Cultura y Sociedad

«Hago de todo: las huellas de tu perro y el nombre de tu abuela»

Paula Canalejo

La decoración del estudio es minimalista. Casi inexistente. Aquí toda la decoración se lleva tatuada en la piel. Se entra siendo un lienzo en blanco y se sale con una obra de arte.

Esto de pintar era un hobby para Paula Canalejo. Hasta que pasó de ser una simple afición a ser su trabajo: «Estudié Diseño, pero no encontré que fuera lo que necesitaba y me gustara». No era un mundo en el que se sintiera cómoda, «el ambiente, la competitividad que hay, que también la hay en el tatuaje, pero no es la misma… es un rollo muy distinto. No me llenaba ni me hacía feliz». Tras quedarse en paro, retomó el dibujo «de una manera más constante» y ahí fue cuando se dio cuenta de que su vocación era el arte de decorar la piel.

Todo fue gracias a una amiga: le presentó a Iván ‘Voodoo’, un tatuador que trabaja en Haro y que había visto sus dibujos. Animó a Paula a empezar  y la invitó a aprender con él en su estudio. «Me tuvo ahí en su estudio, aprendiendo y dejándome hacerle mil preguntas cada día. Ahí empecé y ahí sigo».

Pillarla en La Rioja es casi un milagro. La semana pasada estuvo tatuando en Madrid, pero también ha trabajado fuera de España: «Viajo un montón. Me escribe gente y estudios de absolutamente todo el mundo y me invitan a ir una semana a trabajar allí». Todo gracias a las redes sociales y al boca a boca. Tiene muy claro que su cuenta de Instagram, @heyheybitches, es su escaparate de cara al mundo y, por eso, selecciona con mucho cuidado lo que comparte o deja de compartir: «Calculo que subiré solo un tres por ciento de todo lo que hago».

Paula está especializada en un estilo de tatuaje conocido como tradicional, pero hace «de absolutamente todos los estilos, realmente». En la versatilidad está la clave para el éxito.

«Hago las huellas de tu perro y el nombre de tu abuela, hago de todo», comenta entre risas. «Hay gente que viene con una idea muy clara de lo que quiere tatuarse y también hay quien le dice «me encanta todo lo que haces, te doy libertad absoluta para que hagas lo que quieras en este espacio». Es de lo que más le gusta de su trabajo: «La libertad y la confianza que te da el cliente a la hora de trabajar». Eso y cuando la gente repite con ella: «Para mí es un orgullo, porque siento que la gente está muy contenta con todo lo que les he hecho y confían muchísimo».

Como tatuadora, es consciente de que su trabajo implica cierta responsabilidad: «No tienes por qué coger todo el trabajo que te llega. He dicho que no a muchos tatuajes porque los veía inviables. No me siento bien haciendo algo que sé que no va a estar bien en un futuro, entonces me da igual el dinero que me vayas a pagar, no paso por ahí».

Sabe de lo que habla: «Hemos tenido que tapar muchos tatuajes». Desde nombres de exparejas, hasta algún que otro destrozo. Cuando llega alguien al estudio, «sobre todo gente joven, muy joven», con la idea de tatuarse el nombre de su pareja, Paula adopta el papel de madre: «Siempre recomiendo que, si te vas a hacer algo por tu pareja, no sea el nombre. Mejor hazte algo que represente un momento juntos o algo. Yo que sé, hazte una mariposa porque un día que quedasteis había mariposas. No es lo mismo llevar eso que ponerte Pepito».

La parte favorita de su trabajo es, sin duda, el diseño del tatuaje: «Coger esa idea y hacer algo nuevo, diferente, dentro de una misma estética que es la tradicional y lo contenta que se va esa persona». Al final, Paula sí ha podido sacar su vena más artística y convertir su afición en su profesión.

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