«En Logroño no hay tranvía, pero hay Universidad». Esa estrofa del Himno a Logroño podría quedar obsoleta si de la Fundación Mobilitat Sostenible i Segura (MSS) dependiera, pues sitúa a la capital riojana como «clara candidata» a disfrutar algún día de este servicio «por sus características demográficas y configuración territorial».
Este organismo, en concreto, aboga por la viabilidad de un trazado de tranvía que se extendería a lo largo de 8 kilómetros por la ciudad, con doce estaciones separadas por 667 metros entre sí a lo largo de un trayecto que conectaría el Hospital San Pedro y la intersección de Carmen Medrano con Gonzalo de Berceo.
Según las estimaciones que baraja la Fundación Mobilitat Sostenible i Segura, al hipotético tranvía logroñés se subirían unos seis millones de viajeros cada año (el autobús urbano rozó el pasado curso los 11 millones de usuarios), a una media de 37 viajes por habitante, y podría alcanzar una velocidad comercial de hasta 60 kilómetros por hora. ¿Su principal hándicap? El precio: para su puesta en funcionamiento se requeriría una inversión de unos 116 millones de euros.
Una idea que viene de lejos
La idea de que Logroño tenga tranvía -como otros 15 municipios en España- no es fruto de una enajenación transitoria, ni tampoco un planteamiento del todo novedoso. Ya en 2008 (hace tres lustros), el propio Ayuntamiento de la ciudad -gobernado entonces por Tomás Santos (PSOE)- encargó un estudio sobre la viabilidad de implantar este medio de transporte.
En concreto, el concejal Domingo Dorado explicó que el fin de dicha asistencia técnica era diseñar una «distribución nueva de la ciudad que permita crear carriles bus y carriles bici» que sí vio la luz en los años sucesivos, aunque el tranvía se acabó quedando en un cajón. «Hay ciudades como Vitoria o Sevilla en las que yo hubiese pensado que no cabía un tranvía; pero resulta que, al final, cabe y funciona», se justificó el edil.
Dos años después llegaron las conclusiones de dicho estudio, que concluyó que la ciudad es «un escenario idóneo para la implantación» del tranvía, debido a su «diseño urbano y pautas de movilidad». Por entonces ya se miraba a la estación intermodal (en 2010 aún existía la antigua estación de tren), que facilitaría la creación de un tranvía para enlazar algunas de las zonas más concurridas de la capital.
El coste del proyecto de implantación, en plena crisis del ladrillo, motivó que el Ayuntamiento aparcase una idea que ahora vuelve a poner sobre el tapete la Fundación Mobilitat Sostenible i Segura (MSS). Y aunque el tranvía pudiera parecer un medio de transporte obsoleto, hace apenas dos años los jóvenes logroñeses defendieron la creación de un trazado para conectar sobre raíles Yagüe y Varea.


