Los muebles cuentan historias. La mesa del comedor de casa de tus abuelos, alrededor de la que os reunís la familia en las fechas más importantes, tiene miles de anécdotas con las que podría escribir más de un libro. Hay muebles que, con los años, casi han pasado a ser un miembro más de la familia: la butaca en la que tu abuelo se echaba la siesta todas las tardes o las sillas de la cocina que han sido testigos de las conversaciones más fascinantes. En resumen, hay muebles que son mucho más que unos objetos inanimados que decoran las casas.
Por eso, Ricardo Juan y Melisa Flores no restauran solo muebles. Restauran recuerdos. La historia de ‘Tras la viruta’, su taller, empieza con una mudanza trasatlántica y la necesidad de un cambio. Antes de llegar a Logroño, vivían en Buenos Aires, pero decidieron dar un giro de 180 grados a sus vidas: «Nos reciclamos, como los muebles». Llegaron aquí buscando una vida más tranquila, alejada de la vorágine en la que te sumergen las grandes ciudades.
Melisa es historiadora del arte; Ricardo, informático. Los dos dejaron sus trabajos, cruzaron el Atlántico y cogieron el pincel y el cincel. «Hicimos nuestra carrera profesional, nos desarrollamos y, en un momento dado, nos dimos cuenta de que no era la vida que queríamos». Buscaban algo más tranquilo, que les «aportase más en lo emocional que en lo económico. Es verdad que esto no es para hacerse millonario, pero te vas contento todos los días a casa». Y es que, al final del día, en esto consiste la vida.

Lo de trabajar con la madera es algo que les viene de familia, pero también es un reflejo de cómo ven la vida. «En Argentina los pisos se alquilan vacíos. Por no tener, no tienen ni heladera», cuenta Melisa. Además, no existen las míticas cadenas de tiendas de muebles baratos, por lo que el reciclaje está a la orden del día. Así que cada piso es un lienzo en blanco y da a los inquilinos la oportunidad de crear una obra diferente, «con más personalidad» y «alejado de la lógica europea de usar y tirar».
«Está bueno el cuidar, el conservar y el darle una segunda vida a las cosas». Y eso es exactamente lo que hacen en su taller. Aquí, los muebles no son solo muebles: «Son objetos de amor». «Muchas veces tiramos cosas porque ya no nos sirven para el uso que tenían, pero pueden tener otro». No preocuparse: tener ojo para el reciclaje es un arte que se puede entrenar con el tiempo. Y, si no, siempre puedes pedirles consejo a Melisa y Ricardo.

«Muchos son muebles heredados, que la persona les tiene mucho afecto y no los quiere tirar y le quiere dar una onda más moderna» y que vaya más acorde a su casa. Melisa y Ricardo aconsejan y ahí es donde empieza un proceso creativo «muy bonito» y que da como resultado un mueble único: «Nunca repites un diseño, cada uno es muy especial».
Hablan de los muebles con el cariño del que les dedica tiempo y pasión para devolverles a la vida «con carácter» y sabiendo que «cada mueble de madera que reutilizas es un árbol menos que tienes que cortar». Son todo ventajas.


