Cultura y Sociedad

Murales contra el olvido: la memoria no es pasado, es semilla

Las mujeres de negro -hermanas, hijas, madres, novias de hombres asesinados en La Barranca- reviven en las paredes de la librería Semilla Negra

Aquellas riojanas que se negaron a que el olvido ganara la batalla ocupan desde hace unos días un lugar especial en la calle San Juan.  Son las mujeres de negro: hermanas, hijas, madres, novias de hombres asesinados en La Barranca se reunían allí para rendirles homenaje. La librería Semilla Negra decidió retratarlas y dedicarles un espacio en pleno Casco Antiguo. «Por reconocimiento y reivindicación de su figura», explica Víctor Sáenz-Díez. Un mural que no grita ni susurra. Pero habla con la certeza de saber que la memoria no es pasado, es semilla.

Durante la dictadura, «cada uno de noviembre iban a pasar el día con sus familias, adecentaban el sitio y ponían flores». Un acto que puede parecer inocente, pero nada más lejos de la realidad. En pleno franquismo, hacer eso alrededor de una fosa común en la que yacen asesinadas, pero nunca olvidadas, 400 personas, era una declaración de intenciones. Ningún caudillo iba a poder silenciar ni amedrentar a estas mujeres. «Se enfrentaban de forma pacífica a la Guardia Civil cuando les preguntaban que porqué iban, si allí no había pasado nada». Pero se quedaron y siguieron yendo año tras año. Su legado aún perdura: en 1979 se construyó el memorial de La Barranca, uno de los primeros de España y que se ha convertido en el epicentro de la memoria en La Rioja.

Sobre las cabezas de estas mujeres, hay escritas unas líneas. Son una de las cartas que los asesinados escribieron a sus familias antes de morir. Algunos sabían lo que les esperaba. Otros, en cambio, vivían totalmente ajenos a lo que iba a ocurrir. Tenían la conciencia tranquila: no habían cometido delito alguno. Pero no eran conscientes de que para el nuevo régimen, defender unos valores contrarios a los suyos sí era un delito. Y un motivo para asesinar.

En la pared de enfrente, un hombre y su hijo las observan. Sus caras aparecen tapadas. No por negar su identidad, si no para representar «que no fue solo él, fueron muchos más». El franquismo terminó con la vida de 2.000 riojanos.

Quienes aparecen retratados son el abuelo y el tío de Félix Caperos, para quien es «un lujo que su memoria permanecer». Su abuelo fue asesinado uno de los últimos días de noviembre de 1936. «A partir de ese momento, a mi abuela se le tiñe de negro toda su vida».

Miguel Caperos era concejal del PSOE en Casalarreina: «Cuando estalla la guerra, intentó pasar a zona republicana, pero lo atraparon y lo metieron al Fuerte de San Cristóbal, en Pamplona». Durante los meses que permaneció encarcelado, no dejó de escribir cartas a su mujer, Teresa. «Cuando lo trajeron a Logroño en noviembre, estuvo un tiempo en la cárcel hasta que lo sacaron y lo fusilaron en La Barranca», cuenta su nieto, Félix.

La foto aparece rasgada por la mitad. Al otro lado, aparecían otro familiar que «no hizo nada por salvar a mi abuelo, entonces mi abuela rompió la fotografía por la mitad», explica Félix.

«A mi abuela le destrozaron la vida. La dejaron viuda con cuatro hijos. El asesinato de mi abuelo nos ha marcado a la familia entera». Por eso, la noticia del mural fue recibida con gran alegría por todos: «Para nosotros, que se siga valorizando y recordando a una persona asesinada que lo único que hizo fue ser concejal de pueblo, es muy importante».

Hablar de lo que pasó es enormemente importante: «Porque que generaciones presentes y futuras tienen que saber que el odio lo que engendra es violencia y que todavía, muchas de esas víctimas, no descansan con sus familias».

Siempre se ha dicho que aquí en La Rioja no pasó nada. Pero la realidad es que aquí pasó todo y seguirá pasando mientras queden cuerpos sin nombre y cartas sin destinatario.

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