Gastronomía

La plancha del Villa Rica volverá a la vida antes de Semana Santa

Cerrado desde septiembre, el Villa Rica abrirá de nuevo sus puertas antes de Semana Santa

«Dejo las zapatillas y cojo las chanclas», explicaba el pasado 30 de agosto Eduardo San José, hasta aquel día propietario del Villa Rica, uno de esos bares de toda la vida -25 años en la esquina del Laurel con Albornoz- que se visitaba para degustar la rebanada de pan con tomate y jamón, siempre recién hecha, sobre una plancha que ha visto pasar por su lado a varias generaciones de logroñeses. Cerró sus puertas para volver a su San Sebastián natal. Su jubilación dejaba un hueco que pronto será ocupado. Es más, el Villa Rica está experimentando en su interior una importante reforma para abrir lo antes posible sus puertas.

A la espera de conocer si se seguirá denominando como siempre o cambiará su nombre, este espacio ubicado entre Laurel y Albornoz volverá a la vida. Y sus propietarios esperan que sea antes de la próxima Semana Santa. Es la fecha que se han puesto para que este bar de toda la vida siga sumando años. Porque, tras una importante reforma, el objetivo de los nuevos propietarios es mantener la esencia de este bar. Una gran noticia para La Laurel.

Al Villa Rica se iba a comer esa zapatilla de jamón recién hecha. Y así seguirá siendo a partir de este próximo mes de abril. Se seguirá haciendo la zapatilla de jamón con alguna otra propuesta que están definiendo sus nuevos inquilinos. La plancha, nueva, seguirá funcionando. Por tanto, los nuevos inquilinos han tenido la sensibilidad de saber qué tipo de bar han adquirido, y no han dudado en respetar la esencia, tanto de la especialidad como del hecho cada vez menos visible de la plancha a la vista de la clientela mientras el chef prepara la comanda solicitada.

La Laurel fue diferente al resto de calles gastronómicas de nuestro país. En Logroño, en esta zona, los bares eran tan pequeños que las cocinas tuvieron que salir hacia la barra para poder presentar algo que llevarse a la boca. Es el Soriano, el Lorenzo, el Cid, el Raúl, el Juan y Pínchame, el Ribera, el Páganos… Espacios que mantienen las planchas a todo lo que dan y a la vista de los clientes, lo que le confiere al lugar un encanto necesario, algo que no se puede perder, un distintivo a proteger.

Como han hecho, con sensibilidad, tras una importante reforma, La Senda, muy cerca del Villa Rica, y que cuenta con una plancha en la que se cocina la comanda al momento, a la vista de todos. Es una parte esencial de La Laurel, aspecto que han entendido perfectamente los responsables del Villa Rica -o como se vaya a denominar- cuando abra sus puertas. Mantendrá la plancha, y también el concepto de una o dos especialidades. Entre ellas, la zapatilla, por la que este bar fue reconocido durante 25 años.

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