Las trabajadoras del centro sociosanitario ‘Los Manitos’ de Calahorra ya lo venían advirtiendo: la falta de personal y de protocolos claros estaba poniendo en riesgo su seguridad y la de los residentes. La denuncia ha vuelto a tomar fuerza después de que el pasado 6 de agosto una auxiliar perdiera el conocimiento tras ser agredida por un usuario en el centro. Para CSIF, este suceso no es un hecho aislado, sino la consecuencia de una situación de desprotección que se arrastra desde hace meses.
El sindicato sostiene que este caso refleja la «alarmante falta de coordinación» entre instituciones sociosanitarias. El agresor era un residente temporal con antecedentes de episodios violentos en anteriores ingresos en el CAPDP de Fuenmayor, una información que nunca llegó al centro donde fue acogido, ni al personal encargado de atenderlo. «Se está obligando a los trabajadores a enfrentarse a situaciones de riesgo sin información suficiente ni recursos».

En la residencia Los Manitos de Calahorra, las auxiliares de enfermería ya aseguraron a NueveCuatroUno hace semanas que llevan meses alertando de lo mismo. Desde la aplicación del modelo Libera-Care en 2023 —que eliminó sujeciones físicas y redujo medicación—, la carga de trabajo se ha multiplicado. Las camas a cota cero y la eliminación de barandillas exigen una vigilancia constante, pero el cambio no vino acompañado de más personal. «Así no se puede», explicaban en su día las trabajadoras.
El resultado ha sido un día a día marcado por la tensión. Las agresiones han dejado de ser casos excepcionales para convertirse en rutina: golpes, empujones, gritos y hasta heridas graves forman parte de la jornada de muchas trabajadoras. Aunque cuentan con formación, aseguran que es insuficiente frente a la realidad de atender a más de un centenar de personas con grandes dependencias y sin protocolos claros de actuación inmediata.
El pasado 27 de mayo, 55 trabajadoras firmaron un escrito dirigido a Función Pública y a la Dirección General de Servicios Sociales del Gobierno de La Rioja. Pedían más medios, soluciones y una atención personalizada a los residentes. Hasta ahora, denuncian, apenas han recibido respuestas formales y ningún refuerzo real. «Les dicen que registren cada agresión en un parte, pero luego no se hace nada con ellas», critican. Esa inacción ha generado frustración y una creciente sensación de abandono.

Desde la Consejería de Salud recuerdan que La Rioja está impulsando el modelo libre de sujeciones en residencias y centros de salud como una apuesta firme por la dignidad de las personas mayores. También destacan que el Gobierno ha endurecido el régimen sancionador contra las agresiones en el ámbito sanitario. Sin embargo, las auxiliares sostienen que estas medidas quedan en papel mojado si no se acompañan de más profesionales, recursos adecuados y protocolos eficaces.
«Lo que pedimos es cuidar de verdad, con medios y con seguridad», repiten las trabajadoras. Muchas hablan desde el miedo —a represalias, a ser señaladas—, pero también desde la convicción de que callar ya no es una opción. Su mensaje es claro desde hace un tiempo: «Trabajamos con humanidad. Exigimos dignidad». Lo pero de todo es que, como repiten, «esto se veía venir».


