Gastronomía

La despedida «cojonuda» de Adolfo, el de El Muro

El Muro se mantiene en pie. No lo derriba nadie. Ni tan siquiera su arquitecto, Adolfo Sáenz, que después de casi cuatro décadas al frente de este espacio se jubila «para descansar». Y lo que más le preocupaba es que se quedara en buenas manos. Y parece haberlo solucionado a tiempo. El Muro, que lleva este nombre porque arrancó su trayectoria como bar de la calle Laurel cuando ya se hablaba de derribar el Muro de Berlín, cierra una etapa para seguir abierto como si «casi nada» hubiera cambiado.

Por eso, Adolfo, asegura estar teniendo una despedida «cojonuda», en clara alusión a uno de sus pinchos-especialidad más importantes en este bar de La Laurel de toda la vida. Aquejado por «un pequeño problema de salud que parecía muy grave en un principio pero que afortunadamente se ha quedado en un susto» decidió, a sus 58 años, dar un paso a un lado, «me toca descansar». Y activó hace unos meses la posibilidad real de traspasar este bar. Hecho que se hizo efectivo el pasado 28 de febrero.

Pronto encontró a los candidatos ideales, «gente de esta calle, personas que van a saber llevar El Muro perfectamente». Se refiere a José Antonio, el de La Esquina del Laurel, y a Noelia, la de La Fontana. «Los dos son muy buenos profesionales», ha reconocido durante el acto de homenaje que le ha preparado la Asociación de Hostelería de La Laurel y el Ayuntamiento de Logroño, con el alcalde Conrado Escobar a la cabeza. «La mejor noticia es que estos bares tienen relevo», ha indicado Escobar, que aludido directamente a «El Muro y también al Villa Rica», tal y como indicó este medio hace unos días.

«Ahora me toca descansar, recuperarme, dar largos paseos», ha señalado Adolfo, que ha asegurado que «vendré siempre que pueda a tomar unos vinos y compartir un rato con mis amigos».

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