Esta historia gastronómica acaba un 30 de agosto. Y lo hace con una placa que ocupará un espacio en el lugar que decida su nuevo propietario, a buen seguro en San Sebastián, de donde llegó hace 25 años y a donde volverá en breve. Porque esta es la historia de Eduardo San José, un hostelero que se enamoró en una visita de la calle Laurel, se hizo con un local en una esquina privilegia y ahora cierra una etapa para, como él dice, «dejar las zapatillas a un lado (su especialidad) y ponerme las chanclas». Le podremos encontrar «en la playa de la Concha».

La Asociación de Hosteleros de la Zona Laurel le ha dedicado un sencillo pero sincero homenaje en reconocimiento a este hostelero. «Como todos ha pasado buenos y malos momentos, como el de la pandemia, pero siempre ha estado al pie del cañón, y se lo queremos agradecer», ha explicado Adolfo, del bar El Muro, «compañero y amigo de Eduardo» y miembro de la junta directiva de esta asociación hostelera.
Homenaje en el que ha estado el alcalde de Logroño, que ha querido acompañar a Eduardo en esta despedida. «Seamos optimista para que haya relevo generacional», ha indicado el edil logroñés porque el Villa Rica cierra sus puertas sin tener de momento claro quién recogerá el testigo. «No, de momento nadie lo coge, pero es un buen bar que tiene muchos clientes», ha remarcado Eduardo ante los medios.

«Eduardo San José, oriundo de San Sebastián, encontró en las calles de Logroño su hogar en donde ha materializado uno de esos bares de especialidad: las zapatillas, un clásico que se ha convertido en un símbolo de la gastronomía local. Durante más de dos décadas, Eduardo ha mantenido su plancha encendida, brindando no solo sus deliciosas creaciones, sino también su calidez y espíritu acogedor de toda su familia que han hecho de La Laurel un lugar aún más especial», ha indicado la Asociación de La Laurel ante una nueva despedida que deja un poco más huérfanos a los amantes de la Laurel más tradicional, la de la plancha, la especialidad, y el vaso de vino.


