Ocho de la mañana. Paraje de Valdesancho en Torrecilla sobre Alesanco. Una viña de garnacha tinta en conversión a ecológico que ronda los 30 años. Es el último día de vendimias para la nueva añada de Lumen Brut Reserva después de tres jornadas repartidas en estas dos últimas semanas recogiendo uva por diferentes parcelas en Azofra y Cárdenas. En pleno Alto Najerilla. «Porque aquí las uvas para hacer un vino espumoso son las idóneas. Buena acidez, frescura, altura (el viñedo ronda los 600 metros de altitud), ubicación perfecta, suelos arcilloferrosos con alguna zona calcárea y de canto rodado,… Lo ideal para lograr unas maduraciones más lentas», describe Olga Zaballa, del departamento de Viticultura de Bodegas Bilbaínas. Junto a ella le acompaña en esta mañana de septiembre su compañero Daniel Alcaraz: «Estamos sacando unos 10,5 de grado porque no queremos uva madura, sino frescor».
La vendimia se ha adelantado en torno a una semana respecto al año pasado, algo motivado principalmente por la escasa producción (calculan una merca del 30 por ciento) y también las altas temperaturas que marcaron el mes de agosto. El tempranillo blanco fue de los primeros en entrar en las tolvas, pero todavía queda por delante cerca de un mes de vendimias. «El año pasado para el Día del Pilar ya estábamos en casa, lo que nunca antes me había pasado»-recuerda la técnico-,»y creo que este año va a pasar igual aunque nunca se sabe cómo se desarrollará la cosecha».

Para elaborar este blanc de noirs es habitual recoger entre 50.000 y 70.000 kilos de las mismas parcelas, un vino que lleva formando parte de la bodega desde 2013, y si la cosecha no acompaña se suele ampliar superficie. Sin embargo, este año no se han obtenido garnachas en las mismas condiciones, por lo que se elaborará menos cantidad. Fue el anterior enólogo de Bilbaínas, Diego Pinilla, quien apostó por probar suerte con este tipo de elaboraciones y Zaballa no lo dudó: «Tenía claro que tenía que hacerse con garnachas del Alto Najerilla. Era lo más óptimo porque aunque trabajemos también con garnachas de otras zonas de Rioja Alta y Rioja Alavesa, en estos casos las uvas maduran más y para este Espumoso de Rioja buscábamos lo contrario».
Pese a contar con unas 220 hectáreas en propiedad, esta centenaria bodega del grupo Raventós Codorniú apuesta firmemente por la compra de uva a proveedores en diferentes puntos de la denominación. Desde Tudelilla, Ausejo y Alcanadre, en Rioja Oriental, hasta el otro extremo, con Villalba de Rioja y pasando también por Labraza, Ábalos, Labastida y Haro, entre otros términos municipales. En total, contando con estas viñas de terceros, Bilbaínas recepciona uva de unas 600 hectáreas. «La clave es diversificar y trabajar en diferentes zonas de la denominación porque es una forma de evitar poner todos los huevos en la misma cesta. Lo aprendí un año en Ribera del Duero, cuando decidimos comprar uva en un territorio que acabó siendo arrasado por una fuerte helada. Desde entonces sé que es mejor comprar uva en diferentes zonas para no jugarte todo en una sola parcela. Además, hay muchas que tienen potencial vinícola en función del tipo de vino que quieras elaborar. No todas las viñas son igual de buenas, pero sí hay muchas zonas con buenas características para la elaboración. Al igual que con la edad, porque hay viñas jóvenes que también aportan cosas al vino. Aunque es cierto que siempre primamos la edad, no todas las viñas viejas son buenas ni todas las jóvenes son malas», destaca Zaballa.

