La treintena de vecinos empadronados en Villarejo, localidad perteneciente a la comarca de Nájera, vive un soplo de aire fresco ante la llegada de nuevos repobladores. Dos familias con seis niños en total viven desde hace meses en el municipio con el propósito de desarrollar un espacio rural educativo.
Pero la elección de Villarejo como lugar de asentamiento no ha sido fruto de la casualidad. Sara Hernando, una de las mujeres que encabeza el proyecto, desciende de esta localidad por parte de madre. Siempre ha estado vinculada al pueblo, pero fue hace algo más de un año cuando decidió realmente volver a sus orígenes.
«Llevaba muchos años viviendo fuera, incluso de La Rioja, pero una vez mis padres se han hecho mayores quería seguir dando vida a la casa y al terreno que ellos construyeron y cuidaron. Y hacerlo, además, dando un paso más y emprendiendo en el pueblo», relata. Un sueño cumplido que contagió a otros amigos, que no dudaron tampoco en hacer las maletas el pasado mes de abril y mudarse con sus hijos desde Madrid a este enclave riojano. De esta forma, Villarejo pasó a tener seis niños empadronados después de más de 40 años.
Las nuevas familias, autodenominadas neorurales, han apostado por una vida en contacto con la naturaleza, la recuperación de entornos rurales y la reconstrucción de comunidad en zonas que estaban prácticamente vacías. «Hemos vuelto al pueblo pero ya no vivimos como lo hacían antaño porque contamos con las nuevas tecnologías, así como con nuevas formas de relacionarnos con la tierra, ensalzando más la ecología».
En este sentido, el objetivo del proyecto es abordar el ecoturismo y crear una granja escuela, promocionando actividades vinculadas al medio rural, a la autogestión, al cuidado de la naturaleza,… «Hacemos pan con masa madre en un horno de leña y jabones con plantas medicinales, además de contar con huerto, gallinero y otros animales. Queremos poner en valor el modo de vida en el medio rural y transmitirlo, sobre todo, a la gente joven. De hecho, este año hemos recibido la visita de un campamento juvenil llegado de Madrid que ha estado acampando aquí», señala Hernando.
La seguridad y tranquilidad para los más pequeños de la casa fue otro de los motivos que les llevó hasta aquí: «Aquí los chavales se han adaptado muy bien por la libertad que tienen durante todo el día y por estar en contacto con la naturaleza. Además, cuentan con transporte escolar que los lleva hasta el colegio en Alesanco y al instituto, en Nájera, en el caso de los más mayores».
El aspecto en el que aprecian mayor déficit, sin embargo, es en la vivienda. La otra familia vive de alquiler en el municipio, pero reconocen que no abunda la oferta. «Es complicado meterse en una hipoteca en un pueblo que no se conoce, por lo que creo que es más fácil abogar por alquilar viviendas en estos entornos. Es una forma de que la gente se atreva, se vincule con la localidad y, a partir de ahí, pueda optar a una compra. El Ayuntamiento de Villarejo está muy contento con nuestra llegada y nos ha dado todas las facilidades porque entre sus propósitos está el de repoblar el pueblo. De hecho, este verano ya se han vendido tres casas que llevaban mucho tiempo en venta, algo increíble», remarca.


