Gastronomía

El arte del pincho y la copa: la esencia de La Rioja más auténtica

FOTO: Riojapress.

Salir de pinchos, en Logroño, no es solo una costumbre: es un ritual que expresa la identidad riojana, una forma de relacionarse y de disfrutar de la vida en torno a la gastronomía. La ciudad late entre dos calles emblemáticas -Laurel y San Juan- que concentran en apenas unos metros la historia, la creatividad y la excelencia de una tierra que ha hecho de su cocina un motivo de orgullo y de promoción cultural.

La Academia Riojana de Gastronomía reivindica desde su origen el valor de esta cultura popular elevada a arte cotidiano. Cada pincho, cada copa, cada barra repleta de conversación encarna lo que la institución define como la excelencia gastronómica riojana: respeto por el producto, profesionalidad en la elaboración y una vocación de calidad que ha convertido a Logroño en un destino de referencia internacional.

Laurel, alma de Logroño

La calle Laurel es, sin duda, la arteria gastronómica más famosa de La Rioja y una de las más reconocidas de España. Sus bares centenarios han sabido conservar el espíritu de los antiguos ‘chiquiteos’ -cuando el vino se servía por metros sobre barras de mármol- y transformarlo en una experiencia moderna, abierta al mundo, sin perder autenticidad.

Hoy, esas mismas barras ofrecen una diversidad impensable hace unas décadas: más de trescientas referencias de vinos de Rioja, servidos con mimo, en copa y a la temperatura ideal. Cada local es una pequeña vinoteca y, en conjunto, Laurel se ha convertido en el mayor expositor de vino de Rioja del mundo. Siempre acompañado de un oportuno pincho individual o ración para compartir. La vida en La Rioja se disfruta de pie.

Desde el Bar Blanco y Negro, el más antiguo de la calle y uno de los premiados por la Academia en este 2025, hasta las propuestas más contemporáneas, La Laurel simboliza el equilibrio entre tradición y renovación. Su valor trasciende lo culinario: es patrimonio social, motor económico y emblema turístico de una ciudad que ha sabido construir prestigio desde su autenticidad.

San Juan, vecindad y sabor

A pocos pasos, la calle San Juan representa la otra cara del tapeo logroñés: más íntima, más local, pero igual de esencial. En ella, vecinos y hosteleros conviven como parte de una misma comunidad que entiende la gastronomía como encuentro y pertenencia.

Aquí, el ‘pincheo’ se vive con el mismo respeto por el producto y el tiempo. Es la calle de los bocaditos recién hechos, los vinos de confianza y el saludo conocido del camarero. San Juan conserva esa naturalidad que hace de Logroño una ciudad abierta pero fiel a sí misma: moderna sin perder su raíz.

El vino y el tiempo: identidad de una tierra

Nada explica mejor la evolución de la gastronomía riojana que su relación con el vino. La Denominación de Origen Calificada Rioja (DOCa Rioja), también galardonada por la Academia este año, ha sabido elevar la calidad de la región entera. Sus bodegas, viticultores y enólogos han hecho de Rioja un referente mundial, y esa excelencia se refleja cada día en las copas que acompañan los pinchos de Laurel y San Juan.

En cada sorbo hay tiempo, historia y oficio. El tiempo que cura un vino, que madura un embutido, que enseña a un hostelero a dominar su plancha. Ese tiempo como garantía de calidad e identidad es el hilo que une a las generaciones que han hecho de La Rioja una tierra de sabores y saber hacer.

FOTO: Academia Riojana de Gastronomía

Como señaló Pedro Barrio, presidente de la Academia Riojana de Gastronomía, durante la gala de los IV Premios de la Academia: «La gastronomía es mucho más que cocinar y comer: es una fuerza transformadora, un motor cultural, social y económico con un gran impacto en la imagen de La Rioja». Esa visión se materializa en calles como Laurel y San Juan, donde cada negocio familiar, cada receta transmitida, cada gesto en la barra, forma parte de una cadena de valor que sostiene la identidad riojana y proyecta su excelencia hacia el exterior.

Los Premios de la Academia Riojana de Gastronomía 2025, así como las iniciativas de difusión vinculadas a ellos, cuentan con el apoyo del Gobierno de La Rioja, el Ayuntamiento de Logroño, la Acción Social de Caja Rural de Navarra y la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR). Su colaboración refuerza el compromiso compartido de promover el talento, la calidad y la identidad gastronómica de nuestra comunidad.

Un brindis por la excelencia riojana

Caminar por La Laurel o la San Juan es recorrer siglos de historia y de buen gusto. Es comprobar que la gastronomía riojana no es solo un conjunto de recetas o productos, sino una manera de entender la vida. En cada pincho, en cada copa de Rioja, late el esfuerzo de quienes han hecho de la excelencia una forma de identidad colectiva.

Logroño sigue siendo, con justicia, la capital del vino y del tapeo, la ciudad que mejor resume el espíritu de La Rioja: hospitalaria, exigente, alegre y orgullosa de su cocina.

Y mientras haya bares donde brindar y charlar, la historia seguirá escribiéndose sobre una barra, con un pincho en la mano y un Rioja en la otra.

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