Mentes Abiertas

«Lo peor que te puede pasar ya te está pasando»: claves para enfrentar los ataques de pánico

«Ir al súper es como entrar en un campo de batalla», «siento que hay un final terrible esperándome, aunque sepa que no es real». Quien ha vivido un ataque de pánico reconoce esa mezcla de vértigo y urgencia que no avisa. Puede suceder en la playa, de compras o en mitad de un café tranquilo con los amigos. No hay un detonante aparente. Simplemente, aparece.

En este nuevo capítulo del podcast Mentes Abiertas (disponible en Ivoox, Spotify y Apple Podcast), el psicólogo Carlos Faulín, especializado en ansiedad, crisis de pánico y agorafobia, nos explica qué son estos trastornos, cómo se manifiestan y, sobre todo, qué se puede hacer para superarlos. Su experiencia nos ayudará a poner nombre a lo que sentimos, a identificar señales y a descubrir que hay herramientas y tratamientos eficaces para recuperar la calma.

«Llamamos ansiedad a muchas cosas distintas. Hay una ansiedad que crece con el estrés diario y otra que es el ataque de pánico, un pico súbito donde el cuerpo dispara su alarma biológica: palpitaciones, mareo, visión borrosa, escalofríos, sensación de atragantarse. La fase aguda dura poco; lo que más asusta es creer que vas a perder el control, que harás el ridículo o que nadie podrá ayudarte».

Carlos utiliza una imagen precisa para ponernos en situación: «Es como una alarma antiincendios mal calibrada. A nada que nota ‘calorcito’, se activa y lo inunda todo». Por eso escapar parece lo lógico, pero, en este caso, escapar suele empeorar las cosas. «Cuando evitas el bus, el súper o la plaza, alivias hoy pero alimentas el miedo para mañana. Así nace muchas veces la agorafobia: el segundo problema creado para ‘solucionar’ el primero».

Hay otro gesto bienintencionado que, según este psicólogo, empeora cuadro: pedir y aceptar ayuda constantemente. «Que te acompañen siempre, que te dejen entrar más tarde para no coger el autobús, que teletrabajes… Te quieren ayudar, sí, pero te están perjudicando. Con este apoyo, las personas de tu entorno refuerzan la idea de que el mundo es peligroso y tú eres frágil».

Incluso contarlo a todo el mundo puede convertirse en una trampa: «Trasladas tu angustia a quien no puede hacer nada en el momento clave y, sin querer, conviertes el episodio en un evento social».

¿Entonces, cuál es la solución?, ¿qué es lo que funciona? La respuesta a veces cuesta entenderla, sobre todo si te pones en el papel de la persona que sufre estos ataques. «No basta con entenderlo; el cuerpo tiene que memorizar que un mareo sólo es un mareo». Y ahí entran la psicoeducación y la exposición, eso sí, planificada y gradual: «Volver al centro comercial o al autobús donde te dio una crisis, quedarse cuando sube la ola y observar cómo baja».

Además, Carlos también habla de la exposición interoceptiva, una terapia en la que se provoca intencionalmente las sensaciones corporales temidas por la persona (como mareos o taquicardia) para habituarse a ellas y reducir el miedo asociado. «Girar en una silla para tolerar el mareo, respirar por una pajita para notar la falta de aire y descubrir que basta con retirarla para que todo vuelva a su sitio… Esos pueden ser ejemplos». La clave es enseñar al sistema de alarma a recalibrarse.

Nuestro especialista propone un protocolo simple para el momento crítico, casi contraintuitivo: «Si te está dando, no te vayas. No pidas ayuda. Y toma datos: anota en el móvil o en una hoja de papel qué sientes, cuánto sube, cuánto tarda en bajar. Ese episodio se convierte en material de trabajo. Si te vas o te salvan, no aprendemos».

El camino no siempre es largo. «Con trabajo, a menudo hay mejorías en pocas sesiones», asegura Carlos. Después llega la prevención de recaídas. ¿Y si vuelve a asomar el lobo meses o años después? «Claro que pueden aparecer amagos, pero ahí es cuando usas tus herramientas y los síntomas se van. El ataque entiende que ya no tiene nada que hacer ahí» y el miedo se esfuma.

En consulta, el psicólogo también despeja algunos mitos. No, no te vas a morir ni vas a provocar un accidente sólo por sentir pánico al volante: «Lo peor que te puede pasar ya te está pasando». Y no, la medicación no es la solución principal. «Puede bajar síntomas un rato, pero no enseña al cuerpo. En la mayoría de casos no hace falta si hay un buen programa de exposición». Y sí, las sustancias lo empeoran: «La marihuana dispara ataques; el alcohol también mete ruido. Mejor llegar con la mente limpia».

Antes de despedirse, Carlos deja tres frases que funcionan como pasaporte de vuelta cuando el miedo aprieta:

– Quédate donde estás

– No pidas ayuda

– Observa y anota hasta que la crisis baje

El resto es repetir —con calma y método— ese gesto sencillo y valiente de atravesar el miedo. Porque, como insiste el psicólogo, «la única salida del miedo es pasar por la mitad». Y se sale.

Mentes Abiertas, un podcast de NueveCuatroUno que cuenta con el patrocinio del Gobierno de La Rioja y la colaboración de Caja Rural de Navarra y la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR).

¿Quieres recibir a primera hora del día toda la información de La Rioja en tu e-mail?

* campo obligatorio
To Top