«Hay que romper muchas barreras, muchos prejuicios». Para Imane, una joven argelina que llegó a España hace años, el obstáculo del idioma al que tuvo que hacer frente fue doble. Por un lado, no sabía español y, por otro, aún no conocía la lengua de signos española. «La barrera más importante es la falta de comunicación con el resto de la sociedad», apunta.
«La sordera no solo implica no oír, si no que va mucho más allá. Tienen una lengua reconocida como su lengua oficial. Tienen su propia identidad, su propia cultura. Su propia forma de ver el mundo, porque nosotros a a través del lenguaje tenemos una visión de lo que es el mundo y lo entendemos de una manera. Ellos no tienen el lenguaje adquirido de manera oral, entonces lo entienden de manera diferente», explica Ángela, intérprete de la Asociación de Personas Sordas de La Rioja, coincidiendo con el Día Nacional de las Lenguas de Signos Españolas que se celebra este sábado.
«Son como extranjeros en su propio país, por eso se habla de comunidad sorda. Ellos se relacionan entre ellos, van a las asociaciones de sordos para hacer sus actividades y no participan de la vida en sociedad con el resto, no acceden a conocer a gente nueva, porque no utilizan la misma lengua», añade Ángela.
Encontrar trabajo no fue sencillo para Imane: «La Asociación de Personas Sordas de La Rioja me apoyó muchísimo, pero aún así fue muy difícil porque igual pensaban que por ser una persona sorda no iba a poder realizar bien el trabajo, pero al final lo puedo hacer como cualquier otra persona».
Jerusalén es la responsable del Servicio de Empleo de la Asociación de Personas Sordas de La Rioja y afirma que la base del problema es que a la hora de acceder a la formación no hay accesibilidad. También señala «la falta de sensibilización y conciencia de los empresarios».
«Faltan intérpretes y falta accesibilidad»
Es la principal reclamación de Imane y Natalia, presidenta de la Asociación de Personas Sordas de La Rioja. «Hay muchos espacios en los que yo no puedo comunicarme de manera independiente. En el día a día hay muchos ámbitos que no están adaptados», indica Imane.
En el ámbito sanitario es donde más carencias detectan desde la asociación. Para urgencias, por ejemplo. «Algo que digan por megafonía o una enfermera que sale a llamar a la persona diciendo su nombre, son cosas que una persona sorda no va a escuchar», señala Natalia.

«En general, el sistema sanitario no tiene en cuenta las necesidades de las personas sordas. En los centros de salud, para pedir o cambiar una cita, te llaman por teléfono. Hemos solicitado muchísimas veces que se adapte para las personas, que envíen un SMS o un WhatsApp, porque si no tenemos que dar el número de teléfono de las intérpretes y yo tengo derecho a mi autonomía personal».
«Para cualquier cita médica necesitamos a las intérpretes para que hagan accesible la comunicación. Entonces al final no tenemos una autonomía plena, siempre estamos dependiendo de una intérprete que accede a todos los ámbitos de nuestra vida», explica Imane.
Por no hablar de la salud mental. «Es importante que los profesionales de la psicología conozcan las características y peculiaridades de las personas sordas y cómo comunicarse con nosotros. Que vaya una intérprete a una cita va a provocar que la persona no se sienta en confianza de expresar todo lo que quiere», señala. También añade que es necesario adaptar el Teléfono de la Esperanza.
Pero este ámbito no es el único en el que existen barreras. Los niños y niñas sordos no lo tienen fácil en los centros educativos. Natalia reivindica el respeto a la lingüística de las personas sordas y afirma que «la privación lingüística» puede ser perjudicial para los más pequeños: «El que les quiten el derecho a utilizar su propia lengua afecta a su desarrollo».
«Deben existir colegios realmente adaptados para cualquier tipo de sordera. No es suficiente solo con que haya intérpretes, también tiene que haber logopeda, maestro de audición y lenguaje, mediadoras comunicativas. Es una lista de profesionales diferentes para atender a las personas con discapacidad auditiva. ¿Cuál es el problema? El económico», señala la presidenta de la asociación.
La cultura tampoco es tan accesible como debería. Por ejemplo, Natalia no puede disfrutar de una tarde de cine con sus hijos porque las películas españolas no cuentan con subtítulos. O las fiestas de San Bernabé, ¿están realmente adaptadas? «Todos los espectáculos que hay en la calle no cuentan con intérprete. No hay accesibilidad real en esos ámbitos», denuncia Natalia.
«Seguimos sin tener accesibilidad universal de manera completa en muchos ámbitos de nuestra vida. Nos falta mucha autonomía y falta mucho trabajo para que la inclusión y la accesibilidad sea real», apunta Natalia.
En resumen: sin accesibilidad, no hay autonomía. Y sin autonomía, no hay inclusión real para las casi 4.000 personas sordas que viven en La Rioja.


