Gastronomía

El mejor pad thai de Logroño lo prepara un tailandés del parque de La Cometa

La historia de Vira y el pad thai que conquista Logroño

«Yo me he criado en el parque de La Cometa». Y en los ojos de este tailandés se refleja el viaje a su memoria, recordando una infancia feliz por las calles de Logroño. «Mis padres llegaron aquí en el año ochenta como refugiados», explica Virasak Pedbonchan; y ahora, 45 años más tarde, ofrece a los logroñeses el mejor pad thai que se puede degustar. «Mi mujer es tailandesa y cocinera, por eso aquí se come la verdadera cocina thai».

Es esa cocina fresca, sabrosa, de muchos colores, donde el dulce, el salado y hasta el amargo se relacionan íntimamente en un mismo plato, sin olvidar los picantes, que ante el gusto de los occidentales, en este espacio de la calle Club Deportivo miden con precisión y siempre a criterio del cliente. Es decir, si te va el ‘rock & roll’, aquí vas a probar la verdadera temperatura de los picantes asiáticos. Si lo tuyo es la tranquilidad, en Thai Logroño el recetario se relaja hasta el mínimo.

Vira es un logroñés que emprendió un viaje gastronómico a Ibiza. «Estuve trabajando unos cuantos años junto a mi tío, que tiene en la isla una restaurante tailandés». Aprendió, trabajó y observó. Y concluyó la posibilidad real de que un restaurante similar tuviera un espacio en Logroño. Y en 2023 comenzó este proyecto que pone en la mesa una de las gastronomías internacionales más ricas, siempre y cuando -como es el caso- esté bien hecha.

Los entrantes para compartir (al menos dos personas).

Parte del producto fresco y de una carta en la que el novato cliente no se pierde, lo que ayuda a que la experiencia sea más completa. Es un lugar para probar en compañía y luego repetir ya en solitario. Probar de todo para luego ir escogiendo esos platos tailandeses que solucionan una cena a precios siempre muy ajustados. Porque la culinaria thai se mueve con productos modestos del mercado, pero cocinados con muchas influencias.

La cocina tailandesa, reconocida por su equilibrio entre lo dulce, lo salado, lo ácido y lo picante, es el resultado de siglos de mestizaje cultural. Su evolución se nutre de las antiguas rutas comerciales que conectaron Tailandia con China, India y otros territorios del sudeste asiático. De China heredó las técnicas del salteado y el uso del wok, además de ingredientes como la salsa de soja o los fideos; de la India, las especias y las bases aromáticas de los currys, adaptadas con leche de coco y hierbas locales. La llegada de los portugueses en el siglo XVI introdujo el chile, traído desde América, que terminaría convirtiéndose en un pilar fundamental del sabor tailandés.

Los tallarines son la base del recetario thai.

Este mosaico de influencias extranjeras se mezcló con los productos autóctonos -arroz jazmín, lemongrass, galanga, albahaca y cilantro- para dar forma a una gastronomía única y profundamente identitaria. A lo largo del tiempo, la cocina tailandesa mantuvo su esencia pese a las modernizaciones y los intercambios con cocinas vecinas, como la vietnamita o la malaya.

Es la experiencia a la que se puede acceder en este restaurante logroñés. Presenta unos entrantes mixtos que salen con rollitos de verduras, brocheta de langostinos, bolsa de oro (carne con verdura), o la brocheta de pollo. Se acompaña con una salsa de cacahuete, y otra agridulce «casera», tal y como reseña Vira. «Aquí es todo casero», destaca. Y se nota.

Comos lo curry que siempre salen acompañados con un bol individual de arroz blanco. Está el curry amarillo que no pica nada, el curry rojo que pica un poco, y luego tienen el curry verde que es ideal para los muy cafeteros del picante. Y por supuesto el pad thai. Este es uno de los platos más emblemáticos de la cocina tailandesa y, probablemente, su exportación gastronómica más conocida en el mundo. Se trata de un salteado de fideos de arroz (generalmente planos y finos) que se cocina al wok con una combinación equilibrada de sabores dulces, salados, ácidos y umami, por la presencia obligatoria de la salsa de tamarindo.

Vira en la barra de su restaurante logroñés.

Tradicionalmente, el pad thai se prepara con tiras de tofu, huevo, brotes de soja, cebollino, y una proteína opcional como gambas, pollo o cerdo. El sabor característico proviene de una salsa hecha con tamarindo (que aporta acidez), azúcar de palma, salsa de pescado y, en ocasiones, salsa de soja. Se sirve coronado con cacahuetes tostados picados, rodajas de lima y chile seco, para que el comensal ajuste el punto picante y ácido a su gusto.

Aunque hoy es considerado un plato tradicional, el pad thai tiene un origen relativamente moderno: fue popularizado en los años 40 por el gobierno de Plaek Phibunsongkhram como parte de una campaña nacionalista para promover una identidad culinaria tailandesa y fomentar el consumo de arroz local. Así, este plato es tanto un símbolo de la cocina tailandesa como de su historia cultural reciente.

Pato crujiente con salsa de tamarindo y bol de arroz blanco.

Es el plato nacional, «que muchos descubren cuando viajan a Tailandia», indica Vira. «Les encanta, y cuando vuelven a Logroño quieren recordar ese plato». Así es como muchos logroñeses han conocido Thai Logroño. «Y aquí lo pueden comer cuando quieren sin necesidad de volar hasta tan lejos». En Thai Logroño atienden en las mesas y pedidos para llevar que se recogen en el propio local. No trabajan el envío a domicilio. «Nos preocupa mucho mantener la calidad, y entendemos que sería complicado atender toda esa demanda estando mi mujer en cocina y yo en la sala», cierra Vira.

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