La Rioja

Concha Andreu : “Cuarenta años es sinónimo de libertad, autogobierno y futuro»

Concha Andreu : “Cuarenta años es sinónimo de libertad, autogobierno y futuro»

Los cuarenta años de autonomía de La Rioja han centrado el discurso de la presidenta del Gobierno de La Rioja, Concha Andreu, en el acto celebrado por el Día de La Rioja en Nájera.

Ha recordado que hace cuarenta años esta celebración hubiera sido considerada una quimera, pero «estamos aquí gracias a la democracia y a todo lo que ella conlleva, supone y exige. La democracia ha sido el guion de estos cuarenta años. Y a nada de ello podemos renunciar, ni en el más mínimo de sus términos. Ni dar un paso atrás en ningún aspecto. De libertades, civilización y derechos».

Discurso completo de Concha Andreu

Si hace algo más de cuarenta años nos hubieran dicho que La Rioja celebraría, en décadas sucesivas, y en torno a un día con nombre propio, su constitución oficial en Comunidad Autónoma, con lo que eso significaba en cuanto a reválida histórica y reinvención de todos los elementos humanos, materiales, culturales y administrativos que conforman nuestra tierra, todavía podíamos haberlo considerado una posibilidad quimérica, incluso un sueño.

Pero el cumplimiento de un sueño nunca es infundado, ni regalado, sino que ha de ser legitimado por una aspiración anterior. Presidente del Parlamento, delegada del Gobierno de España en La Rioja, alcalde de Nájera, Medallas, resto de autoridades, riojanas y riojanos, el Estatuto de Autonomía que hoy nos fundamenta como Región fue conclusión ‘de’ y respuesta ‘a’ una aspiración política expresa, popular y reiterada en tres “Días de La Rioja” preautonómicos; el primero de los cuales tuvo lugar aquí, en Nájera, el 8 de octubre de 1978.

Cuatro años antes de que se fijara la que habría de resultar en todos los aspectos, de los más prácticos a los más intangibles, una nueva realidad para las riojanas y los riojanos. Y hasta hoy. Por aquellos días, en los que España se repensaba y reconstruía de facto, La Rioja, al hilo de esa transformación nacional producida ya en democracia, transitamos de “existir” a “ser”, como anhelaba el verso de la canción de Carmen, Jesús e Iñaqui.

No diré que era más que una canción porque una buena canción es insuperable e incomparable con nada; pero a los que la coreaban en Nájera, y luego en Haro, y en Calahorra y en Logroño; los que aún en determinadas ocasiones llevamos ese verso del corazón a la boca, no se nos escapaba que “La Rioja empieza a caminar” era también un editorial, una declaración, un himno, de timbre machadiano: todo un preámbulo, podría decirse cariñosamente, a la Ley Orgánica 3 barra 1982 de 9 de junio: la que instaura nuestro Estatuto.

Y a través del articulado del Estatuto, nuestra identidad. Ese ánimo de “ser”, participado a partes iguales por el sentimiento y por el pensamiento, y que estimula a caminar juntos en Comunidad, precisa –para su puesta en práctica, para que se cumpla–, no sólo del justo refrendo jurídico, que equilibre 2 anhelos y límites, sino, al igual que los sueños a los que antes me refería, una voluntad antecedente y firme de “existir”, “ser” y “hacer”: Comunidad, Rioja.

Durante mucho tiempo, cuando en la historia política de nuestro país se hablaba de “cuarenta años”, la primera referencia que acudía a nuestro imaginario eran los cuarenta años de la dictadura. La expresión “Cuarenta años” era sinónimo de cuarentena autárquica, de retraso en todos los órdenes, de centralismo a ultranza, de aislamiento y de tiempo detenido.

Hoy hemos logrado entre todas y todos invertir su sentido y así, poder proclamar, a fecha de 9 de junio de 2022, en Nájera de nuevo, que “cuarenta años” es ya sinónimo de libertad, autogobierno y horizonte de futuro. De éxito moral, social y político. Si hace algo más de cuarenta años nos hubieran dicho que este salto formidable a “ser” La Rioja autonómica no seguiría siendo ni una mera hipótesis, ni una reivindicación crónica, ni una deuda pendiente, ni una promesa postergada, sino un aniversario, una conmemoración anual, una cita acordada, el recuerdo renovado de lo que venimos siendo hace todo ese tiempo, quizás nos habría parecido un ideal inalcanzable.

