El BAR de NueveCuatroUno

El BAR (4×05): Julio Revuelta, el político jubilado y el arquitecto viejo

El exalcalde de Logroño, Julio Revuelta, reflexiona sobre el pasado, el presente y el futuro de Logroño

Lo cierto es que esta charla en el bar de NueveCuatroUno surge de manera improvisada. Como tantas. Julio Revuelta y un servidor nos encontramos el lunes en La Casa de las Ciencias. El alcalde de Logroño, Conrado Escobar, presentaba la ciudad que «sueña» en 2050 y nos emplazamos a reflexionar micrófono mediante un día más tarde. Y aquí estamos. El que fuera primer edil de la capital riojana entre los años 2000 y 2007 se denomina a sí mismo como un «político jubilado» y un «arquitecto viejo», por lo que se permite decir esas cosas políticamente incorrectas que más tarde no pasan factura en forma de votos.

De hecho, como confiesa en el Boletín de Actualidad Riojana, reconoce como un error haber dejado su acta como concejal en el 2007 tras enfrentarse a su propio partido. «Si no hubiera dimitido, mi vida habría sido totalmente distinta después. Perdí la única arma que tenía para defenderme, pensando que nadie me iba a atacar». Y así, con la perspectiva de futuro que da el conocimiento del pasado, le tomamos el pulso a Logroño desde su punto de vista urbanístico.

– ¿Qué le pareció lo del lunes?

– Estos planes a largo plazo están bien porque ayudan a mantener una perspectiva y a no perder el norte en la gestión diaria. El anillo verde ya es fuerte; mejorar su conexión es positivo, pero tampoco es algo rompedor, porque ya tenemos bastante adelantado en ese sentido.

El Ebro navegable es una idea que siempre se menciona, incluso antes de que yo fuera concejal en el 91. Se ha hablado muchas veces, pero nunca se ha concretado. A día de hoy, me parece más una imagen promocional para vender Logroño que una posibilidad real, pero, oye, si logran hacerlo, bienvenido sea. Es una imagen bonita.

Algo que eché en falta fue la mención al Monte del Corvo. Luego me dijeron que con vosotros -los periodistas- sí lo mencionó. Es un tema que me saca un poco de mis conceptos urbanísticos, pero bueno, está bien que se reflexione.

– Sobre el Monte El Corvo, hace tiempo dijo lo siguiente: «Oponerme a la ecociudad me costó la Alcaldía de Logroño».

– Sí, aquello fue un punto de inflexión. Me enfrenté con mi partido, con la dirección del Partido Popular en La Rioja, y eso me costó caro. Me quedé a 300 votos de la mayoría absoluta, pero sin el respaldo interno que necesitaba para consolidar el proyecto.

Yo tenía muy claro que la ecociudad en el Monte del Corvo no era una buena idea. Lo sigo creyendo. Es un espacio que tiene que mantenerse como fondo de ciudad, como un pulmón verde. Hay muchos otros terrenos donde se puede construir sin comprometer el paisaje y sin cometer aberraciones urbanísticas.

Además, detrás de ese proyecto yo veía más una maniobra para beneficiar a unos pocos que una estrategia real para mejorar Logroño. Me opuse con contundencia, en público y mucho más en privado. Y sí, me costó la alcaldía. Pero no me arrepiento.

 

– ¿Cómo ve la gestión del alcalde Conrado Escobar en este año y medio de mandato?

– Pues mira, si nos fijamos en la presentación de Logroño 2050, te diría que en este año y medio ha habido muchos anuncios y pocas concreciones. Se han presentado muchas ideas, pero si rascamos un poco, lo tangible es escaso. Es fácil hablar de Logroño 2050, hacer planos, mostrar dibujos y lanzar ideas que suenan bien, pero la realidad es que el Plan General, que es la clave para el desarrollo de la ciudad, sigue parado. Sin un Plan General actualizado, las demás propuestas son papel mojado.

