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«Estamos más cerca que nunca»: el Juvenil A de la UD Logroñés quiere medirse con los grandes

En la Ciudad Deportiva de Valdegastea, donde los técnicos entran y salen con informes bajo el brazo, se respira una mezcla de rutina y deseo. Rutina, porque cada tarde se repite el mismo baile: gimnasio, videoanálisis, sesiones por líneas, charlas rápidas en pasillos donde se detectan debilidades y se señalan virtudes. Y deseo, porque el Juvenil A de la UD Logroñés, que milita en División de Honor, puede alcanzar algo que La Rioja jamás ha vivido: jugar la Copa del Rey juvenil.

Un salto reservado históricamente a las grandes canteras del país, que ahora mira -casi con sorpresa- hacia Logroño. En ese contexto aparece Toño Jubera, entrenador del Juvenil A y rostro visible de un proyecto que, sin alardes ni estridencias, ha colocado a la UD Logroñés entre los mejores equipos formativos del norte de España. Lo vive con serenidad, hasta con un poco de pudor, fiel a una idea que repite varias veces durante la conversación: «Es etapa formativa, pero a la vez es competitiva. Hay que aprender a competir». Y ese equilibrio, tan difícil de sostener, explica por qué hoy el equipo suma 22 puntos y encadena una racha -cinco triunfos seguidos- que le está permitiendo asomarse al quicio de la historia.

Jubera habla de la División de Honor, de la que conoce muy bien sus luces y sus sombras. Fue futbolista de élite, juvenil del histórico CD Logroñés y jugador del primer equipo blanquirrojo antes del gran tropezón económico que le llevó a su desaparición. Sabe lo que supone competir contra la Real Sociedad, Athletic, Alavés u Osasuna. Por eso no duda cuando describe la categoría: «Es muy bonita para que el jugador se forme… pero ya es exigente. Todos los partidos hay que competirlos al máximo».

Ese matiz es esencial. Formar no significa renunciar a competir. Y competir no puede convertirse en una excusa para olvidarse de la formación. En esa frontera avanza el Juvenil A, impulsado por un grupo que se ha acostumbrado a jugar con balón, a llevar la iniciativa, a asumir riesgos. «Queremos jugadores completos, que se vean en situaciones límite, que lleven la iniciativa, que tengamos balón», resume el técnico.

Nada de esto es casual. En Valdegastea se trabaja por líneas, mezclando cada semana conceptos que se implantan desde los infantiles, hasta los juveniles pasando por los cadetes: «Para nosotros es importante que los mayores sean ejemplo y que los pequeños se vean ahí… que en algún momento pueden estar con ellos».

Jubera no aterrizó en el Juvenil A como un técnico ya formado. Su trayectoria reproduce, casi de manera simbólica, el camino de la UD Logroñés en su proyecto de cantera: poco a poco, desde abajo, creciendo en cada etapa, aunque todo se ha acelerado desde que se trabaja en permanente contacto y con todos los medios en la nueva Ciudad Deportiva. De pelear por mantener la categoría a buscar estar entre las mejores canteras del norte de España durante las dos últimas temporada. «Para mí también esto es formación. He empezado desde abajo», recuerda.

Su llegada a la UD Logroñés no fue un salto impulsivo. Hubo convencimiento, hubo estructura y hubo manos que ofrecieron un proyecto:
«Eduardo Valdominos nos contactó y nos convenció para venir aquí… es un club referente en La Rioja», indica, recordando que llegó al club blanquirrojo junto a Jesús Dulce.

Con él, el equipo ha pasado de pelear por la permanencia a competir de tú a tú con las mejores canteras del norte. De sufrir en Lezama o Zubieta a mirarlas a la cara. De sobrevivir, a proponer. Y la Ciudad Deportiva aparece en la conversación como si fuera un personaje más. Y de alguna forma lo es. Valdegastea es el suelo común donde se han asentado las ideas metodológicas, la captación, la profesionalización del día a día y la identidad de juego. Jubera lo explica con claridad: «Me he encontrado en la UD Logroñés una instalación que es un lujazo para poder crecer y para que el jugador se sienta cómodo».

