Llega junio y eso, en el caso de Logroño, significa dos cosas: San Bernabé y la PAU. Para tranquilidad de los estudiantes, no se solapan. Los días tres, cuatro y cinco de junio tendrá lugar la primera convocatoria de la selectividad en La Rioja.
Las bibliotecas de la capital viven su época de mayor ajetreo estas semanas. Decenas de preuniversitarios acuden a ellas para prepararse los que consideran los exámenes más importantes de su vida. Muchos de ellos ya tienen claro qué van a estudiar y dónde. Los más precavidos hasta tienen echado el ojo a la residencia en la que vivirán el curso que viene. Otros tantos van fluyendo. «Depende de la nota», comentan.
La biblioteca Rafael Azcona abre a las nueve, pero a menos diez ya se forma una cola de estudiantes que madrugan para poder coger un preciado sitio en la biblioteca. En la de La Rioja pasa tres cuartos de lo mismo. Abre a las ocho y media, y treinta minutos después, solo quedan sitios libres en la terraza. Y eso con suerte. Más de una vez alguno se ha tenido que volver a casa tras no llegar a tiempo, a pesar de hacerlo a la carrera, a coger un sitio.

En la puerta de la Rafael Azcona, cinco jóvenes se toman un descanso entre tema y tema. «Esta biblioteca nos gusta más. En la de Portales hay más gente y más ruido», explica Inés, a quien le gustaría estudiar Física. «Aún así nos quedamos a comer aquí porque a las cuatro ya está llena», cuenta Carla, que duda si estudiar Psicología en Salamanca o en San Sebastián.
Cada maestrillo tiene su librillo, y cada estudiante su modus operandi. «Por las mañanas me dedico más a las asignaturas teóricas y por las tardes a las que son más prácticas, como mates o física», explica Inés. Alberto, a quien le gustaría estudiar Física con Ingeniería Electrónica en Bilbao, cuenta que lo fundamental es no perder el tiempo: «Cuando te cansas de estudiar una asignatura, vas a otra, porque casi no nos queda tiempo».
A estas alturas de la película ya se saben las tablas de ponderaciones de memoria: si les compensa o no presentarse a las específicas y a cuáles, pero tienen claro que «nunca está de más hacerlo por si te va mal en las otras», como señala Daniela, quien también quiere estudiar Psicología.

Cuando preguntas qué es lo que más miedo les da, las respuestas se repiten. Matemáticas e Historia de la Filosofía se llevan el premio de ser las asignaturas más temidas. Los nervios están a flor de piel y la tensión se palpa en el ambiente, pero también hay quienes se lo toman con tranquilidad. «Yo creo que no soy del todo consciente todavía», cuenta Carla. «Los nervios vendrán el martes yendo a la Universidad, no sepas nada, no tengas las pegatinas. Ahí sí que van a llegar los nervios», comenta entre risas Inés, quien, como sus amigas, también se ha decidido por Psicología.
Todos tienen en mente la noche del día cinco de junio, cuando ya hayan puesto punto y final a este trámite. Y es que, los descansos y planear la celebración del próximo jueves son igual de importantes que estudiar: «Entre estudio y estudio, en los descansos lo planeamos», comentan riéndose.
Aunque estén muy emocionados por lo que les deparará la vida universitaria, también les da pena terminar esta etapa e irse de Logroño. A pesar de que Segundo de Bachiller ha sido un curso «muy duro, muy exigente e intenso», todos coinciden en que van a echar de menos las clases.

En la calle Portales, estudiantes, turistas y peregrinos se entremezclan formando una mezcla de lo más curiosa. A cualquier hora del día, todos los bancos cercanos a la biblioteca de La Rioja están ocupados por estudiantes comentando qué temas llevan bien y de cuáles solo se saben el título.
Sofía e Irsham quieren estudiar Farmacia, la primera en Alcalá de Henares y la segunda, en Vitoria. Ambas tienen una rutina muy similar: se despiertan a las siete y, a primera hora, ya están haciendo cola para poder conseguir sitio. Ahí estudian hasta las dos, cuando hacen un descanso para comer y, a primera hora de la tarde, vuelta al ruedo hasta que el cuerpo aguante.
La rutina de Idoia es igual, pero ella se ha decidido por el doble grado de ADE y Derecho en Pamplona. «Bastantes días nos quedamos aquí a comer para no perder tanto el tiempo yendo y viniendo hasta casa», cuenta ésta última. En el caso de David, que las acompaña en el estudio aunque algunas mañanas llegue un pelín más tarde, quiere estudiar Biología, pero aún tiene dudas de si hacerlo en Salamanca o León.
«Los fines de semana sí que tienes que venir puntual porque es cuando más se llena», cuentan y, más de una vez, les ha tocado irse a casa porque no quedaba ningún sitio libre.

Los cuatro prefieren estudiar en la biblioteca. «Al final como estás con tus amigos, te animas más a estudiar y el ambiente es totalmente de estudio, entonces te concentras mejor», explica Idoia. «Además con las dudas puedes preguntarle al compañero y te ayuda, o te pregunta a ti y mientras se lo explicas vas repasando tú también», añade Irsham.
Nuevo modelo de examen
Todos coinciden en que lo que más miedo les da es el nuevo modelo de examen y es que no es para menos: son los primeros que se enfrentan a él. «No sabemos cómo puede ser y solo tenemos un modelo de examen por asignatura», cuenta Sofía. Tienen una pregunta que sí o sí es obligatoria, pero en las demás tienen dos opciones.
Segundo de Bachiller ha sido un curso «contrarreloj», la PAU siempre estaba en el punto de mira y, según cuentan, incluso hay profesores que han seguido dando temario después de las evaluaciones porque no les había dado tiempo antes.

A todos estos preuniversitarios les queda menos de una semana para disfrutar del que será, probablemente, uno de los mejores veranos de su vida. Así que solo queda desearles mucho ánimo y que la suerte esté siempre, siempre, de su parte.


