Gastronomía

Morro Tango, donde la cocina se sumerge en las raíces alfareñas

Volver a las raíces. Con ese objetivo nació Morro Tango en Alfaro hace algo más de dos años. Tras trece años en el restaurante Echaurren de la mano de Francis Paniego, Cristóbal Castillo decidió tomar las riendas de su cocina y volver a su Alfaro natal para montar su propio restaurante. Era el momento. La decisión fue meditada, aunque este joven alfareño tiene claro que ha sido una de las mejores decisiones que ha tomado en su vida.

Desde su nombre, hasta su menú o su carta de vinos (en la que no falta ni un solo vino de las bodegas de la localidad), todo gira en torno a la gastronomía alfareña. Esa de las abuelas, las raíces profundas y los productos que da una tierra regada por el Ebro, que ofrece al establecimiento su identidad.

«Cuando estábamos pensando el nombre del local, me acordé de un reportaje que había sacado la revista Gracurris en el que aparecía el vocabulario típico del municipio. En cuanto leí la palabra Morro Tango, sabía que era ese el nombre que le teníamos que poner», cuenta Cristóbal. Y es que Morro Tango es algo así como ‘morro fino’. Esa persona que no come cualquier cosa. «Era una frase habitual de las abuelas cuando no accedías a comer algo. No seas morro tango».

Todo gira en torno a las costumbres más alfareñas. También la decoración del pequeño establecimiento, justo al lado del consistorio (calle Las Pozas). Una barra con sillas altas recibe al comensal. Un lugar luminoso en el que poder tomar un aperitivo antes de comer o una tortilla de patata los jueves de pincho en Alfaro. El cristal se da la mano con las típicas cortinas que se encuentran en las bajeras alfareñas una tarde de verano y un jardín interior le da frescura al entorno.

«Nos pareció una buena idea decorarlo con algo tan habitual como las cortinas de esta zona. Además nos sirve para esconder el almacenaje». A falta de espacio, había que echar mano de la imaginación. Un salón para unos cincuenta comensales que ahora sólo se destina a no más de cuarenta por motivos de la pandemia. Las mesas pequeñas se disponen entre el rosa y el crema que lo inunda todo. Modernidad en estado puro sin perder la visión de un lugar en el que sentirse como en casa.

La vuelta a las raíces también debía notarse en el menú. Unos platos basados en la gastronomía más riojana con algunos toques de innovación. Los justos. La cocina que a Cristóbal siempre le ha enamorado. En él no podía faltar un guiño certero a la casa donde lo aprendió todo. ‘Las croquetas que Marisa Sánchez me enseñó’ son el plato para ir calentando el morro de un menú de 24 euros en el que se mezcla un delicioso carpaccio de gambas o una ensalada de achicoria con codorniz escabechada.

La huerta tiene un hueco especial en el menú. Las alcachofas, los pimientos de Alfaro o el cardo rojo, como estas navidades, son los principales protagonistas. Después llegan los principales con mucho toque riojano y muy de toda la vida: chuletillas al sarmiento, callos guisados como antaño o las albóndigas de la infancia del chef, quien ha impregnado su personalidad en sus platos. Todos son recuerdos a los sabores de infancia, esos que siempre llevamos en la memoria colectiva de las cocinas de nuestras abuelas.

Además de ese menú, desde Morro Tango ofrecen un menú degustación. Siete platos en los que se puede resumir el trabajo intenso de este cocinero alfareño que ha vivido en el pasado 2021 uno de sus mejores años. Ha sido padre, se ha consolidado su proyecto culinario y además ha sido reconocido por la prestigiosa guía Michelín con la distinción ‘Bib Gourmand’.

«Nos llamaron en septiembre para decirnos que nos iban a incluir en su guía y eso ya fue un subidón. Cuando nos escribieron diciéndonos que estábamos invitados a la gala, ya fue lo máximo. Sabíamos que no estábamos para una estrella, eso uno mismo lo sabe, pero la distinción la recogimos con un orgullo impresionante. Aunque no se trabaja para recibir este tipo de premios, siempre son bien recibidos porque a todos nos gusta que se valore nuestro trabajo», comenta el cocinero alfareño.

Cristóbal vuelve a bajar de la nube que han sido los últimos meses y lo tiene claro. «Nuestro mayor premio es que la gente se vaya contenta de aquí, que disfrute con nuestra cocina, que sean felices». De momento, parece ser que el trabajo está dando sus frutos. «Los tres últimos meses han sido un no parar. Pensábamos que en noviembre bajaría el ritmo, pero hemos estado llenos prácticamente todos los días».

A pesar de que, a veces, no es fácil ser profeta en tu tierra, Cristóbal lo ha conseguido. «La gente de Alfaro ha acogido muy bien el proyecto, pero es que estamos teniendo comensales que vienen del resto de La Rioja, de Navarra… la gente tiene muchas ganas de juntarse y de disfrutar delante de un plato». Un lugar único en La Rioja Baja. Un emplazamiento perfecto para ser feliz con la gastronomía de toda la vida.

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