Pero el caso es que hoy jueves 9 de junio de 2022 estamos aquí para constatar, con el orgullo y la misma confianza del primer día, que ha merecido la pena. Han merecido la pena estos últimos cuarenta años a lo largo de los cuales nos hemos reinventado. Han merecido la pena estas cuatro décadas ganadas para el progreso y para la modernidad. Para el presente, que es la forma que adopta el futuro cada día. Para formar una Comunidad y parte de un país y de una Europa como sólo se pueden concebir y, sobre todo, como sólo se pueden construir, conservar y perfeccionar desde un Estado democrático. No debemos olvidar esto. No se trata de un detalle menor, sino de la viga maestra.

Estamos aquí esta mañana, haciendo uso de estas palabras, gracias a la democracia y a todo lo que la democracia conlleva, supone y exige. La democracia ha sido el guion de estos cuarenta años. Y a nada de ello podemos renunciar, ni en el más mínimo de sus términos. Ni dar un paso atrás en ningún aspecto. De libertades, civilización y derechos.

Porque en esto no hay un paso atrás pequeño. Cualquiera es grande y podría abrir nuevas brechas, y una regresión. De lo conseguido, no debemos desprendernos de nada esencial. Pues nos define y nos defiende. El Estatuto de Autonomía de La Rioja, que hoy llega a sus primeros cuarenta años de vigencia, fructíferos y productivos años, es un garante del valioso haber obtenido, gracias, por supuesto, al trabajo, a la perseverancia y al ejercicio democrático.

Participado todo ello por la sociedad riojana, de la que forman parte sus gobiernos. Nadie dijo que fuera fácil. Y como sucede en la vida y desde luego en la vida pública, tan compleja y múltiple, caracterizada por el concurso de intereses comunes, pero también encontrados, todo es siempre perfectible.

Pero prueben hoy, 9 de junio de 2022, a imaginar La Rioja y la vida de las riojanas y de los riojanos sin el Estatuto, sin la aplicación cotidiana del Estatuto. Sin su reflejo, sin su efecto hasta en el ámbito más mínimo de nuestra actividad cotidiana. Prueben hoy a imaginar La Rioja y la vida de las riojanas y de los riojanos sin los instrumentos, instituciones, competencias exclusivas y canales de participación de que nos provee. Prueben hoy a imaginar La Rioja y la vida de las riojanas y de los riojanos sin la proximidad de sus servicios y recursos, sin la capacidad de autogestión que ofrece. Sin la inmediatez de sus núcleos o foros de decisión. Prueben hoy a imaginar La Rioja y la vida de las riojanas y de los riojanos sin un Parlamento emanado directamente de su voluntad expresa en las urnas, o sin opción para crear planes que –desarrollados en el seno de la Comunidad y en el marco del territorio– nos identifiquen y fomenten.

Prueben, en fin, a imaginar la Rioja y la vida de las riojanas y de los riojanos sin el respaldo constitucional que nos otorga una autonomía propia y una organicidad administrativa y política que permite, y cito el Estatuto: “como poder público y en el ámbito de sus competencias, promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social, así como la defensa y protección de los valores culturales del pueblo riojano”.

Resulta sencillamente inimaginable otro escenario. Sería como reingresar en un túnel cegado, en el que no podríamos evolucionar, ni reconocernos, ni movernos. Encontrarnos hoy, celebrando el logro del Estatuto de Autonomía de La Rioja, en Nájera, enclave histórico que fuera crucial para la historia de España, hace que resuene de una forma especialmente emocionante la proclama real con que se abría su texto: “A todos lo que la presente vieren y entendieren, sabed que las Cortes Generales han aprobado y Yo vengo en sancionar la siguiente ley orgánica”.

Se estrenaba así un tiempo nuevo para nuestra Región. Y lo importante es que seguimos en él día a día. Resulta vital transmitir a las generaciones más jóvenes, protagonistas ya de la época actual y de las venideras, agentes de los futuros días de La Rioja, el sentido del presente estado de cosas. Y la necesidad de su permanencia y profundización.

