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Zabala: «Quiero que el frontón de Bilbao vuelva a llenarse de banderas riojanas»

Dieciocho años después de Titín, la pelota riojana vuelve a soñar con una ‘txapela’ en el Cuatro y Medio

FOTO: Fernando Díaz

La mañana es fría en Logroño porque el sol de noviembre ya no vuela tan alto. En el interior del Centro de Tecnificación del Adarraga, Javier Zabala ha cumplido, primero, con los compañeros de la prensa gráfica. Mañana de muchas fotos paro solventar los compromisos mediáticos una vez ha conseguido colarse en la final del Cuatro y Medio. Después, durante toda la mañana, va recibiendo, como las estrellas del celuloide, a un periodista tras otro, de quince minutos en quince minutos: «Nada, al final me estoy acostumbrado también a esto».

Porque al otro lado no está una estrella del cine que mira por encima del hombro o responde como un loro casi por inercia. Recibe el Zabalita de siempre, con la sonrisa en la cara, el gesto amable y el trato cercano. Aunque su mirada denota que algo está cambiando. En unos días, el pelotari riojano jugará la final del Cuatro y Medio en el Bizkaia de Bilbao, el escenario más majestuoso de la jaula. Y con él, toda una comunidad volverá a creer. En la luz de sus ojos hay un espacio para el compromiso y la responsabilidad más haya de la evidente ilusión. Y es que dieciocho años después del único triunfo de Titín III en la jaula, un riojano volverá a pelea por la ‘txapela’ más prestigiosa de la especialidad.

«Veo un entorno con muchas ganas, se viene algo especial y eso hace más fácil el día a día. Mantengo el foco en ese día 16, en llegar en las mejores condiciones posibles y en ello estamos trabajando», dice Zabala, al que todavía le restan unas cuantas entrevistas más. Lo dice sin épica ni impostura, con una serenidad que transmite seguridad. La misma que ha ido construyendo en un torneo donde, paso a paso, ha dejado atrás las dudas del pasado verano.

El eco de Titín

Zabala sabe perfectamente lo que significa esta final para La Rioja. Lo siente en cada mensaje, en cada conversación. «Lo veo así y me meto en ese ambiente cuando veo fotos de Titín: en el frontón de Vitoria a rebosar de banderas riojanas, el abrazo con Joaquín Plaza… Me hace sentirme orgulloso de lo que hizo Titín por La Rioja y del hecho de estar yo ahora ahí. A ver si la txapela se vuelve a casa», confiesa.

FOTO: Fernando Díaz

El pelotari se emociona al recordarlo. En su mirada hay algo de nostalgia y mucho de orgullo. No es solo un deportista a punto de jugar su primera final grande; es el heredero de una pasión que parecía dormida. Aquella que llenaba el Adarraga de ovaciones, aplausos, cánticos y fiesta.

El camino hacia la final de Bilbao ha supuesto una metamorfosis. «He pasado de que todo fuera presión a transformarlo en ganas y optimismo. La gente me hace creérmelo, de verdad, que puedo lograrlo. Tengo muchas ganas de salir a Bilbao y demostrar que sí puedo». Y lo ha hecho a su manera: paso a paso, sin mirar más allá del siguiente partido. Primero, aquel «vida o muerte» ante el riojano Darío en Soria; después la liguilla, en la que dejó fuera a Peña II; y finalmente, la exhibición ante Ezkurdia, donde rozó la perfección (6-22).

Las lágrimas que se le escaparon al final de aquella semifinal explican mejor que cualquier palabra lo que ha vivido. «Por fin me siento pleno al acabar los partidos. He quitado el miedo a ser yo, a jugar sin complejos, de tú a tú a todos los pelotaris». Y detrás de ese desahogo hay un rostro muy concreto: «Pienso sobre todo en mi padre, que es el verdadero artífice de que todo esto funcione. Me puso los tacos por primera vez y poder vivirlo con él lo hace mucho más especial».

Madurez y oficio

Zabala habla con la calma de quien ha aprendido a perder para poder ganar. «Ahora estoy en mi mejor momento, más tranquilo y más confiado en mi juego y mis posibilidades. Antes jugaba más alocado, por sensaciones, y me tomaba las derrotas a pecho. Ahora me lo tomo en un plano más profesional y con esperanzas reales de conseguir la txapela».

Esa madurez le está dando la estabilidad que antes le faltaba. Ni las molestias en las manos ni las rachas de resultados adversos han podido apartarle del camino. «Ha ido todo de menos a más. Cada escalón me ha dado más confianza. Pero si quiero ganar la final habrá que hacer 22 tantos superduros, porque Peio (Etxeberria) los va a vender carísimos».

Habla con respeto de su adversario, Peio Etxeberria, finalista por tercer año consecutivo. «Lo veo muy bien, fantástico de cardio, de velocidad de piernas y muy bien a la hora de restar. Si impone su ritmo, sufriré mucho. Tengo que meter el mío y fijarme solo en lo que puedo hacer para derrotarlo».

Sobre el escenario de la final, el frontón Bizkaia, su análisis es técnico: «Lo veo bastante noble, rápido, con un suelo que me puede venir bien para intentar que la pelota le atropelle, como acerté contra Ezkurdia en el Ogueta». Pero la mirada se le suaviza cuando imagina el ambiente: «Me acuerdo de aquel segundo rebote lleno de banderas riojanas en la final del Parejas que ganaron Titín y Merino. Queremos que sea algo parecido. Vivir eso desde dentro, con tanto paisano en las gradas, va a ser muy especial».

Una afición caliente, ruidosa y necesaria

Zabala lo sabe: no estará solo. Centenares de riojanos preparan el viaje a Bilbao para teñir el Bizkaia con la roblanvera. «Van a darlo todo, lo están dando todo y lo han hecho durante todo el campeonato. Necesitaré su fuerza, su ayuda. Oírlos y verlos en el frontón hace que mi rendimiento mejore, que mis ganas aumenten y que todo sea más fácil».

FOTO: Fernando Díaz

La suya es una afición ruidosa, caliente, gozadora y fiel. Una afición que llevaba años esperando este momento y que vuelve a reconocerse en un jugador que compite con el alma. Zabala -junto con Darío y Salaverri- representa la recuperación del pulso de una tierra pelotazale que nunca ha perdido la pasión, solo necesitaba un motivo nuevo para volver a creer.

Más allá de la final, el pelotari riojano celebra el momento que vive su deporte en la comunidad. «Llegan buenas noticias. Estamos haciendo un buen trabajo: Salaverri, Darío, Carmelo Loza -debutará en profesional en pocos días-… todos aportan. Ojalá todo eso ayude a que vuelva la ilusión. A ver si la gente se anima y vuelve a La Rioja esa afición que había cuando jugaba Titín».

Un pelotari riojano volverá a jugar una final por todo un territorio, por una generación que creció viendo a Titín ponerse ‘txapelas’, por una afición que ha esperado mucho tiempo para volver a sentirse parte de la fiesta.

El 16 de noviembre, Bilbao, como en 2012, puede volver a ser riojano.

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