La petanca es un deporte que siempre se asocia a nuestros mayores. Con la costumbre de verles en casa, haciéndose cargo de los nietos; ver cómo salen, quedan, hacen deporte y encima se lo pasan como niños, es algo que hace parase a la gente cuando los ve en la calle. En este caso nuestra ubicación es el Parque de las Chiribitas, junto al IES Hermanos D’Elhúyar.
Por la mañana, se puede ver a estos amigos jugando a la petanca en la zona que está preparada para ello. Se trata de las pistas ‘José Luis Mayoral’, uno de los impulsores de este deporte en La Rioja y quien fundó el Club Petanca La Ribera en 2001. «Para nosotros no hay mejor plan», comenta Emilio.

«Con esta edad muchos se meten en residencias, ya no pueden salir de casa o se nos mueren», dice Emilio. Para estos señores, el poder juntarse con sus amigos a jugar a lo que más les gusta como llevan haciendo los últimos cinco años, es un auténtico regalo.
Empiezan pronto a la mañana, sobre las diez horas, y lanzan bolas hasta las 12:30 horas. Puede hacer un calor abrasador como el de estos días o llover, que ahí van a estar, bajo los árboles. Su experiencia se remonta a años atrás y son muy diferentes entre sí. Pero, se pican y chinchan entre todos como un grupo de niños, tal y cómo explica Jaime: «Esto es como ver a un grupo de chavales jugando a fútbol, sólo que de más mayores».
En los bancos que se encuentran a su lado se encuentra la ‘grada de animación’, formada por unos cuantos señores que animan, sí; pero disfrutan mucho más lanzando pullas a los jugadores. «¡Qué mal estas jugando!», exclaman varios mientras otros añaden: «¿Pero cuándo ha jugado bien?». Con sus gorras y bastones, cogen posición sentados a la sombra para empezar con el aluvión de comentarios.
Otros, al ver que no hay espacio en el banco, prefieren posarse en sus andadores y disfrutar de la partida desde su trono. Comentan los lanzamientos, hacen bromas y se ríen cuando alguno de ellos lanza mal. Además, disfrutan poniendo nerviosos a jugadores con comentarios del estilo: «Ahí va Vicente, el rey de la gente». Sin duda unos críticos difíciles de camelarse.

Lanzando bolas desde hace años
«Yo me llamo Welcome», bromea Bienvenido o Bienve para los amigos, era químico y actualmente se dedica a tallar madera. Un hombre de 75 años cuya experiencia se remonta a cuando tan solo tenía 40 años. «Ahora ya llevo ocho sin jugar, antes estaba federado, pero lo dejé porque había rencillas y muy mala baba», explica.
Fueron esas cosas las que hicieron que perdiera el interés por el deporte al que tanto tiempo le dedicó y que tanto le gustaba. A pesar de todo, no ha renunciado a la petanca del todo: «Juego todos los sábados desde las diez a las doce horas». Por mucho que lo haya dejado de lado, «hay un gusanillo que te llama». Y, aunque no juegue, siempre se acerca al parque para ver jugar a sus compañeros, los anima y pincha a ver si el juego se pone interesante.
Otro caso es el de Vicente: «Llevo 36 años jugando». Nacido en Arenzana de Abajo, antes se dedicaba a vender periódicos en un quiosco. Todo comenzó cuando con 43 años tuvo un problema de corazón. Debido a ello, se iba a la Glorieta donde veía a la gente jugar, se sentaba a admirarles hasta que se animó a entrar en la partida. «Tengo 13 o 14 copas de primer clasificado de los torneos a los que he ido», cuenta.
«Desde que empezaron con mi tratamiento, hace cinco años, ya no quise seguir compitiendo», ahora se junta con sus amigos en el parque Chiribitas y disfruta de sus partidas en la sombra con sus ochenta años. Además, cuando va con su nieto tiene un entretenimiento añadido, ya que en esas ocasiones se queda fuera de la pista, en la grada: «Mi nieto está muy feliz con todos los abuelos».
Jaime era un comerciante de maderas que compró la tienda de chuches que está al lado de los cines Siete Infantes. Al ver que la tienda se llenaba, dejó su trabajo de comerciante para dedicarse de lleno a la tienda. «Empecé a jugar después de jubilarme, mi mujer ya jugaba y cuando me veía en casa me decía ‘¿qué haces en la cama?’. Y por eso empecé a jugar».
Tras eso, se federó en Oyón. Actualmente sigue jugando en las pistas del parque y su motivo para seguir lo aporta de manera irónica: «No es que la petanca me guste o no me guste, es que es el único deporte que podemos hacer», dice entre risas. Son un grupo de gente muy experimentada, y Jaime lo demuestra llevando un imán atado con un cordón al pantalón, «así no me agacho a por las bolas, que ya tengo la espalda mal».
De esta forma se libra de estos dolores. Sin embargo, este método le ha supuesto una nueva lesión: «Con esto me ha salido un dolor en el hombro, que me coge hasta casi la muñeca; debería dejar de jugar una temporada a ver si se me cura, pero no».

«A los jóvenes no les engancha»
Este, efectivamente, es un deporte atado a nuestros mayores. Pero, hay un lado joven en este mundillo, aunque sea escaso, y Cristian Díaz de 32 años es un ejemplo de ello. «Yo empecé por mi padre y ya llevo diez años jugando», comenta. «Pero esto en dos años tiene pinta de que vaya a perderse. La Rioja es la única comunidad en España que no cuenta con un equipo juvenil. Al final tenemos que darle las gracias a estos ‘abuelos’ porque si no ya no estaríamos hablando de petanca».
«A los jóvenes esto no les engancha, es un juego de viejos», señala. Lo cierto es que no es nada común el hecho de ver a gente joven practicando este deporte, sin embargo entre los más mayores es un completo éxito. El poder salir de casa a socializar, mantenerse activos, respirar aire fresco y hacer el deporte que les gusta; son muchos de los motivos por los que estas personas no se pierden un día de esta actividad que tanto les llena.


