiere hacerse un hueco en esta ruta mental. Bar especialidad con bravas -la ración sale a cinco euros, la caña a 2,50 euros- y por si alguien no está por labor una propuesta en forma de minihamburguesas que se pueden ver a través del cristal de la barra principal.
Se pueden pedir sosas, es decir, que no piquen, y las tienen, claro, que piquen. Su picante es un poco más subido que las del Jubera, circunstancia que agradecerán los amantes del picante saludable, ese que alegra un instante pero que pronto desaparece de tu vida. En cuanto entiendan que la música debe acompañar a las bravas y no al revés, y que con el frío las puertas mejor cerradas, el Rey de las Bravas parecerá que lleva toda la vida en la San Juan.