Lo que nunca tuvo el Club Deportivo Logroñés

Y cuando se le pregunta por cómo habría cambiado su propia carrera si hubiese tenido algo así de joven, su respuesta es tan honesta como reveladora: «El cambio ha sido bestial… ahora aquí podemos ver el juego que realiza hoy en día en España. Cuando éramos pequeños, estábamos en campos de tierra y muy alejados del juego que se practicaba en otros sitios». La UD Logroñés está actualizada desde abajo.

Ese contraste abre inevitablemente la puerta al pasado. Al Club Deportivo Logroñés. ¿Perdió el paso el Club Deportivo Logroñés por no tener una instalación como esta? «Totalmente», responde. Y añade: «Estoy convencido de que si lo hubiera tenido, habría sido un patrimonio que sostiene incluso cuando las cosas van mal. Ha pasado con Osasuna y Tajonar».

Ese lamento, dicho sin rencor, con cariño y respeto, con el poso de quien lo vivió desde dentro, coloca a Valdegastea en la dimensión que merece. No es un capricho. No es un adorno. Debería ser el punto de inflexión que permita a la UD Logroñés construir una cantera profesional y convertirse en una referencia sin pies de barro.

En los torneos, en las visitas a ciudades deportivas de clubes de Primera y Segunda, el Juvenil A se ha ganado un respeto inesperado. «Cada vez estamos más cerca de todos ellos», resume Jubera. Pero también reivindica el mérito propio: «Ellos son selecciones, jugadores elegidos. Nosotros necesitamos que vengan muchos jugadores de abajo y acertar en la captación».

Ese equilibrio entre cantera riojana y refuerzos captados de otras regiones define el modelo actual: una base potente, bien trabajada, complementada con talento externo atraído por la instalación y la propuesta de club, que presenta todos los medios que desearía cualquier padre para que su hijo se forme mientras juega a fútbol.

Un presente que invita a soñar

El equipo llega a diciembre con 22 puntos, más que nunca a estas alturas. La madurez exhibida frente a estructuras profesionales han colocado a la UD Logroñés en una posición inédita. Faltan tres partidos: Osasuna en Tajonar, Antiguoko en la Ciudad Deportiva -ambos rivales muy directos por el mismo objetivo- y Danok Bat ya en el nuevo año. Jubera no se mueve un milímetro del discurso prudente: «Nuestra intención es seguir partido a partido. Lo que sea pensar más lejos sería equivocarnos».

Pero sabe que están ante algo grande. No lo dice, pero lo transmite. Cuando se le recuerda que la Copa del Rey juvenil nunca ha contado con un representante riojano, sonríe y vuelve a la esencia: «Hay que ver dónde poner el foco esta semana… dónde están las debilidades de Osasuna». Así se construye la cantera: con sueños grandes y tareas pequeñas.

Valdegastea, metodología, captación, entrenadores formados, residencia, gimnasio, profesionales específicos, estructura. Todo suma. Todo empuja. «La UD Logroñés es, a nivel de La Rioja, el equipo más representativo… donde los niños más intención tienen de venir», afirma.

Esa frase, tan simple, sintetiza diez millones de euros de inversión, cientos de horas de entrenamiento y una decisión estratégica que ha cambiado el rumbo del club: apostar por la cantera como pilar maestro sobre el que asentar un futuro prometedor.

El Juvenil A está ante una frontera histórica. Tres partidos. Una ilusión que no pesa, sino que impulsa. Y un entrenador que ha convertido la formación en una forma de competir. Si el equipo cruza esa frontera, será un triunfo colectivo: de jugadores que crecen, de técnicos que acompañan, de un club que ha entendido que el futuro empieza desde abajo. Si no lo cruza, seguirá siendo un hito: la demostración de que La Rioja puede estar ahí, entre los mejores.

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