Los últimos tiempos vividos, bien lo sabemos, nos han abocado a trances de fragilidad y temor, han puesto a prueba nuestra capacidad de resistencia, tanto colectiva como individual, los dispositivos organizativos de la democracia, la gestión pública que implica la política y, específicamente en España, han puesto a prueba el ámbito de actuación de las Comunidades Autónomas. Y hemos aprendido, de una manera clara, que la conexión interterritorial –la hermandad se podría decir en muchos casos– y la colaboración transnacional son imprescindibles para la superación de los traumas más graves, en el orden sanitario, económico y humanitario; crisis que nos sumen en una incertidumbre aguda y provocan fatalmente, como un indeseable efecto colateral y regresivo, el rédito ideológico de populismos y extremismos, empeñados, de una forma interesada, en la desacreditación de los logros alcanzados por el pacto democrático que nos sustenta.

A cambio de nada, del vacío, si no del abismo. Tragedias como la pandemia o más recientemente la guerra de Ucrania son ejemplos del modelo de expansión global y acelerada de cualquier foco de problema declarado en nuestros días. De la posibilidad cierta de una súbita y universal alteración de nuestras vidas y proyectos. Sólo desde sociedades compactadas y vertebradas, con convicción democrática, capacidad de decisión y conocimiento de sus necesidades; sólo desde sociedades que empeñan sus recursos en afrontar los problemas de una forma integral y realista se puede obtener una perspectiva del total. Y coordinar actuaciones propias y conjuntas.

El Estatuto de Autonomía de 1982, arbitrado en el corazón de la Transición, incorporó a La Rioja a la estructura y dinámica del cuerpo del Estado autonómico que articula nuestra nación, acrecentando como Región nuestra presencia, responsabilidad y voz en el sumatorio que constituye la España moderna. Las autonomías, y esto es fundamental el subrayarlo, lejos de disolver, han subrayado las cualidades, la cultura, la personalidad, la lengua y el patrimonio de cada uno de nuestros territorios. Su razón de ser. Han optimizado sus potencialidades, aportaciones y memoria. Gracias al hecho, a la realidad de las diversas y convivientes Comunidades Autónomas, España se conoce mejor a sí misma, física y emocionalmente; se comprende mejor así misma; se defiende mejor a sí misma.

Y el Estatuto que hoy celebramos habilitó a La Rioja para esta incardinación, enriquecedora en lo particular pero también, desde luego, en lo general, en el interés general. Todo está conectado. Más que nunca antes. Y La Rioja es una tierra conectiva, comunicativa, colaborativa, solidaria. La naturaleza de algunos elementos, entre otros, que nos caracterizan y proyectan universalmente así lo demuestran.

La cultura del vino o la profesión del castellano suponen, por añadidura a otras consideraciones, una oportunidad de compartir. Y de socializar y de expresar. Ya Gonzalo de Berceo asociaba el bon vino con el roman paladino y con el hablar al vecino. Somos una Región ideada, quería contar el poeta, para la vecindad y el entendimiento. Naturalmente generosa. Y a la vez, naturalmente receptiva. E inclusiva, en todos los sentidos.

El Estatuto, con la posibilidad que nos otorgó de redefinirnos e instituirnos, nos reafirmó en este rasgo y reforzó nuestra aversión a cualquier forma de exclusivismo o exclusión. Es decir “La Rioja” fuera de nuestros límites, seguro que ustedes podrían atestiguarlo, y despertar inmediatamente reflejos positivos. En la menor cantidad de tiempo, lo que se tarda en pronunciar su nombre, se rememora un máximo de admiración y estima. Espontáneas. Se sabe cómo somos.

La Rioja: suena redonda e inequívoca. Nada de esto nos fue dado. Cosechamos lo cultivado durante siglos de labor y acogimiento. Y de modélica vecindad.

Me gustaría también destacar hoy aquí, de una manera muy especial, que La Rioja es una tierra, pacífica y tolerante, en la que nunca se ha utilizado ni la violencia ni el vandalismo como solución a los conflictos. El diálogo sí, pero siempre con un único límite, que no es otro que la prioridad del interés general ante intereses que aun siendo legítimos son particulares. Desde hace cuarenta años, en La Rioja venimos consolidado un tiempo mejor. Hemos vivido, hasta el momento, los mejores años de nuestra tierra. Ha merecido la pena estar aquí, vivir aquí, crecer aquí. Y seguir aquí, por encima de todo.

