Agricultura

Frutales a cubierto, cosecha salvada

Cubrir una hectárea de perales ronda los 25.000 euros, pero es la mejor solución contra el granizo

Roberto Pérez, de Frutas del Valle de Moncalvillo. | Fotos: Leire Díez

Es un año frenético para el campo. Enfermedades, plagas, calor extremo y tormentas con granizo han trastocado todo plan de buena cosecha que pudiera haber en La Rioja. Los frutales, entre otros, son algunos de los cultivos más afectados y, en especial, los perales. Una campaña más, la expansión del fuego bacteriano desespera a los agricultores, más si cabe cuando sus árboles han soportado el golpe de la piedra después de las diversas danas que han protagonizado el ciclo, proliferando así los focos de esta enfermedad.

Ante la falta de un tratamiento que combata esas ramas negras y la consecuente pérdida de producción, las mallas antigranizo funcionan como un perfecto sistema de protección. Roberto Pérez, responsable de Frutas del Valle de Moncalvillo junto a su hermano Richar, comenzó hace siete años a colocarlas en sus fincas y ya son una veintena de hectáreas de perales las que están a cubierto de un total de 60 hectáreas repartidas en el entorno del valle del Iregua.

No es la única empresa en La Rioja que cuenta con estas mallas, aunque su instalación siguen sin estar extendida en el sector, principalmente, por el elevado coste que supone. Roberto calcula que cubrir una hectárea de perales ronda los 25.000 euros, teniendo en cuenta que hay que renovar la instalación cada 20, 25 o 30 años en función de su deterioro, pero ese es el coste de salvar una cosecha frente a las inclemencias del tiempo. «Hay muchos agricultores que están ya próximos a jubilarse y no quieren arriesgarse porque no tienen relevo. Por no hablar de que hay fincas muy pequeñas en las que no merece la pena colocarlas. Yo creo que a partir de 0,8 hectáreas es viable».

Una inversión que también frena a estos hermanos a la hora de ir ampliando la superficie de perales protegidos por mallas, tal como relata en el podcast La Voz del Agro el de Frutas del Valle de Moncalvillo desde una parcela en Entrena de unos 20 años que fue reconvertida para colocarle mallas: «Nuestra idea es ir cubriendo toda la explotación porque estamos en una zona en la que se junta el valle del Iregua y las faldas del Moncalvillo y aquí entran siempre las tormentas. Hemos tenido muchos años de piedra y por eso todo lo que hemos plantado joven lo hemos puesto ya con mallas. Pero claro, la inversión es enorme y también llevamos muchas fincas pequeñas de otros agricultores y ahí no colocamos».

Lo que es evidente es que la protección frente a la piedra es total, por lo que los hermanos Pérez no contratan el seguro agrario frente al granizo. «Tenemos el seguro que cubre daños por heladas y mal cuajado, que es más barato que el de la piedra, así que ya tengo un ahorro. Piensa que si en una hectárea de perales tienes todos los años unos 2.000 euros de seguro contra el granizo, en diez años ya con ese dinero has pagado una malla para esa hectárea», señala.

Con ello lo que buscan es tener género durante todo el año: «Nosotros somos productores, almacenistas y comercializadores, por lo que nos interesa tener producto para poder servir a nuestros clientes de los mercados, supermercados y mercados centrales. Y, además, tenerlo durante todo el año porque comenzamos la campaña a finales de agosto y terminamos a principios de agosto del año siguiente. No tiene nada que ver con el funcionamiento de un agricultor normal que vende a una central y si un año le cae piedra, cobra el seguro y luego lo que queda en los árboles lo vende a la central con otra categoría más inferior para salvar la campaña».

El fuego bacteriano, sin embargo, sigue ahí. La bacteria que entra por las flores y por las heridas que deja el granizo continúa secando los árboles de esta empresa familiar riojana pese a todos los esfuerzos. «Tenemos a diez o doce personas todo el verano recorriendo las fincas para retirar las ramas afectadas por el fuego y claro, eso nos está elevando los costes de producción muchísimo. Desde el año pasado esta enfermedad nos está matando y si no se logra parar el futuro del peral va a ser muy corto. En 2024 tuvimos una pérdida de producción de entre el 30 y el 40 por ciento, pero es cierto que este año en Entrena estamos mejor que en la zona de Navarrete que granizó mucho. Aunque también hay mucha diferencia entre las fincas que tengo con malla y las que no, que en esos casos están destrozadas por el fugo».

En este sentido, Roberto incide en el papel de las Administraciones para ofrecer un producto que proteja los árboles y «de una tregua» a los agricultores. Reconoce que el futuro de estos frutales pasa por instalar mallas antigranizo, «siempre y cuando exista una solución contra el fuego». En su caso el año pasado tuvo que arrancar una finca de media hectárea plantada hace cuatro años a causa de la enfermedad. Pero después de replantarla, el fuego ha vuelto a aparecer.

Un campo cambiante

Roberto tiene claro que el cambio climático ha alterado el funcionamiento agrícola. «Aquí antes echabas un peral simplemente y en tres años salía solo. Ahora lo pones, le echas de todo, lo mimas desde pequeño y cuesta muchísimo que crezca y se haga algo. Ahora una finca tarda diez años en estar en producción cuando antes le costaba cuatro».

Los perales también reflejan estos efectos y este productor asegura que, ante esta meteorología, las fincas se comportarán mejor a cuanta más altitud estén. «Es decir, ahora hormilla está un poco mejor que Entrena, Entrena está un poco mejor que Agoncillo y este está un poco mejor que Alfaro, por ejemplo. Al final, a mayor altura las noches son más frescas y hay mayor diferencia térmica entre el día y la noche».

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