Cultura y Sociedad

«Montar mi tallercito siempre ha sido mi sueño»

Marian Torres

El ambiente es el mismo que si te sientas con las amigas en un banco a tomar la fresca. Distendido, familiar. En resumen, perfecto. Los ojos de Marian se llenan de orgullo y de alegría cuando habla de sus alumnas.

María de los Ángeles Torres, más conocida como ArteMarian, lleva más de 30 años dedicándose a esto.  Empezó como alumna y de ahí pasó a ser ella la que impartía las clases «en asociaciones, colectivos y ese tipo de cosas». Pero siempre ha tenido claro lo que quería. Su tenacidad y su esfuerzo dieron sus frutos y, hace cuatro años, por fin, pudo abrir su propio negocio: «Montar mi tallercito siempre ha sido mi sueño».

¿Su punto fuerte? Los talleres. Cada una de sus alumnas «hace la labor que quiere, siempre guiada por mi». A sus talleres viene gente que está con ella desde que empezó a dar clases, gente joven, de todo tipo. Incluso algún que otro hombre «manitas» viene a sus clases.

En los talleres hacen de todo. Ahora, están haciendo un taller de decoración textil. Esta misma mañana, una abuela y su nieta han ido a tunear una camiseta y un bolso que, seguro, están contando los días para estrenar.

Algunas de sus alumnas no le dan mucha importancia a la temática de la clase: «Lo que quieren es continuar. Empezaron hace años y se han ido enganchando con otro tipo de cosas». Lo más importante es dar el primer paso y empezar. Luego, todo va rodado y es la imaginación la que sale a volar.

Aprender está bien, pero sin duda, lo mejor es «la piña» que hacen entre compañeras. De su taller han salido muchas obras de arte, pero también muchas amistades. Como dice Marian: «Al final, nos termina sirviendo un poco de terapia de grupo. Te evades y es tu rato para dedicarte a ti». Más que un grupo de clase, son una cuadrilla, «una gran familia».

Marian ha sido bendecida con el don de la imaginación, al que se suma la buena mano que tiene con todo lo que sean manualidades y artes decorativas: «Pintar, coser, ‘scrapbooking’…lo que quieras». Es polifacética: «No me centro solo en una cosa, la verdad es que soy muy dispersa y hago de todo, me da igual».

Pero, sin duda alguna, lo que más le gusta es «pintar muebles». Lo dice con rotundidad, sin pensárselo dos veces: «La ventaja que tiene la artesanía es que no hay más que una pieza de cada. Por más que queramos repetir, nunca se repite. Por eso la artesanía tiene su valor. Es eso, que tú veas en tu casa lo que tú quieres, no algo seriado».

Se nota mucho cuando alguien es feliz con lo que hace y es que a Marian se le nota en la cara que le encanta: le brillan los ojos cuando habla de que ha cumplido su sueño y se le ensancha la sonrisa cuando cuenta cómo sus alumnas han forjado una amistad que va más allá del taller que la vio nacer. «Estoy muy contenta. Estoy realizando mi sueño, trabajo, pero a la par, estoy muy a gusto y haciendo lo que yo quiero. Entonces el trabajo es mucho más liviano». En su taller, Marian ha podido aunar las dos cosas que más le gustan: estar con la gente y crear.

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