La Rioja

Covivienda, la respuesta riojana a la soledad no deseada y al mercado inmobiliario

¿Cómo sería vivir en un edificio donde las decisiones se toman entre todas las personas que lo habitan, donde la estabilidad no dependiera de un casero y donde los cuidados se compartieran como antes?

Esta es la pregunta que se hace El Cootarro, una asociación riojana que trabaja para poner en marcha un proyecto de covivienda en cesión de uso en Logroño. Una alternativa al alquiler y la compra que, más allá de resolver el acceso a la vivienda, aspira a reconstruir la vida comunitaria.

«Somos una asociación, todavía no cooperativa, aunque esa es la idea futura», explica Miguel Merín, socio de El Cootarro. «Buscamos convivir. Somos lo que llaman una comunidad intencional». Y ese término precisamente, intencional, es clave: las personas que se juntan lo hacen por elección y con una visión común de cómo quieren vivir.

El modelo que defienden es el de la cooperativa en cesión de uso, un sistema en el que la cooperativa es la propietaria del edificio y las personas socias no compran una vivienda, sino que adquieren un derecho de uso indefinido. Esto implica dos contribuciones: una aportación inicial retornable y una cuota mensual fija.

«Los usuarios no somos propietarios; la propietaria es la cooperativa», explica Merín. «Lo que pagas es un derecho de uso. Y ese derecho de uso equivale más o menos a un alquiler, pero con una ventaja enorme: la estabilidad». Esa estabilidad se traduce en que la cuota no se dispara con los años ni depende de decisiones ajenas. «La cooperativa fija los precios dentro del mercado, pero de forma estable, durante muchísimo tiempo».

En España, este modelo no es nuevo. Más de un centenar de iniciativas funcionan ya en distintas comunidades autónomas, desde proyectos senior consolidados hasta promociones urbanas en marcha.

Además, es una iniciativa heredable, algo que aporta seguridad a quienes piensan en la vivienda a largo plazo. En un contexto de incertidumbre y precios crecientes, la cesión de uso funciona como «un claro en el bosque», una zona protegida dentro de un mercado agitado.

Un proyecto para vivir y para compartir

Pero El Cootarro no nace solo para resolver el acceso a la vivienda. Su planteamiento incluye una dimensión social clara: abrir el edificio al barrio y generar actividad comunitaria.

«De cara al barrio queremos ofrecer espacios abiertos: un centro social, cultural o artístico. No nos juntamos solo porque queremos convivir, sino porque tenemos un proyecto social». Entre las propuestas que barajan están una biblioteca, un taller de bicicletas, un huerto urbano, charlas, formaciones o proyectos culturales, todos ellos orientados a revitalizar el entorno donde se instalen.

Además, el grupo contempla reservar una vivienda para que organizaciones sociales puedan usarla temporalmente con personas refugiadas, mujeres víctimas de violencia o jóvenes en exclusión. El objetivo es claro: que la covivienda tenga impacto más allá de quienes la habitan.

Una de las dudas habituales sobre la covivienda es si implica compartirlo absolutamente todo. Miguel lo desmiente con firmeza: «Covivienda no significa vivir todos en una misma casa. Pretendemos vivir como todo el mundo, pero con espacios comunes». Cada unidad de convivencia tendría su propia vivienda privada, con su cocina, sus habitaciones y su autonomía. A esto se sumarían espacios compartidos como una sala común, una lavandería, un posible espacio de enfermería en el futuro, un horno de pan o zonas de cuidados.

Lo que distingue este modelo de una comunidad de vecinos tradicional es que los espacios compartidos se piensan desde el inicio y el vínculo entre habitantes es intencional, no fruto del azar. «La ventaja es que eliges a tus vecinos, y cuando se llega a mayor o hay niños pequeños, tener esa red de apoyo marca una gran diferencia».

El apoyo mutuo es una de las bases del modelo. Las cooperativas senior destacan especialmente esta dimensión, como por ejemplo la de la soledad no deseada y, a la vez, beneficia al sistema público al disminuir la necesidad de servicios de cuidados externos.

Sostenibilidad y ahorro compartido

Vivir en comunidad permite compartir recursos de forma eficiente: compras colectivas, servicios conjuntos, comunidades energéticas, consumo sostenible. «Cuando te juntas, haces compras conjuntas y eso abarata mucho», explica Merín. «Y como vamos alineados ideológicamente, también consumimos con criterios ecológicos. Eso que suele ser más caro, aquí se hace más accesible».

La sostenibilidad, de hecho, es uno de los pilares del proyecto: construir edificios eficientes, fomentar la soberanía energética, reducir residuos y promover un estilo de vida más consciente.

Aunque todavía no tienen un terreno concreto, El Cootarro ha iniciado conversaciones con administraciones públicas. «Nos interesa especialmente el centro de Logroño», afirma Merín. «El casco antiguo está parcialmente degradado y necesita revitalizarse».

Para ellos, instalarse en el centro no es solo una elección práctica, sino un gesto político: traer nuevos habitantes y proyectos culturales a una zona que ha perdido población y actividad genera arraigo», señala. «La gente que convive adrede tiende a quedarse y a generar vida de barrio».

Aunque todavía no hay un edificio en pie, El Cootarro ya no está en el terreno de las ideas. Están elaborando los estatutos de la futura cooperativa, cuentan con asesoramiento profesional de una entidad especializada de Aragón y tienen un grupo motor estable: trece unidades familiares, más una lista de espera de unas once personas interesadas. «Estamos en la fase previa, pero con pasos jurídicos reales. Y lo esencial es que el grupo se consolide».

¿Para quién es este modelo?

El Cootarro no tiene un perfil cerrado, pero sí una línea roja: no buscan personas que entiendan la vivienda como inversión. «Esto no es un producto inmobiliario», aclara. «Es otra forma de entender la vida». No exigen sociabilidad absoluta, pero recuerdan que quien entre deberá convivir con decisiones democráticas y asumir una participación mínima en la vida comunitaria.

Para Miguel, lo más importante es lo que este modelo transforma en nuestra concepción del hogar. «Este tipo de opciones son buenas para que cambie la concepción de lo que es una vivienda, que vivir no sea simplemente habitar, sino convivir. Lo que antes se hacía de forma natural, ahora tenemos que llamarlo cooperativa».

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