– El Plan General tiene a un concejal para renovarlo, es complejo…

– Sí, pero antes no era tan complejo. En los años 90, lo hacíamos en la casa, con los arquitectos municipales, sin tantas asistencias técnicas ni estudios externos. En menos de un año, los arquitectos ya tenían el Plan diseñado. Lo que más costaba era el consenso político para aprobarlo, pero el documento estaba listo. Ahora, la burocracia ha crecido de tal manera que en lugar de simplificar, se ha complicado. Llevamos 18 años sin renovar el Plan General. Se licitó una asistencia técnica en 2007, cuando ya sabía que no iba a seguir como alcalde, y la adjudicó la siguiente corporación. Desde entonces, apenas ha habido avances.

– ¿Le da algún consejo a Escobar en la intimidad?

– Hemos tenido alguna conversación, incluso una comida hace un año, pero creo que no le gustó mucho lo que le dije porque no hemos repetido.

– En su columna en El Día de La Rioja le aconsejaba que fuera «cauteloso» y esperara una mejor ocasión para eliminar el carril bici de Avenida de Portugal.

– Es cauteloso y no le gusta el ruido. Si hay ruido, huye. En este caso, se sacó una foto preelectoral con vecinos diciendo que iba a levantar el carril bici, pero no midió bien las consecuencias. Los carriles bici deben tener continuidad. No puedes hacer una infraestructura de movilidad alternativa y luego eliminar un tramo clave. Logroño no es una ciudad diseñada desde cero, pero la movilidad hay que trabajarla con visión de conjunto. No era la mejor calle para un carril bici, pero una vez puesto, quitarlo no aporta nada positivo. Lo único que se ha logrado es que haya más doble fila y más ruido en la zona.

Muchos votantes de Escobar no están de acuerdo con estas decisiones. Los mejores proyectos en la ciudad han sido aquellos que han tenido continuidad. La peatonalización se criticó en su día, pero todos los gobiernos la han seguido ampliando porque es positiva para Logroño. En política, hay que saber diferenciar la crítica oportunista de la realidad. Cuando estás en la oposición, puedes permitirte ciertos discursos. Pero cuando gobiernas, debes ser más pragmático y aceptar lo que es bueno para la ciudad, aunque antes lo hayas criticado.

– ¿Qué espera para 2030?

– Alguna de las deudas que hemos hablado de ese plan de infraestructuras debe resolverse y la parte de la movilidad que inició de una manera tan potente Pablo Hermoso de Mendoza. Creo que hay que seguir por ahí. Es decir, la ciudad es muy posible que en estos próximos años no crezca fuera y, además, probablemente no sea ni deseable. Yo creo que fuera lo que hay que hacer es comprar, comprar terrenos para cuando sean necesarios. Pero lo que hay que trabajar es la ciudad interna. Y en esa ciudad interna, el cómo nos movemos, cómo nos relacionamos, etcétera, es la clave, es hacer con cariño el urbanismo más pequeño, más cercano.

– La arquitectura adjetivada…

– Yo tenía un profesor que decía que un instituto sirve para toda la vida y que sirve para todo. Véase el Sagasta. Y que un colegio de los que estamos haciendo ahora… y esto me lo decía hace 40 años, preguntaba si valía para colegio o había que tirarlo. Es decir, la permanencia de las cosas importantes son las que trascienden en la historia de la ciudad. Lo demás, pues podrá durar más años o menos, pero es casi todo efímero. El otro día oía a Conrado decir que va a hacer una isla climática. Y vi un dibujo y me lo imaginé… con unas cosas colgando, unas no sé qué, tal. Mira, yo una isla climática dentro de un parque… ¿qué iba a hacer? Esos artilugios y esas cosas duran cuatro días, se ponen viejos, no tienen mantenimiento, se caen…

– Entonces…

– Una isla climática es un arbolado frondoso, con más, si es posible, hoja caduca para que el sol entre en invierno, y una buena fuente y unos bancos. Eso es una isla climática. Eso es la sustancia de la ciudad, del urbanismo de toda la vida. Un sitio fresco donde te puedes relacionar, que permanece, que cada año es más bonito, es más grande, que tiene historia. Eso.
Yo le diría a Conrado: haz una isla climática de las de toda la vida y olvídate de tanto adjetivo y de tanta gaita, de tantas cosas modernas de estas que nos quieren hacer, que duran cuatro días.

El BAR de NueveCuatroUno

Quinto capítulo de la cuarta temporada del BAR (el audio completo de la entrevista está disponible en Ivoox, iTunes y Spotify).

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