Las primeras cerezas de la temporada ya lucen expuestas en las barcas listas para su venta. Ramillete va y ramillete viene para saborear este fruto rojo que esta campaña ha llegado con la atención fijada en las continuas lluvias de primavera. Después de varias semanas supervisando las fincas para comprobar el estado del producto, llega el momento determinante del año. Javier Sampedro, de Frutas JSP en Lardero, comenzó la recolección en la segunda quincena de mayo, una semana más tarde respecto a las fechas habituales, con esas primeras variedades como son la burlat y las cuales ya están fuera de peligro antes posibles nuevos fenómenos meteorológicos.
Las que no han corrido tanta suerte son el resto de cerezas, a las que las tormentas de este pasado miércoles golpearon en el peor momento posible a las fincas que se reparten entre Lardero y Alberite. «Ya habíamos terminado con las cerezas tempranas y ahora estábamos empezando con las más duras, las que son más rústicas y grandes y también las que demanda más la gente, justo cuando el miércoles irrumpió la tromba de agua. En cosa de cinco minutos cambió todo y fastidió por completo la campaña en esta zona», lamenta este agricultor.
Asegura que el cien por cien de la producción está tocada, con algunas cerezas ya rotas que no sirven para su venta. «Por suerte, vendemos casi todo el género nosotros mismos en tiendas y mercados y las cerezas que están algo golpeadas sí se pueden salvar. En cambio, las que van para industria que se destinan a hacer mermeladas ya no se van a poder usar porque la fábrica no te coge las cerezas con golpe».
Si bien las lluvias de primavera ya retrasaron la maduración de la cereza, las previsiones eran optimistas en cuanto a la calidad y es que las cerezas más tardías venían algo más mermadas en producción, pero con buen calibre (lo que determina su precio final). Unas buenas sensaciones que ahora se han empañado con este nuevo chaparrón, pero Javier continuará llevando sus ramilletes a sus puntos de venta fieles: su tienda en Lardero, los mercadillo de Nájera y Santo Domingo de la Calzada, y la central Merca Rioja, desde donde se distribuyen a tiendas riojanas.
Aunque lo que ha corrido peor suerte tras el paso de las tormentas son sus peras, melocotones, nectarinas, albaricoques y paraguayos: «Toda esta fruta de hueso y pepita está muy tocada y ahora habrá que esperar a que los seguros evalúen los daños».
Hasta Quel también han llegado las últimas tormentas. No con granizo, pero sí con abundante agua que ya era innecesaria para los cerezos. En Frutas Aldama comenzaron la campaña un 28 de mayo y desde entonces han avanzado a trompicones entre parar y retomar de nuevo la faena. «La buena calidad que traía la cosecha se ha echado a perder. La cereza ya no tiene la vida y la dureza que debería tener y es porque desde que comenzó a cuajar ha estado mojada y eso no es nada bueno», lamenta Ángel Aldama.
Estos días estaban recogiendo ya las variedades de media estación cuando volvieron a sorprender las lluvias. Y después, de nuevo bochorno. «El calor y la humedad es el caldo de cultivo perfecto para los hongos e incluso estamos viendo ya algo de mosca, cuando el año pasado no hubo nada. Sin duda, un año complicado que está trayendo una cosecha muy irregular», reconoce. En su caso, de hecho, calcula que la merma de producción por esta inestabilidad meteorológica rondará el 30 por ciento.
Aldama posa sus esperanzas ahora en las variedades tardías, las cuales «vienen muy bien en cuanto a producción». Confía comenzar su recolección en unos diez o quince días, si el tiempo no vuelve trastocar los planes. «En este caso hay más cosecha, pero hasta que no estén las cerezas en las cajas prefiero no aventurarme con nada».


