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Reformas sin quebraderos de cabeza: el mimo de Losa Ingenieros

Fotos: Fernando Díaz (RIOJAPRESS)

Cualquiera que se haya metido en una obra lo sabe: coordinar gremios es un auténtico quebradero de cabeza. Fontaneros, electricistas, carpinteros, plazos que se cruzan y materiales que no llegan cuando deben. En ese territorio habita Losa Ingenieros, una empresa que ha convertido la reforma ‘de toda la vida’ en un proceso ordenado, medible y -sobre todo- gestionado por un único interlocutor.

Desde que iniciaron su andadura en 2009, Losa Ingenieros ha crecido paso a paso, sin prisas pero con constancia. Empezaron como un pequeño equipo que se abría camino entre proyectos técnicos y las primeras reformas domésticas. Hoy, tras más de quince años de experiencia, la empresa se ha consolidado como un referente comarcal en el ámbito de la rehabilitación y la gestión integral de obras. Su crecimiento ha sido orgánico, basado en la confianza del cliente y con una filosofía clara: combinar la precisión técnica de un estudio de ingeniería con el trato cercano y la flexibilidad de un taller artesano. Esa evolución se nota también en su estructura: más personal, más especialización y una cartera de proyectos diversa.

Su día a día arranca con una primera visita a la vivienda: el cliente cuenta qué necesita, la empresa toma medidas y devuelve unos planos iniciales y un presupuesto de arranque. Si números e ideas encajan, vuelven al dibujo para afinar la propuesta y cierran la reforma final. Desde ahí, acompañan «hasta donde el cliente quiera»: selección de materiales, decisiones de distribución, criterios de decoración y, por supuesto, dirección y coordinación de obra para que no se alargue eternamente.

Fotos: Fernando Díaz (RIOJAPRESS)

El sector ha cambiado mucho en estas casi dos décadas. «Hay menos mano de obra y cuesta más encontrar personas con oficios y experiencia», admiten. Esa es, dicen, la transformación de fondo, más allá de las subidas de precios o de las modas. También han cambiado los patrones de demanda: hubo un ‘boom’ de arreglos en comunidades de vecinos para la colocación de ascensores y ahora triunfan las mejoras energéticas, impulsadas a golpe de ayudas. En el interior, el clásico sigue mandando: baños y cocinas. Y una tendencia que gana peso en Logroño: parejas de 60-70 años que dejaron el centro por un adosado en las afueras y ahora vuelven al casco urbano en busca de pisos más pequeños, sin escaleras y cerca del ritmo urbano. «Lo notamos muchísimo», dicen.

La firma no ha abandonado nunca su pata técnica: proyectos, licencias, informes. Trabajan en toda la región -Ezcaray, Haro, Calahorra. Eso sí, eligen sus batallas: no persiguen macroobras siguen prefiriendo las pequeñas reformas. «Nuestra organización es de detalle», resumen. Prefieren obras donde el control fino del proceso marca la diferencia.

En paralelo, reordenan la casa: acaban de estrenar su nueva imagen de marca y están a la espera de dar un salto logístico clave. Han adquirido una parcela en el polígono Las Cañas donde levantan un pabellón propio que reunirá oficinas, exposición y almacén. Lo construyen ellos mismos -otra forma de controlar costes y calidades- con la idea de estrenarlo el próximo año. La ubicación, a pie de polígono, les permitirá enseñar soluciones reales: sistemas de aislamiento, pavimentos, carpinterías, baños completos, todo en un mismo lugar.

El cliente también ha cambiado. Instagram, Pinterest y los reality de reformas han elevado la exigencia estética y, de paso, creado expectativas irreales de plazos. En la tele, una casa se transforma en una hora; en la vida real hay permisos, secados, tiempos de fábrica y de obra. Por eso, insisten, el trabajo serio consiste en planificar y comunicar: qué se hará, cuánto tarda cada fase y qué se puede (o no) lograr en el presupuesto.

¿Hacia dónde va el mercado? Su brújula apunta clara: rehabilitar el parque de vivienda existente y mejorar la eficiencia energética. Aislar fachadas, cambiar ventanas, instalar sistemas más eficientes… Reconocen que en La Rioja se avanza más despacio que en otras comunidades, pero hay señales potentes. La conciencia energética ya no es solo cosa de jóvenes; ahorra y mejora confort, así de simple. Y con el suelo escaso y la obra nueva en precios altos, la reforma de viviendas del centro cobra todo el sentido.

Tienen una máxima: un buen sistema mal montado es un mal sistema. Por eso reivindican su valor diferencial: control de obra, oficio y detalle. Porque la mejor cerámica luce mal con un mal despiece y la ventana ‘premium’ no aísla si no está bien instalada y sellada.

Mirando a medio plazo, ven crecer el prefabricado y la industrialización: más trabajo en taller, menos incertidumbre en obra. Aun así, el corazón de su propuesta sigue siendo artesanal: escuchar, diseñar, coordinar y resolver. En un mercado impaciente, Losa Ingenieros apuesta por la virtud menos fotogénica y más eficaz: hacer las cosas bien, a la primera, con alguien que responde. Y eso, en reformas, vale su peso en oro.

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