Las dietas de ‘Pierde 15 kg en 20 días siguiendo esta dieta’, las rutinas de deporte que se ven en redes sociales y prometen hacerte tener el cuerpo de una supermodelo en un mes o los bombardeos de imágenes o vídeos de personas con un físico que solo se puede describir como esculpido por los dioses. Es el día a día de todos, sobre todo antes del verano. Aunque algunas personas pasen de eso, hay otras que se dejan llevar, y esa es la cara oscura del verano.
Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), aunque no guste admitirlo, están a la orden del día, especialmente en niñas adolescentes de entre 12 y 16 años. Aunque en el caso de los hombres se ha notado un aumento en los últimos años. «En verano se ve un aumento de consultas por estos casos, la temporada previa al verano es un punto de inflexión, como un desencadenante», explica Daniel Esteban, psicólogo de la Asociación de Trastornos de la Conducta Alimentaria de La Rioja (ACAB).
Durante la temporada estival «es más evidente cuando una persona siente esa insatisfacción corporal, entonces planes como ir a la piscina, a la playa, los sufren más». «Las personas que ya están en esa obsesión de cambio, planes como cenar o comer por ahí, tienden a cancelarlos, esquivarlos o a poner escusas para no acudir».
En casos como comer ‘de bocata’ en la playa o por ahí, es más probable que se lleven sus alternativas; es decir, que si se come en la playa y la gente lleva bocata, posiblemente lleven una ensalada. «De esta forma pueden llevar un control de su alimentación, a través de contar calorías, de manejar sus cantidades a través de sus unidades de medida».
Pero no siempre es todo tan transparente: «También hay otros perfiles que están en el proceso de cambio donde se viven los inicios y se le llama «luna de miel». Es decir, cuando la persona está con insatisfacción corporal, con el control y la obsesión de comer poco, hacer ejercicio, ese desgaste y, evidentemente, pierde peso, pero no de una manera saludable; la diferencia es que no ha perdido esa salud mental».
A esto no ayuda el hecho de que antes de verano hay una oferta excesiva de remedios milagrosos para conseguir los resultados que buscas y encima, de manera que fomente una conducta poco saludable. «Las dietas que dicen «pierde 15 kg en 20 días», «prueba 20 días sin hidratos ni azúcares»; vas a adelgazar, pero no lo vas a poder mantener a largo plazo y entonces llegará el efecto rebote, donde recuperar los kilos perdidos e incluso más».
«Nosotros siempre recomendamos acudir a un profesional. Nada de hacer dietas por nuestra cuenta, acudimos a un nutricionista o dietista y nos marcamos un objetivo realista y nos ponemos manos a la obra. Yo creo que todos deberíamos ir a un nutricionista para comer sano», expresa Daniel.
¿Cómo se afronta esto?
En ACAB actúan de forma clara en cada caso: «En la primera consulta se trata de ponerse cara e intercambiar información para determinar qué especialista se ajusta mejor al caso; en la segunda, se realiza una entrevista con el paciente y se valora su caso, de esa forma se marcan objetivos y el tratamiento; y, en la tercera, se comienza con el proceso, se inicia el tratamiento necesario para cumplir los objetivos marcados».
Pero, a pesar de que gran parte del trabajo es de los profesionales, como el entorno de una persona afectada: ya sean amigos, familia, pareja; se puede hacer algo por esas personas que ves que se acercan peligrosamente a este camino.
«La clave es no obligar», señala Daniel. «Hay que acompañar, pero, en caso de que veamos que no es cosa de un día, que vienen de atrás o que se está alargando, hay que acudir a un profesional. Que primeramente lo intentemos con nuestros medios, está muy bien, pero si vemos que no podemos o que esa persona es muy resistente en ello, debemos acompañarla a un profesional».
¿Y si no quiere acudir a uno? «Esa tesitura es muy común y una de las situaciones más feas que se pueden dar. Si una persona no ve que está poniendo su vida en peligro, es muy complicado hacerle cambiar de idea». En esa situación, Esteban recomienda acudir a los padres de la persona afectada para que ellos puedan tratar de gestionar la situación.
¿Y de dónde viene todo?
A pesar de lo que se cree, los TCA muchas veces nacen de una mala salud mental previa, como por ejemplo la ansiedad. «Está demostrado que, en un periodo de muchísima ansiedad, más de la que podemos gestionar, el cerebro aprende a bajar esos niveles de la manera pueda y sepa y a través de la alimentación esos niveles descienden», es decir, que en esos casos no estamos hablando de la alimentación como fuente de nutrición, sino de comer para bajar la ansiedad.
Las redes sociales, las películas o los anuncios, son la fuente de muchos de los problemas psicológicos que derivan en este tipo de trastornos: «Existen muchas campañas publicitarias de marcas de ropa, anuncios de televisión, marcas de maquillaje; en las que se muestra a una persona que responde a un prototipo que nunca va a ser alguien con quien se pueda identificar la mayoría de la población», señala Esteban.
En esos casos, se idealiza a la persona que te muestran, aunque sus características físicas solo las puedan obtener muy pocas personas de manera saludable. «Entonces, intentamos conseguir ese cuerpo, aunque fisiológicamente mi cuerpo no está desarrollado para ello. De ahí vienen las insatisfacciones y objetivos inalcanzables», y, como dice el psicólogo, «donde la gente lo intenta conseguir a través de conductas no saludables, de barbaridades».


