Cultura y Sociedad

«Nos reivindicamos como una editorial de provincias»

Víctor Sáenz-Díez

La calle San Juan es, hoy en día, sinónimo de pinchos. Pero hubo un tiempo, no muy lejano, en el que era «una especie de ciudad dentro de la ciudad», cuando en la misma calle había «todo tipo de comercio». Ahora, en cambio, si te das un paseo observarás que «prácticamente no va quedando nada, solo quedan bares, es lo que los turistas demandan».

Junto al Envás, frente a lo que antaño fue el Bueno…Bueno!!!, donde el olor a pinchos apenas deja espacio en tu cerebro para procesar nada más, se encuentra un espacio dedicado a la cultura. Una especie de recordatorio de que en el Casco Antiguo hay vida más allá de los bares.

Abrir una librería en plena San Juan «fue una decisión muy consciente y de estar donde vivimos». Y así, nació Semilla Negra: el escaparate terrenal donde la editorial riojana Pepitas de Calabaza se materializa, donde lectores y curiosos pueden entrar a palpar, oler y ojear los libros.

No son pocos forasteros los que «vienen a tomar algo, ven la editorial, la reconocen, se sorprenden de que sea de Logroño y siempre se llevan algo», explica Víctor Sáenz-Díez quien atiende, siempre atento, detrás del mostrador. Pero ahí no termina su labor: también es uno de los editores de Pepitas.

Semilla Negra es una librería peculiar. La forma en la que los libros están colocados no es lo común: «Es una rareza. Todos los libros están de cara, porque a todos se les da la misma importancia. En las librerías normalmente se pierden los libros en las estanterías, todos acumulados de canto. Aquí intentamos que se muestre todo nuestro trabajo».

Aquí entienden la librería como «una especie de editorial», defienden que «cada librería tiene o debería tener un criterio de selección y de formar un conjunto de libros que es lo que te da personalidad».

Una editorial de provincias

En Pepitas de Calabaza hay varias líneas de publicación. «Por un lado, estás las obras traducidas, que nos llegan o porque otra editorial contacta con nosotros o porque un amigo que vive en otro país nos contacta, o porque quien nos escribe es directamente el autor». La segunda vía es quizá la más poética: Pepitas rescata libros que se niega a que caigan en el olvido. «Son libros descatalogados, libros que nos vamos cruzando o que leímos hace años y que, por distintas circunstancias, ahora no están disponibles, y los rescatamos», cuenta Víctor.

La última es, tal vez, la más complicada: es el nacimiento de una obra. El paso de manuscrito a libro. De proyecto a realidad. Son libros que no se habían publicado antes y que llegan hasta Pepitas de diferentes formas: «O por recomendaciones o porque es el mismo autor quien lo envía». Al fin y al cabo, como explica Víctor: «En una editorial te vas haciendo con un círculo de gente que tiene relación con este mundo y te va haciendo recomendaciones».

No es un trabajo sencillo. Implica tomar decisiones que pueden provocar que el que podría ser El Quijote del siglo XXI se quedara guardado en un cajón. Por eso el ojo, el instinto, del editor es algo que se entrena, porque es imposible publicar todo lo que reciben: «Nos llegan en torno a quince o veinte manuscritos al día. Somos un equipo pequeño, no podemos leerlos todos».

El mercado editorial de España está saturado: «Se publican entre 700 y 800 libros a la semana». Por eso, en Pepitas apuestan por la calidad antes que la cantidad: «Como editorial, publicamos los libros que recomendaríamos a un amigo».

Para Víctor, todos los libros que publica «son apuestas, aunque no se vendan o tengan años nosotros los seguimos defendiendo y los seguimos recomendando». Lo importante de un libro «es que genere conversación y sacar temas a la luz que igual no se hablan mucho y ponerlos en la calle y entre las personas. Porque un libro que no te agita y que no te hace pensar, para mí no tiene mucho recorrido».

Desde Pepitas se reivindican «como una editorial de provincias y trabajamos mucho la ciudad y la importancia que tiene vivir en un sitio un poco al margen». Y vaya si es importante ser de provincias y, sobre todo, reivindicarlo con orgullo, como hacen en las páginas impresas por esta editorial, donde las historias que se narran llegan de todas partes del mundo, pero se leen con un marcado acento riojano.

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