Gastronomía

Kike Fernández y el alma de Meraki: cocinar con amor desde Nájera

A Kike Fernández le brillan los ojos. Ha vuelto a madrugar, como siempre, para dejar todo perfectamente organizado para cuando llegue hasta su bar y restaurante el aluvión de clientes que de a diario se acercan a mediodía y a la hora de la cena para disfrutar de su oferta gastronómica. Tiene una cocina pequeña, justa, bastante justa. Pero lo suficientemente grande gracias a las cualidades que atesora a uno de los chefs que más vienen empujando para liderar la nueva cocina riojana. «A mí no me hables de esas cosas, que lo importante está en lo que pasa ahí dentro -señalando a la cocina- y cómo atendemos aquí fuera -indicando las mesas altas, la barra y el pequeño comedor del fondo-«. Y los ojos le brillan de felicidad porque está en el lugar que él ha elegido, el Meraki, uno de esos locales que elevan el nivel, en este caso en Nájera.

«No, mi mujer no es cocinera. Es bióloga», explica el chef najerino de 36 años. «Fue ella quien encontró el nombre Meraki. Le encantó y me lo pasó. Estábamos buscando algo distinto, con fuerza, porque queríamos hacer algo diferente a lo que había en el pueblo. En cuanto vimos la palabra y su significado, nos enamoramos». ‘Meraki’ es una palabra de origen griego que no tiene una traducción exacta al español, pero cuyo significado es muy especial. Se usa para describir cuando algo se hace con amor, creatividad y poniendo el alma en ello. Es hacer algo con total dedicación y pasión, dejando una parte de ti mismo en lo que estás creando o haciendo. Por ejemplo, si alguien cocina con meraki, significa que lo hace con mucho cariño y entrega, cuidando cada detalle. Como Kike Fernández.

Concepto que muestran a quien traspasa la puerta del Meraki, ubicado en la plaza del Ayuntamiento de Nájera. «Lo hemos puesto en la carta, y también en ese cuadro que ves ahí colgado». Es toda una declaración de intenciones. «Pero una cosa es decirlo y otra cumplirlo. Es difícil, nos exige mucho. Porque al principio es sencillo, la gente venía a ver qué hacíamos, pero ahora ya viene aquí con expectativas altas. Y hay que estar a la altura».

El 1 de agosto de 2022 comenzó esta historia najerina. En solo seis meses ganaron el Concurso de Pinchos de La Rioja. Aquella oreja fue un antes y un después para el Meraki. «Fue un empujón brutal». Pero les obligó a ponerse las pilas. «Al día siguiente del premio tuvimos una reunión con el equipo: «Chicos, esto va a traer mucho trabajo y mucha gente, pero también puede significar un salto importante», recuerda Kike Fernández. «Hay que mantener el nivel, sin volverse loco», plan perfectamente trazado que les ha llevado a ganar en este 2025 una nueva edición de este Concurso de Pinchos de La Rioja, con su Danzador.

Pero el Meraki no es solo un buen lugar para tomar unos pinchos. «Tenemos pinchos, pero más cosas. Está lo que llamamos ‘Vermuteando’, con raciones, croquetas, pollo frito, platos para compartir». Y más. «Tenemos carnes, pescados, arroces hechos al momento». Y desde hace unos meses, «hacemos un menú degustación mensual con seis pases y bebida incluida. Todo por 35 euros». Es lo que le permite dar rienda suelta a su creatividad, mantenerse alerta, actualizado: «Cambiamos los platos cada mes, hemos sacado más de 50 platos nuevos fuera de carta en tres años».

Kike Fernández es sin duda un cocinero tradicional. Es un chef de guiso, de fondos. Le viene de la cocina de su madre y sus abuelas. Y nada sale al escenario de Meraki «si primero no me gusta a mí». Y desde esta tradición de la gastronomía riojana, «le damos una vuelta con alguna técnica o presentación distinta, pero sin perder el sabor ni la presencia del producto local».

Ezcaray, Logroño… apuesta por Nájera

Nájera es el jardín de su infancia, el lugar en el que quiere prosperar. «Soy de aquí y aquí debo estar». Y la respuesta de los najerinos está siendo fantástica. Se sigue sorprendiendo del cariño que recibe de sus vecinos, los mismos que le vieron bañarse en el Najerilla o disfrutar de las Vueltas en el día grande de las fiestas patronales. «Salgo a la calle y la gente me para, me felicita. Pude tirar el cohete en las fiestas. Es una pasada. Nunca me lo habría imaginado». Un premio diario que eleva la exigencia. «Si algo tengo claro es que sin trabajo, constancia y humildad, no hay nada. Puedes sorprender en un concurso, pero luego hay que demostrarlo cada día en casa», como hace en Meraki.

Estudió en la Escuela de Hostelería de Santo Domingo. Allí comenzó a cocinar. Estuvo desarrollándose profesionalmente en Ibiza, en Navarra, en Haro, en Logroño… «pero mi corazón estaba en Nájera». Y eso que Ezcaray fue una plaza que estuvo en su cabeza para montar Meraki. «Mi mujer es de Ezcaray, y pensamos en que era un lugar fantástico para abrir, donde la competencia si cabe es aún mayor», pero «yo solo puede estar en un sitio».

Y éste es Nájera. Y de momento «solo Nájera». «Creo que siempre existe la tentación de abrir un local parecido en Ezcaray o incluso en Logroño. Porque me pregunta si no quiero bajar a la capital». «Me lo han dicho muchas veces, que si Logroño, que si Ezcaray… pero yo solo puedo estar en un sitio. Cambiamos platos cada mes, trabajamos mucho en el menú. Si abro otro sitio, perdería calidad. Prefiero seguir mejorando aquí, día a día. No es una cuestión de dinero, es de hacer bien las cosas». Con cariño, es decir, con Meraki.

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