Su acento te transporta a un lugar donde la brisa del Atlántico te despeina y el sol broncea tu piel. Donde el tiempo parece detenerse y en la atmósfera se respira la sensación de vivir en un eterno verano. Una veterinaria que terminó siendo escritora de manera fortuita: «De pequeña escribía y leía mucho, pero cuando empecé la carrera lo dejé». Elena Correa nació en un pequeño pueblo del sur de Tenerife: «Allí no había talleres de escritura, clases y demás. Ya de adulta me apunté a un taller en la biblioteca de mi barrio y ahí empecé otra vez a escribir».
Este camino, que Elena inició en su infancia y ha tenido alguna que otra pausa, ha culminado con la reciente publicación, de su primer libro, ‘Niñas sucias’, de la mano de la editorial riojana Pepitas de calabaza. El miércoles presenta su ópera prima en Semilla Negra, en la capital riojana. Pero no es la primera vez que visita Logroño: «Vine hace cinco años, pero no había podido estar tantos días como ahora. Me da la sensación de que la gente tiene tiempo de pasear, de estar sentada en un banco tranquilamente… En Madrid estás todo el rato acelerada, aquí se nota una calma diferente»
– ¿Cómo termina una autora canaria publicando en una editorial riojana?
– Cuando estaba escribiendo ‘Niñas sucias’ leí ‘Yeguas exhaustas’ y me encantó, y no sé por qué dije que quizá mi libro podría encajar. Y así fue.
– ¿Cómo ha sido el proceso de publicar su primer libro?
– Ha sido muy guay. Yo no sabía cómo funcionaba el sistema de publicación de un libro, he sido muy lectora, pero no tenía ni idea de la otra parte y es curioso. Luego te hace reflexionar mucho de lo poco que duran los libros como novedades en las librerías con el trabajo que llevan detrás. A los lectores y lectoras no les da tiempo de asumir la cantidad de novedades que hay. Ni a las librerías. Entonces ves lo efímero que es con el trabajo que lleva.
– Escribe sobre la turistificación, la maternidad, la soledad… ¿Por qué decidió tratar estos temas en formato cuentos?
– Me interesaba dar una visión diferente de distintas circunstancias y creo que el cuento te da esa posibilidad. De tratar diferentes temas con diferentes protagonistas. Me resultó mucho más sencillo que si lo hubiera pensado como una novela.
– ¿Y por qué esos temas?
– Son temas de los que me cuesta hablar en general. Para mí la escritura del libro fue una especie de sacar un poco la rabia contenida y expresarla de manera.
– Un proceso de catarsis.
– Sí. Ha sido un proceso de hablar de soltar muchas cosas que me apetecía hablar en general desde hace tiempo. Al final, la forma en la que me sale más sencillo contarlo es de esta manera.
– Aunque viva ahora en la capital, ¿sueña con volver a Tenerife?
– Por una parte sí. Pero por otra… soy bastante consciente del problema que hay ahora en Canarias. Es decir, no idealizo las islas. Me gustaría porque mi familia está allí, es mi entorno, pero por otro lado me genera mucho conflicto porque cada vez que voy tengo la sensación de que la cosa empeora cada vez más rápido. La masificación es cada vez mayor. Antes nunca había atascos y ahora es una locura. Entonces sueño con volver, pero sabiendo que a donde vuelvo no es el mismo sitio del que me fui en cierto modo.
– Sueña con volver a la Canarias de su infancia.
– Claro, pero eso ya no existe. Es más, yo viví en Canarias ya con turismo. Bueno, hasta mis padres vivían ya en Canarias con el turismo. Lo que pasa es que ha cambiado muchísimo: antes estaba más concentrado en hoteles, no había tantos como ahora, no había tanto volumen… Entonces yo soy consciente de que no volvería al mismo sitio. Mi pueblo, que es muy pequeño, ya no es el mismo. Ya hay viviendas vacacionales y muchas cosas que antes no había. Antes éramos la gente del pueblo y poco más. Entonces por eso te digo que me gustaría volver, pero es inviable.
– De niña, ¿se sintió un poco huérfana culturalmente en Canarias?
– Es complicado. Soy de la parte más turística de la isla y cuando eres pequeña no tienes muchas cosas a tu alcance. Y tampoco recuerdo leer autores o autoras canarias, pero no tenía referentes. Creo que eso ahora sí que está cambiando un poco. Antes lo que más llamaba la atención o lo más importante era lo que venía de fuera y no lo propio.
– Ahora sí que se habla más de escritoras canarias.
– Sí y es un momento muy bonito porque hay muchas autoras jóvenes hablando de temas de los que no se han hablado antes y que nos preocupan realmente a la gente de Canarias. Es una literatura que parece que escribimos para nosotras porque es algo muy local, pero está llegando también a la península y es muy interesante porque hace muchos años que no se ponía el foco en las islas desde otro punto que no sea el turismo.
– A la hora de escribir, ¿qué escritoras le inspiran?
– Lo que más me gusta es la literatura latinoamericana. Autoras como: María Fernanda Ampuero, Mónica Ojeda, Mariana Enríquez y Fernanda Melchor. Pero, también, autores como García Márquez o Elena Garro.
– ¿Y alguna lectura recomendada para este verano?
– Es una novela un poco fuerte, una distopía, pero recomendaría ‘El cielo de la selva’ de Elaine Vilar Madruga.


