Agricultura

De la unión a la división con un problema común

«Ilusión», «fuerza», «una energía enorme» y «mucha unión». Así vivió Alfredo Nájera aquellos primeros días de las tractoradas históricas que hace un año inundaron La Rioja. Una movilizaciones que se moldearon «anárquicamente», «de manera explosiva», pero que triunfaron para sorpresa de muchos. Fue un éxito incluso para los propios agricultores y ganaderos que salieron a las carreteras a reivindicar su forma de vida. «Ni nosotros mismos nos lo imaginábamos. Nos sorprendió mucho la fortaleza que se adquirió y que se demostró, la necesidad que había de manifestación y las ganas que tenía la gente de defender lo suyo», recuerda este agricultor de Rincón de Soto.

Un momento, recalca, en el que «las OPA representantes no supieron reaccionar al problema que había realmente en el campo y fueron los agricultores quienes se representaron a sí mismos». Unas ganas, sin embargo, que se fueron desinflando poco a poco cuando se tocó el tema de mayor controversia, el del sector del vino. Un punto de inflexión que acabó por estropear esa unión.

Cabe recordar que la regulación del vino de mesa dividió las movilizaciones por el conflicto de intereses que entraron en juego. En un primer momento, se decidió sacar los puntos vinculados con este asunto de ese listado de medidas acordadas con las OPA para abordarlos en a nivel autonómico con las administraciones competentes, pero hubo grupos de agricultores que se opusieron a ello. A partir de entonces, todos los tractores no viajaban hacia la misma dirección y poco a poco fueron perdiendo ritmo en esa marcha lenta en la que cada día que pasaba se ausentaba un vehículo más.

«Había buena voluntad, pero el error fue centrarnos en algo que nos podía dividir en lugar de hacerlo en lo que nos unía. El movimiento no se supo encauzar inteligentemente porque había que haber buscado el montón de puntos que teníamos en común en ese manifiesto y que nos favorecían a todos, como la excesiva burocracia que nos estrangula o la competencia de terceros países en una situación de desigualdad, para trabajar en ello con cabeza. Pero, en cambio, nos centramos en algo que nos dividía a diferentes zonas de la región y ahí empezó el desánimo. Esto acabó por paralizar todo este movimiento de lucha conjunta, que era necesario y que podía haber servido de bastante. Además, no supimos aprovechar el apoyo que nos dio la sociedad, que entendió nuestro problema», opina este fruticultor.

Adolfo Nájera, durante una de las movilizaciones frente a la Delegación del Gobierno en Logroño.

Nájera reconoce que, pese a lo complicado que era que un movimiento sin ningún tipo de estructura surgiera, la misma «anarquía que lo impulso llevó a su vez al desgaste rápido y a no saber llegar al objetivo final». De toda esta montaña rusa de emociones, asegura que sí hubo un punto positivo y es que «las OPA creo que entendieron el mensaje y supieron unirse y a partir de ahí están intentando y haciendo todo lo que pueden para mejorar las cosas. Vieron que había que moverse porque hay cosas que están muy mal».

Desde San Asensio, otro agricultor que no faltó a la cita diaria en las carreteras regionales con su tractor es Adrián Blanco. Sin dejar de podar una de sus viñas antes de que la noche se le eche encima recuerda lo «emocionante» de aquellos días: «Fue un momento histórico en La Rioja en el que todos nos unimos para conseguir lo que necesitaba el campo. Nosotros teníamos la fuerza, pero las OPA tenían la voz (como nexo de unión con las administraciones) y por ello queríamos que nos defendieran en unidad de acción, como un único organismo que defiende a todos los agricultores y conseguir así más acuerdos, pero al final eso no se logró y realmente no nos han defendido ni nos han representado como agricultores».

Esa fuera y emoción que latían desde un principio se fueron apagando, asegura este joven viticultor, por varios factores: «Desde la Delegación del Gobierno prácticamente quisieron boicotear nuestro derecho a manifestarnos y eso unido al cansancio por la falta de apoyo y a las multas que recibieron los agricultores («porque las hubo, con retirada de puntos incluso») mermaron las ganas. El vino de mesa, coincide con Nájera, fue la puntilla: «Era un asunto que afectaba sobre todo a los viticultores de La Rioja Baja e incluso las confrontaciones se vivieron en la propia zona, entre unos municipios y otros porque no se ponían de acuerdo en los puntos».

Blanco echa la vista atrás y opina que «muy mal se tienen que poner las cosas como para que vuelvan a organizarse unas tractoradas como las del año pasado». Los problemas son los mismos y las mejoras, apenas palpables con «el precio del vino tirado por el suelo y cobrando a pérdidas», pero los ánimos no son iguales. «Es cierto que esas tractoradas sirvieron para demostrar que los agricultores estamos aquí y que podemos organizarnos solos gracias a los valores y derechos que nos unen, pero también da pena que aquellas movilizaciones acabaran así porque llegamos a conseguir mucha repercusión».

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