Sortear en Comunidad las épocas duras, que han exigido sacrificios y recursos, y celebrar su superación, en la esperanza de continuar unidos. Sabiendo que, por delante, nada está cerrado. Salvo el compromiso de cumplir otros cuarenta años y muchos más. La Transición, como nuestra autonomía contienen valores a proteger porque son hitos que cohesionan a los pueblos. Haríamos mal en no sentirnos orgullosos del camino recorrido, porque nos estaríamos negando a nosotros mismos. Eso nos impediría seguir avanzando. No sería justo. Menos aún para aquellas y aquellos que, no encontrándose ya entre nosotros, dedicaron ese tiempo, una parte relevante de su vida y tarea, a aplicar y mejorar, administrativa y humanamente, la gestión que la norma ponía en nuestras manos. Cuando era un instrumento a estrenar. Cuando todo era nuevo. Les debemos que siga funcionando y pido, desde esta tribuna, un aplauso para quienes se han quedado en el camino.

Pero también pido a todas las riojanas y riojanos, desde luego a los más jóvenes, que sigan ayudando a la Comunidad, a La Rioja. Ese compromiso es el que valida, de fondo, el espíritu del Estatuto. Porque, hoy 9 de junio de 2022, que es un día de reflexión sobre la utilidad de los instrumentos que nos hemos dado para mejorar nuestras vidas y llevar a cabo nuestras empresas personales y conjuntas, no cabe dejar de pensar, y es el mayor de los triunfos posibles, que ya “existe” y “es” una generación completa de riojanas y riojanos vinculada al establecimiento del Estatuto.

Una “Generación del Estatuto”, la que nació en 1982 y ha crecido en un contexto que resulta inseparable de la idea de su Región, de su casa, de La Rioja, como un espacio de asentamiento, desarrollo y libertad, perfectamente inscrito en la totalidad de la nación española.

Quién nos lo iba a decir hace algo más de cuarenta años. Los Galardones que entregamos esta mañana significan, precisamente, esa reflexión sobre el curso del tiempo; sobre sus trayectorias, ejecutorias y tramos. Desde muchos flancos, convicciones, proyectos y vocaciones. A través de años de esfuerzo, perseverancia, fidelidad, servicio, veteranía, conciencia y resistencia. Ideológica, científica, pedagógica. Líneas muy principales de los contenidos que justifican una Comunidad, plural, diversa e inquieta intelectual y políticamente.

Ejemplos de aquella misión múltiple que el Estatuto, en su artículo séptimo del título preliminar, encomendaba a la Autonomía respecto a las ciudadanas y ciudadanos de La Rioja: garantizar que “las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas”, “remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social” y “mejorar las condiciones de vida y trabajo y a incrementar la ocupación y el crecimiento económico”. Este es el mandamiento estatutario. Y a él nos debemos.

Y así, hoy, como se hizo hace 20 años, con los que fueron Presidentes de la Comunidad, reconocemos como “Riojano Ilustre” a Don Pedro Sanz Alonso, quien detentara, además de ostentar otros méritos y cargos, la responsabilidad del mandato de la Presidencia del Gobierno de La Rioja entre los años 1995 y 2015.

Como “Riojana Ilustre” a doña Carmen Chover, ascendente maestro del voluntariado, del sindicalismo, del asociacionismo y de la igualdad; de las mujeres que pusieron en marcha el reloj de la democracia cívica en La Rioja ya desde el antifranquismo.

Como “Riojano de Honor” al doctor y catedrático de Química don Javier García Martínez, una de las principales eminencias de esta ciencia en España y en el mundo. Y sendas “Medallas de La Rioja” recaen en la Asociación para la Preservación de la Memoria Histórica “La Barranca” por su denodado trabajo de revelación, investigación y relato de las víctimas por fusilamiento, desaparición o represión producidas por el levantamiento militar de 1936, y en la Universidad Popular de Logroño, que desde 1994 ha consolidado una labor extraordinaria, ya imprescindible, 8 de educación continuada, diversa y abierta en numerosas disciplinas del saber teórico-práctico, con destino a una amplísima franja social.

Queridas riojanas y riojanos, hoy celebramos cómo un pueblo puede alcanzar sus sueños, creando su futuro. Por ello os invito a gritar conmigo, conscientes más que nunca de la verdad y sentido de lo que proclamamos: ¡Viva La Rioja!

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