La Rioja es, con toda justicia, la cuna del castellano. En San Millán de la Cogolla se escribieron las primeras palabras de nuestra lengua, y de aquí nació un patrimonio lingüístico que hoy hablan más de 500 millones de personas en el mundo. Nuestra tierra debería presumir de esa herencia y proyectarla con orgullo.
Y, sin embargo, lo que hacemos es disfrazarnos con anglicismos vacíos como ‘MUWI’, un acrónimo de Music y Wine que no significa nada. Una palabra hueca, inventada en un despacho de marketing, que podría servir para un festival en Shanghái o en Kansas, pero que aquí resulta una bofetada cultural: la tierra donde nació el castellano reducida a cuatro letras sin alma.
La contradicción es grotesca. Mientras se promociona San Millán como Patrimonio de la Humanidad y se invoca a Berceo como primer poeta en lengua castellana, en la capital riojana se organiza un festival que da la espalda a nuestra lengua y a nuestra identidad. ¿De verdad necesitamos disfrazar lo propio con etiquetas en inglés para sentirnos modernos? ¿Tan poco valoramos lo nuestro que ni siquiera nos atrevemos a nombrarlo en castellano?
La Rioja no necesita branding de escaparate. Necesita autenticidad. Necesita mostrar al mundo que puede ser innovadora sin renunciar a su esencia. El nombre de un festival puede parecer un detalle menor, pero en realidad es un síntoma: si en la cuna del castellano aceptamos “MUWI”, mañana aceptaremos cualquier cosa, aunque borre nuestra voz propia.
Basta ya de complejos. Si queremos un futuro cultural con raíces, empecemos por lo más básico: llamar a las cosas por su nombre, y hacerlo en castellano.
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