Bodegas Ontañon ha desarrollado un documento detallado en el que analiza las cinco primeras añadas del vino Mi Lugar (2017, 2018, 2019, 2020 y 2021, esta última aún en rama). Un trabajo en el que se han combinado las notas de cata de cada añada con un estudio de las condiciones climáticas que caracterizaron cada año vitivinícola. Con esta información se pretende identificar los perfiles organolépticos distintivos de cada vino y establecer su relación con el contexto meteorológico de la respectiva cosecha.
«Mediante este análisis buscamos comprender cómo las variables climáticas —pluviometría, temperaturas y otros factores meteorológicos— han influido en las características sensoriales de Mi Lugar, destacando la singularidad de cada añada. Este enfoque nos permitirá no solo valorar la calidad y personalidad de nuestro vino, sino también anticipar tendencias y optimizar nuestras prácticas para futuras cosechas», destacan desde la bodega.
Factores climáticos y su influencia
– Temperatura
Verano cálido: Favorece la acumulación de azúcares, lo que da vinos más alcohólicos y con sabores frutales maduros (e.g., ciruelas, moras). En 2017, el verano cálido y seco de Mi Lugar resultó en alta concentración de azúcares, con aromas intensos a frutas negras (arándanos, cassis) y sabores carnosos, aunque con menor acidez.
Noches frescas: Preservan la acidez y potencian aromas frescos y elegantes. En 2019, las noches frescas contribuyeron a un equilibrio ideal, con aromas vibrantes de grosellas, cerezas y notas balsámicas, y una boca fresca y aterciopelada.
Heladas: Las heladas primaverales, como en 2017 y 2021, reducen rendimientos, concentrando sabores en las uvas supervivientes, pero pueden desequilibrar la madurez fenólica, afectando la suavidad de los taninos.
– Precipitaciones
Lluvias abundantes: En años húmedos como 2018, las lluvias de invierno y primavera favorecen rendimientos altos y una maduración lenta, lo que da vinos equilibrados con acidez moderada y aromas complejos (romero, tomillo en Mi Lugar 2018). Sin embargo, el exceso de humedad puede aumentar el riesgo de enfermedades como el mildiu.
Sequía: La falta de agua, como en 2017, provoca estrés hídrico, concentrando azúcares y taninos, lo que resulta en vinos más intensos pero con menor frescura si la acidez cae. En 2021, las lluvias tardías de septiembre aliviaron la sequía, dando a Mi Lugar gran volumen y aromas expresivos.
Lluvias en vendimia: Pueden diluir sabores o retrasar la maduración. En 2021, las lluvias oportunas optimizaron la madurez fenólica, potenciando color y aromas frutales.
– Humedad y viento
Humedad: Niveles altos, como en 2018, pueden intensificar notas balsámicas (romero, tomillo). En Mi Lugar 2018, el monte bajo y los matices ahumados reflejaron estas condiciones.
Viento: Vientos frescos, como los del norte en 2020, mejoran la acidez y frescura, dando a Mi Lugar 2020 aromas de fresas, frambuesas y un carácter mentolado.
– Ciclo de la vid:
Brotación y floración: Una brotación temprana (2020) o retrasada (2018) afecta el tiempo de maduración. En 2020, la brotación explosiva y maduración rápida dieron un vino vibrante con frutos rojos y negros. La floración irregular (2017) redujo rendimientos, intensificando sabores.
Maduración: Una maduración lenta (2018, 2019) favorece la acumulación de polifenoles, dando taninos suaves y aromas complejos (incienso, trufa en 2019). Una maduración rápida (2017, 2020) concentra azúcares, potenciando sabores frutales maduros pero con riesgo de menor acidez.
Efectos en el sabor y aroma
– Sabor:
Años cálidos y secos (2017) producen vinos estructurados, con taninos marcados y sabores intensos pero con la suficiente acidez, como es el caso de esta añada.
Años frescos y húmedos (2018) generan vinos más ligeros, frescos, con acidez equilibrada y texturas sedosas.
Años equilibrados (2019) dan vinos redondos, con taninos pulidos y sabores frutales vibrantes, como en Mi Lugar 2019, descrito como vigoroso y aterciopelado.
Lluvias tardías (2021) aportan gran cuerpo y persistencia, como se anticipa en el vino en rama de Mi Lugar.
– Aroma:
Climas cálidos intensifican aromas a frutas maduras (cassis, moras) y notas especiadas (café, trufa), como en 2017 y 2019.
Climas frescos potencian aromas balsámicos (romero, tomillo), como en 2018 y 2020.
Equilibrio climático (2019) amplifica la complejidad, con notas de gominolas, incienso y minerales.
La huella climática en el vino
– Añada 2017: El calor y estrés hídrico dieron un vino concentrado, con aromas especiados (pimienta, trufa) y frutales (moras) y con una gran frescura en boca.
– Añada 2018: La maduración lenta por lluvias y verano moderado resultó en aromas balsámicos (monte bajo) y sabores frescos, con taninos suaves.
– Añada 2019: Condiciones óptimas produjeron un vino complejo, con frutas negras, especias y taninos sedosos, considerado el mejor equilibrio.
– Añada 2020: Vientos frescos y maduración rápida dieron frescura, con frutos rojos, tabaco y mentol, y una boca elegante.
– Añada 2021: Lluvias tardías potenciaron color y cuerpo, con aromas frutales y balsámicos prometedores, aún en desarrollo.
La añada climática moldea el perfil del vino al influir en la maduración de la uva, el equilibrio de azúcares, acidez y polifenoles, y la expresión del terruño.
En Mi Lugar, las variaciones climáticas entre 2017 y 2021 muestran cómo un año cálido (2017) da intensidad, uno fresco (2018) aporta frescura, y uno equilibrado (2019) logra complejidad y armonía. La selección cuidadosa de uvas y la elaboración meticulosa de Queirón adaptan estas condiciones para mantener la identidad de Quel en cada botella.