Para saber los parámetros y la evolución de todas estas parcelas el equipo de Viticultura de Bilbaínas recorre cada viña para muestrear parcela a parcela, tanto las propias como las de los proveedores. «Aquí no se zonifica ni se trabaja por pueblos, sino que los análisis (tanto controles de maduración como cata de uvas) se hacen viña a viña y la fecha de vendimia, por tanto, se decide viña a viña también». De las doce añadas que acumula ya este Lumen, la técnico de Viticultura recuerda aquella de 2018 como una de gran producción tras el ‘recorte’ natural que hizo la histórica helada de 2017. «Eso sí, como año complicado no hemos visto ninguno como este 2025», sentencia. «Los que estamos en campo sabemos que cada año es diferente, pero lo de esta campaña nunca se había visto con el mildiu. Es el año más complicado con diferencia y es que además nosotros tenemos 200 hectáreas que están todas en ecológico», remarca una que lleva ya 18 años en esta bodega.
Su compañero, que se estrenó en la casa jarrera con la vendimia de 2023, reconoce la dureza del ciclo: «Ha sido duro porque ha tocado estar muy encima de todas las viñas, con muchos tratamientos y confiando en que el daño no fuera grave». Y que se lo digan también al agricultor propietario de esta viña en Torrecilla sobre Alesanco. José Miguel no se baja siquiera del tractor que sostiene el sacauvas. En el campo no se para y, además, toca estar pendiente de la cuadrilla que trabaja en el renque para que descargue los cunachos. «Ha sido un año en el que no se ha dado abasto porque llovía cada semana, así que el trabajo ha sido duro y difícil. Lo que creo es que esta va a ser una vitoria pírrica porque al menos hemos logrado traer las uvas», ríe con resignación desde el interior de la cabina en este segundo día de vendimias para él.
Por suerte, ha logrado controlar el mildiu en la viña, aunque la merma de cosecha también está aquí: «Cogeré unos 4.800 kilos por hectárea. Al final le falta peso a la uva. Los calores de agosto fueron lo peor, pero parece que el hongo no ha hecho daño y eso que tampoco eché tantas manos de tratamiento aquí como en otras zonas. Es cierto que la garnacha es más resistente al mildiu y aquí tampoco han entrado tanto las tormentas y no nos hemos llevado golpe de la piedra. El desarrollo, por tanto, ha ido más lento y creo que por eso se ha manejado bien la enfermedad y hemos logrado traer una uva sana».

Cortada toda la uva de esta viña en Valdesancho toca poner rumbo de Torrecilla sobre Alesanco hacia Haro lo más rápido posible para meter las uvas en bodega, con todos los lotes juntos. Allí ya entra en juego el papel de Maite Calvo, director técnica de Bilbaínas y figura determinante en el resultado final de los vinos. «Para hacer este blanc de noirs hay que hacer una extracción directa sin prensar. El proceso en sí es muy rápido porque lo que se busca es no extraer el color de las pieles cuando estas y las pepitas se separan del mosto. Después clarificamos el mosto y esa parte ya limpia del mosto se fermenta a 16 grados», explica la enóloga. El objetivo es conseguir un vino con un color blanco, más pálido. El tiraje se hará de cara al próximo mes de enero y será a partir de entonces cuando empiece la crianza sobre lías, tras una segunda fermentación que se realiza en botella. Durante la crianza es cuando se hacen los removidos habituales y que son el paso previo al degüello. Un envejecimiento que perdura, como mínimo, durante 24 meses.
Lumen Brut Reserva (30.000 botellas) es solo uno de los tres espumosos de Rioja que la bodega elabora (juntos aglutinan unas 100.000 botellas en total). Al Royal Carlton, elaborado con viura y con un envejecimiento en botella que se hace sobre las lías, se suma recientemente el Viña Pomal Reserva. La añada 2020 (20.000 botellas) acaba de salir a la venta pero solo en el mercado británico, aunque próximamente hará su aterrizaje en el resto de mercados. Al igual que Lumen, este también es un blanc de noirs con la garnacha tinta como protagonista, pero en este caso su crianza es superior a los 40 meses, ya que está concebido como un gran Espumoso de Rioja de guarda. Un paso más en esta aventura burbujeante en la que, al igual que estos vinos, Bodegas Bilbaínas mantiene la energía con cada vendimia, aflorando el potencial de cada zona.



