Cultura y Sociedad

«Un gabinete de curiosidades»

Pedro Baz

«Vendo flores, pero no soy una floristería. Lo mío es otro rollo». Así define Pedro Baz su reino. Un local en la calle Hermanos Moroy donde parece que la jungla y un taller de artesanía se unen. Puede sonar raro, pero funciona.

«Una clienta dijo que esto era un gabinete de curiosidades. Me gusta mucho esa definición porque siempre encuentras cosas nuevas y esto no es una tienda al uso. Hago talleres, hemos hecho conciertos… es algo diferente, una manera de vivir. Lo que buscaba era crear un entorno de trabajo agradable y lo he conseguido. Lo estoy consiguiendo, vaya». Y tanto que lo está logrando.

El Gardenista es acogedor, pero rompedor. Y el encargado de conseguir que esta mezcla funcione es Pedro. Si hubiera que escoger una palabra para describirle, esa sería magnético. Sin ninguna duda. Tiene una de esas personalidades arrolladoras. Su risa es de las que invade todo el espacio y te transmite el buen rollo. Es imposible resistirse.

Su primer contacto con las plantas fue hace muchos años, pero el paso de abrir este negocio lo dio hace cuatro. «No me gustaba dónde vivía antes, ni el trabajo que tenía. Me gustaba el trato con la gente y lo único de lo que entendía un poco era de plantas», cuenta Pedro. Aún así, no tenía experiencia previa en este negocio, pero le dio igual: «Más que abrir un local, lo que necesitaba era un cambio de vida». Dicho y hecho. «Ya tenía una edad que no me apetecía trabajar por cuenta ajena y decidí poner un sitio bonito en Logroño». Y así, nació el Gardenista.

Nunca había vivido en Logroño, pero la ciudad le «seducía». Es de Bilbao y antes vivía en Calahorra: «No podía más con Calahorra ni con el trabajo que tenía. Necesitaba un cambio de vida, de hecho, siempre digo que la pandemia me puso en mi sitio». Y debe ser que lo puso en Logroño, más concretamente, en pleno Casco Antiguo: «Si algo tenía claro, es que el local tenía que ser aquí».

Los primeros años no fueron fáciles, sobre todo, los dos primeros. Tampoco fue sencillo el cambio de empleado a autónomo: «Pasar de trabajar, cobrar una nómina, gestionar un producto perecedero, del que no tenía ni idea, ha sido… hasta que le he pillado el callo, que aún estoy en ello, ha sido un poco hardcore –cuenta, para inmediatamente pasar a quitarle hierro al asunto–, pero bueno, por lo demás ha sido entretenido». La maravillosa cualidad de ver el vaso siempre medio lleno.

Eso sí, matiza: «Tampoco te pienses que es para tirar cohetes. Siempre digo que esto es algo romántico, no económico». Entre risas comenta que antes iba «más sobrado de dinero que ahora». Lo que está claro, es que ahora de lo que anda más sobrado es de felicidad.

«Me la jugué, pero la jugada me salió bien. Siempre digo que estoy muy agradecido a Logroño, porque me ha acogido desde el principio». Si es que ya lo dice el himno: nadie en Logroño se siente extranjero.

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