La Rioja

El precio del culto a la imagen: cómo las redes alimentan los TCA

Es prácticamente imposible pasar unos minutos en cualquier red social sin ver contenidos sobre ‘los diez consejos que necesitas saber para bajar de peso’, sin ver publicidad de dietas milagrosas, tratamientos estéticos que te quitan hasta las arrugas que aún no tienes o rutinas de gimnasio que prometen esculpir tus abdominales en veinte minutos. Todo ello protagonizado por hombres y mujeres con cuerpos esculturales y rostros tallados por la mismísima Afrodita. Pero, sobre todo, con mucho Photoshop, muchos filtros y mucha edición. ¿Te has parado a pensar en cómo afecta esto a los menores?

Los TCA (Trastornos de la Conducta Alimentaria) continúan afectando mayoritariamente a la población femenina: un 95 por ciento de los pacientes son mujeres. Los más comunes siguen siendo los más conocidos: anorexia, bulimia y el trastorno por atracón.

En concreto, el grupo con mayor prevalencia son las chicas adolescentes, entre 12 y 16 años. «Hay cosas estructurales que a los menores y a las mujeres nos afectan mucho más. Cuando eres menor no tienes la misma capacidad para poder razonar, para poder tomar tus propias decisiones, para poder sostenerte tú mismo. Ser menor y ser mujer, por cómo está estructurada la sociedad, no es fácil», explica Alba Pérez, psicóloga especialista en TCA.

Aunque sigan afectando mayoritariamente a la población femenina, «la incidencia de los TCA en los hombres va en aumento, generalmente de trastorno por atracón, que luego compensan con deporte», explica Daniel Esteban, psicólogo de la Asociación de Trastornos de la Conducta Alimentaria (ACAB) de La Rioja.

Los casos de vigorexia y ortorexia suelen afectar más a los pacientes masculinos. «A veces puede que incluso estén haciendo una dieta muy saludable y estén haciendo un entrenamiento de calidad, controlado por un profesional, pero lo que vemos es que lo está haciendo de una manera obsesiva, todo el rato calculando calorías y pendiente de no perderse ningún entrenamiento. Aunque sea muy saludable, esta obsesión es un trastorno: es la ortorexia», explica Paula Fernández, nutricionista.

«Todo el tema del control de la alimentación con la proteína, las dietas hipercalóricas…todas estas cuestiones no dejan de ser una forma de control también», señala Alba.

Los pacientes, cada vez más jóvenes

Daniel, Alba y Paula han percibido un preocupante descenso en la edad de los pacientes. Daniel indica: «Se están dando signos de alerta muy evidentes con edades muy tempranas». Se refiere a niños y niñas preadolescentes. «Entre los nueve y los diez años, incluso a veces antes, ya se dan dificultades con la alimentación», explica Alba.

Pero, ¿por qué afectan tanto a los menores? Para Daniel Esteban es porque la adolescencia es «la edad donde la principal fuente de preocupación es la aceptación social» y, porque actualmente «las redes sociales juegan un papel fundamental a la hora de compararnos unos con otros».

Los adolescentes tienden a idealizar ciertos personajes públicos de redes sociales, que comparten imágenes falsas que no muestran la realidad: están completamente editadas. «No hay una manera saludable de igualarlos», señala Daniel. Para alcanzar esos ideales, los adolescentes pueden llegar a tomar «decisiones drásticas que ponen en riesgo su salud, ya sean los ayunos intermitentes, ya sean restricciones de alimentos básicos, que lleva a una peor alimentación…Todo ello va ocasionando una peor relación con la alimentación que puede terminar desembocando en un TCA», añade.

«En la adolescencia, sobre todo, y hasta los treinta años se va creando la identidad. Esa formación en la adolescencia nos lleva a compararnos con los iguales, y ahora con las redes sociales, todo lo que se publica y todos los ideales que hay, lleva a que cada vez haya más insatisfacción con lo que uno es o puede ser. Estamos todo el día comparándonos», explica Alba Pérez. «Las personas que vienen a consulta están sufriendo porque hay un sistema que vende la perfección, vende cuerpos delgados», agrega.

Un adolescente no tiene esas herramientas para diferenciar si lo que ve en redes es real o está adulterado, «o quizá sí y sea consciente, pero nos lo están vendiendo como algo que es lo que gusta al público. La mayoría de la población tenemos asumido que tenemos que tener un cuerpo perfecto para ser aceptados socialmente, para poder encontrar pareja más fácilmente, incluso a nivel laboral», señala Paula. 

«No es solo que tengamos como referencia a esas mujeres con cuerpos esbeltos o cuerpos delgados, si no también es que la obesidad y el sobrepeso están muy discriminadas. Personas que padecen obesidad sufren muchos prejuicios, mucha discriminación. Entonces, al final es lo que queremos ser y lo que no queremos ser», afirma Paula. «Cuando en redes sociales o en medios de comunicación nos encontramos con una persona obesa, o con una persona con unos kilitos de más, aunque esté saludable, solo hay que ver cómo les machacan: los comentarios, los insultos que reciben. Entonces, ¿qué les estamos enseñando a los críos?», se pregunta.

«Hay páginas que se llaman Ana (de anorexia) y Mia (de Bulimia), que fomentan estos trastornos. Incluso tienen el credo de la anorexia. Hay que tener mucho cuidado y que los padres estén alerta, sobre todo los padres de niñas de menos de catorce años. Los TCA son una enfermedad silenciosa», alerta Gloria Martínez, presidenta de ACAB La Rioja.

Las redes no son las únicas culpables

Los estímulos vienen de lo que han visto en medios de comunicación y en redes sociales, pero también de lo que han visto y oído en sus propios hogares. «Si los padres están continuamente haciendo dietas, los niños, por muy pequeños que sean, son como esponjas. Hay que tener cuidado, cada vez hay pacientes más jóvenes», señala Gloria Martínez.

«En el tratamiento es fundamental que se impliquen todos los miembros de la familia. No vale con responsabilizar solo al paciente. Tiene que implicarse toda la familia y tiene que darse cuenta de que, a veces, también es responsable: por la exigencia, la presión a la que someten al niño. Los profesionales sanitarios no estamos haciendo las cosas bien, porque juzgamos a una persona con sobrepeso u obesidad. Esto genera tal inseguridad, tal presión, tal vergüenza, que el propio sanitario le está provocando que termine con un trastorno. Creo que, por parte de los profesionales, tenemos que ser un poquito más prudentes», concluye Paula.

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