Deportes

San Asensio Basket: el equipo que nunca juega en casa

Hacer crecer el deporte sin ánimo de lucro. Es, en resumen, la idea del San Asensio Basket, un proyecto que arrancó en 2016 con ocho niños y ha crecido hasta superar los sesenta. Todo ello, mérito de Fernando y Janire, dos apasionados de la canasta que quisieron fomentar el deporte en San Asensio, un pueblo riojalteño de 1.100 habitantes. Rodeado por un mar de viñedos, este municipio no contaba con excesivas propuestas de actividad física. Su Escuela de Pelota era, quizá, la única disciplina deportiva para los chavales. Todo eso ha cambiado: el baloncesto bulle en la localidad y atrae incluso a personas de pueblos cercanos en una mezcla de deporte y humanidad.

Fernando González, uno de los entrenadores, explica los orígenes del proyecto. Cuando sus dos hijos acudían a la escuela, él solía ir con el resto de madres y padres a pasar tiempo con ellos a la salida. Natural de Sestao, siempre había jugado al baloncesto y decidió practicarlo con los chavales. «Iba con el balón a tirar a canastas. Era un campo al aire libre, con árboles en medio, estaba sin pintar y las canastas eran a diferente altura», explica. Sin embargo, ello atrajo el interés de los escolares, que se acercaron a jugar. Janire, una compañera suya, fue la que le propuso hacer un equipo e inscribirlo en los Juegos Deportivos y él aceptó sin dudarlo.

Empezaron con un equipo mixto de ocho niños entre ocho y nueve años, pero han crecido. Al no existir un equipo de fútbol en el municipio, les fue más fácil reclutar a chavales. En la actualidad, el club suma cinco equipos: dos cadetes, un benjamín, un alevín y un infantil y supera los sesenta participantes. Todo gracias al trabajo de varios entrenadores (Fernando, Janire, Oier, Ainhize, César y Claudio), que sin percibir un céntimo, compaginan esta labor con sus trabajos y desarrollan el club. Organizan acampadas, participan en torneos y además, llevan detrás a una afición ruidosa conocida allí donde van.

Una hinchada que, sin embargo, debe superar obstáculos. De hecho, los mayores de 14 años (cadetes) no pueden jugar en el municipio. «Aquí no hay cancha ni polideportivo, jugamos en el frontón y nosotros tenemos que poner las canastas, las gradas, todo… Vino la Federación Riojana y estuvieron midiendo el frontón y dijeron que los bordes están muy cerca de la pared. Entonces, era peligroso en caso de tropiezos», explica Fernando. Para las categorías de menos de 14, resulta posible adaptar el campo. No así para los cadetes, entrenados por Fernando y Janire. Por lo tanto, buscaron otra alternativa y la encontraron en Hormilla (a 14 kilómetros)

«Hablamos con su alcalde y nos dijo que sí, que allí podríamos jugar. Allí no hay campo, ni pabellón, pero el frontón es muy grande», valora Fernando. Por lo tanto, el San Asensio Basket nunca juega en casa. Debe coger el autobús cada jornada, en Hormilla como local o al resto de La Rioja de visita. Y la afición acompaña, vaya que si lo hace: «Aquí hay una afición tremenda, no solo los niños, es que los padres, las madres, los tíos, las abuelas o gente que no tiene que ver con ningún niño. Vamos con la bandera riojana, animando y ya nos hemos hecho famosos en los torneos, cuando hemos ido a Jaca, Salou o Marina d’Or».

«La gente se pregunta, ‘¿pero qué es San Asensio, por qué hay tanta gente aquí? Entonces mira en Google y dice, ‘pero solo con mil y pico habitantes, ¿cómo es posible que venga tanta gente?», continúa Fernando. Es otra forma más de colocar al pueblo en el mapa. Por supuesto, los resultados deportivos ayudan. En el último torneo en Salou (2025), el equipo cadete femenino se alzó con el torneo, tras enfrentarse a equipos de Madrid, Zaragoza o Cataluña con muchos más medios técnicos. Un éxito deportivo que, para el club, no es lo más importante. Prefieren centrarse en el aspecto sano del deporte y por supuesto, la formación integral como personas.

Al menos, el crecimiento del club sí ha permitido ciertos progresos en el municipio: «Desde hace un tiempo, al ver que había tanto niño y tanta afición en el pueblo, el Ayuntamiento nos ha puesto las canastas. Hubo un tiempo que nosotros estuvimos con los chavales y las niñas mayores entrenando en canastas de minibasket. Ahora, ya nos han comprado unas canastas y al menos, podemos entrenar en San Asensio. Luego, cuando vamos por allí a los torneos, nos dan algunas equipaciones o banderas».

En busca de nuevas generaciones

El problema es que cada vez hay menos chavales y por eso, el club busca savia nueva, especialmente del 2012 y 2013. Así lo ha hecho saber a través de sus redes sociales. Fernando explica la situación: «Ahora hay menos niños, hay menos quintadas. Entonces, estamos viendo como de aquí a algún tiempo, nos podemos quedar sin niños. Por eso, se lo hemos comentado a las AMPAS (Asociación de Madres y Padres de Alumnos) de San Vicente de la Sonsierra, de Briones, de pueblos próximos». De una docena de niños por quintada, se ha pasado a cuatro o tres: «Por eso, estamos encantados de que venga la gente de fuera (Cenicero, Hormilla, Nájera) a jugar aquí».

Todas las personas son bienvenidas, independientemente de sus condiciones físicas, como explica Fernando. «Cualquiera que me llame por teléfono o venga al frontón puede apuntarse al equipo. No hacemos pruebas, aquí no hay que tener nivel mínimo, ni nada. Preferimos que los niños hagan deporte en lugar de que estén en casa o con el teléfono móvil». Así pues, cuentan con cuatro o cinco de Briones, un chaval de Hormilla o dos de Nájera. Gracias al buen ambiente que se respira en el club, el alcance se ha extendido a través de toda la comarca riojalteña. Gran esfuerzo de los organizadores sin remuneración económica, por supuesto.

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