El Rioja

El autorretrato de Pago de Larrea cierra el año en las Catas Underground

Hay vinos que se beben y otros que se escuchan. Que susurran en cada trago algo más que unas notas de cata: cuentan un origen, un camino, una decisión. Así son los vinos de Pago de Larrea, que protagonizarán la próxima parada, la última de 2025, del ciclo Catas Underground que organizan NueveCuatroUno y Calado by Criteria de la mano de Argraf, Cartonajes Santorroman, Cork Supply, Ramondin y Tonelería Magreñán. Este miércoles 3 de diciembre (20:00h.), el Calado se llenará de la voz pausada de Rioja Alavesa, esa que fermenta lejos del ruido, entre la Sierra Cantabria y el río Ebro. [Entradas disponibles en el Club NueveCuatroUno]

En Elciego, la familia Larrea decidió que no bastaba con vender la uva a terceros, que tenían que contar su historia. Así nació Pago de Larrea, y con ella, Caecus: vinos elaborados con alma propia y con la mirada puesta en el viñedo, en la tradición y en un horizonte propio.

Los asistentes a la cata Underground podrán recorrer la gama de vinos de la bodega, empezando por Caecus Verderón, un blanco fermentado en barrica que sorprende y desarma. De los tintos, el poco habitual monovarietal de graciano, y sus dos estandartes: 8 de Caecus, un autorretrato vinícola de los ocho hermanos que comparten la bodega y El Guardián de la Viña, su viñedo singular.

Luis es uno de esos ocho hermanos y el que está al frente de la bodega.

– Pago de Larrea es un proyecto muy ligado al territorio. ¿Qué representa La Romañíguez para vuestra familia?

– La Romañíguez es nuestro origen y nuestro destino. Mi padre decía que una bodega debe ir unida a un viñedo, que es lo que le da identidad, y tenía razón. Nosotros hemos crecido en estas cepas y de ellas dependen nuestros vinos.

– La cata del 3 de diciembre reúne vuestros vinos menos tradicionales. ¿Qué dirías que comparten?

– Todos nacen de la curiosidad. En una familia grande siempre hay ideas que surgen y se complementan. Estos vinos son fruto de esa búsqueda: no rompen con nuestra tradición, pero sí se atreven a explorar caminos nuevos.

– Caecus Verderón es vuestro único blanco. ¿Qué lo convierte en un vino tan personal?

– Nos obliga a estar con él a diario. Es un blanco fermentado en barrica que necesita atención constante. La fermentación se hace en roble americano a baja temperatura, para preservar el carácter frutal de la viura y la malvasía. Todo es muy manual y muy cercano. Cinco meses de battonnage, moviendo las lías cuatro veces por semana. Ahí es donde el vino gana volumen y cremosidad, pero también donde te vinculas con él emocionalmente. A mí me gusta decir que muestra una Rioja blanca sensible, más que potente.

– Caecus Graciano Selección Familiar nació casi como un experimento familiar…

– El Graciano viene de la parcela joven que rodea a la bodega. La primera añada, en 2016, la vendimiamos como antes: toda la familia junta durante el puente del Pilar. Pensábamos usarlo para ensamblar, pero decidimos probar un monovarietal. Salieron 300 botellas.

Cuando lo catamos nos quedamos sin palabras. Era un vino fresco, con gran personalidad. Hoy producimos 1.500 botellas, sigue siendo muy limitado, y es un vino del que la gente habla porque tiene carácter propio, no porque hayamos querido convertirlo en algo grandilocuente.

– Ocho de Caecus, el vino de autor de la casa. ¿Qué lugar ocupa dentro de la bodega?

– Es un homenaje hacerlo y beberlo porque nos representa a los ocho hermanos y a toda la familia. Cada añada tiene su matiz. Hay, literalmente, ocho etiquetas diferentes, tantas como hermanos, que también somos diferentes. Es un vino amable, sabroso, hecho con libertad. Es casi un retrato colectivo, un autorretrato.

– El Guardián de la Viña, el viñedo singular, transmite una carga emocional muy especial. ¿Qué significa para vosotros?

– El Guardián de la Viña es la memoria de nuestro padre hecha vino. La parcela se plantó en 1979, en la falda de Miralobueno. Allí hay ahora un pequeño guardaviñas en su recuerdo que viene representado en la etiqueta. La mineralidad del bajomonte marca mucho el carácter del tempranillo en este vino: tiene precisión, profundidad y una elegancia muy singular. De esa viña salen 1.956 botellas. Sencillamente lo que da la viña. Es un vino exclusivo porque el lugar lo es. Y elaborarlo es una forma de agradecimiento a quien nos enseñó a mirar el viñedo con respeto.

– Después de tantos años de tradición familiar, ¿qué le sigue ilusionando del proyecto?

– Seguir aprendiendo de la misma finca una y otra vez, y de mi hermana María a mi lado. Cada año es distinto y te obliga a escuchar. Y trabajar con mis hermanos y con la memoria de mis padres me coloca en un lugar muy especial. Esta cata será eso: una manera de mostrar que dentro de la tradición todavía hay espacio para emocionarse y para crear.

La cita con los vinos de Pago de Larrea es el miércoles 3 de diciembre a las 20:00 en el Calado Criteria. [Entradas disponibles en el Club NueveCuatroUno]

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