Juan Martínez lleva 30 años viajando a diario desde Logroño, donde reside, al valle del Jubera, donde ejerce como farmacéutico. Un 1 de enero de 1995, dos años después de acabar la Licenciatura, se estrenó en la farmacia sita en Ventas Blancas, municipio dependiente de Lagunilla del Jubera, y ahí ha pasado prácticamente toda su vida laboral, y personal también. Porque ya se sabe que en estos oficios que se desarrollan en el medio rural el trato entre profesional y usuario a veces traspasa las líneas para convertirse en un trato más personal.
Trabajar en una farmacia de pueblo siempre fue el propósito de Juan, por eso de «tratar con gente lo más rural posible», pese a tener que depender más del coche. «Los desplazamientos nunca han sido un problema para mí. De hecho me gusta visitar diferentes sitios a diario, pero también lo tengo fácil porque los diferentes municipios están en un radio de 15 kilómetros».
Su lista de pacientes o vecinos, como prefiere llamarlos, roza los 200 incluyendo los de Lagunilla, Ventas Blancas, Santa Engracia, Jubera, San Bartolomé, Robres del Castillo e incluso Santa Marina (aldea que visita una vez cada dos meses). Además, entre esos usuarios se encuentran los más de 70 mayores que están ingresados de forma permanente en la Residencia Ruiz de Ventas Blancas. Toda la información personal entre nombres, números de seguridad social y direcciones, las guarda a buen recaudo en su fichero personal para diseñar así sus rutas diarias.
En horario de mañana abastece a Ventas Blancas desde su farmacia y por las tardes comienza el recorrido por el resto de municipios. «Hay días fijados para cada uno, pero si surge una urgencia voy allá donde se me necesite, sea por la mañana o por la tarde, así que cada día es diferente. Me organizo en función de los pedidos que tenga para esa semana en los diferentes pueblos». Una máquina perfectamente engrasada después de tres décadas al servicio de este valle.
Pese a que legalmente existe un botiquín rural en Santa Engracia (en La Rioja hay un total de 46 servicios de este tipo que cubren un censo global de 6.691 personas), Juan reconoce que nunca ha llegado a usarse como tal: «Al final yo cubro ese servicio todas las tardes yendo de pueblo en pueblo para atender las demandas de los vecinos. Sí que podría ir a Santa Engracia y esperar a que lleguen los pacientes, siendo ellos los que se desplacen, pero creo que es más sencillo y práctico mi modo de trabajar porque en media hora o menos he repartido toda la medicación y así la gente no se molesta en salir de casa, haga calor en verano o frío en invierno. Pero, claro, para eso tiene que querer hacerlo el boticario de la zona».
El farmacéutico asegura que antes de aterrizar él en el valle del Jubera era un autobús el que llegaba a Ventas Blancas para hacer el servicio de boticario, «pero el resto de pueblos se tenían que buscar la vida». «Así que yo desde el primer día sabía que por el bien de los vecinos lo mejor que podía hacer era darme un paseo todas las tardes para conocerles. Y eso lo agradecieron porque aunque sean pocos vecinos, la mayoría es gente mayor o que no conduce. Además, aparte de llevar la medicación se crea un vínculo diferente con la gente porque hay quienes te cuentan también sus problemas», reconoce.
Buena cuenta da de ello Pilar. Vecina de Lagunilla del Jubera, remarca lo «necesaria y gratificante» que es la labor de este farmacéutico: «Da todas las facilidades posibles a los pacientes, con un contacto directo y muy personalizado».
«Aquí dormimos a diario unas 75 personas y la mayoría es gente mayor que tampoco dispone de coche para trasladarse a otras poblaciones, así que este servicio es indispensable. De no contar con Juan o un botiquín rural de este tipo tendríamos que desplazarnos a Murillo, que es donde está la farmacia más cercana», asegura.
Un servicio, además, con el que los residentes de estos municipios se sienten «unos verdaderos privilegiados». «El hecho de que te traigan a casa un medicamento no ocurre, ya no solo en las ciudades, sino en la mayoría de pueblos. No sabemos la suerte que tenemos aquí y todo ello se lo debemos a él».
Juan todavía tiene por delante unos años años más al servicio de este valle y sus gentes, con una cartera de pacientes que crece en verano y temporadas de vacaciones. A sus 57 años tiene claro que si tuviera que irse de aquí a otra farmacia «sería sí o sí en otra zona rural».


