El Rioja

La tormenta se traga los viñedos en Fuenmayor: «No he visto cosa igual»

El cauce del río siempre sigue su sendero habitual, por gravedad, pendiente abajo. Y cuando no hay río, el agua encuentra cualquier surco por el que escurrirse hasta desembocar en cualquier arroyo o afluente, llevándose a su paso todo lo que encuentre por el camino. Algo similar ocurrió este lunes en Fuenmayor, foco de la tormenta que arrasó muchas zonas de la geografía riojana pero que descargó su mayor ira sobre este municipio.

Los cultivos de alrededor no llevaron mejor suerte, muchos convertidos en balsas de agua embarrada que 24 horas después dejan a la vista parajes que ponen los pelos de punta, sobre todo a los agricultores. Diego Espinosa es uno de los que este martes amanecía bajo los nervios de quien sabe que puede encontrarse todo su trabajo tirado por tierra, nunca mejor dicho. Primera ronda junto a su hermano por algunas de las viñas del pueblo y, de repente, sorpresa mayúscula. Un socavón de hasta cuatro metros de profundidad en una parcela del término de Los Llanos, en lo alto de Fuenmayor.

«Sabía que podía encontrarme viñas anegadas, pámpanos rotos, pero nunca algo de tal magnitud. Si en las fotos impresiona, verlo en persona es mucho peor». Así describe este agricultor lo que ha sentido esta mañana al ver sus cepas de tempranillo al aire, con las raíces a la vista, en una parcela de algo más de una hectárea de unos 30 años ubicada en una ladera.

Realmente está siendo una primavera muy complicada para los viticultores de esta zona, donde la tormenta de principios de junio también golpeó fuerte, «pero los daños esta vez han sido mucho mayores, con viñas arrasadas al completo». Algunas estaciones de la zona registraron unos 60 litros por metro cuadrado en media hora, «pero la realidad es que seguro que fueron más porque este destrozo no lo provoca cualquier torrente de agua, dañando todos y cada uno de los renques de la viña», asevera Diego.

El desenlace para esta parcela, además, se augura nefasto y es que Diego no ve solución alguna a este panorama: «La única opción que veo es arrancar la viña, al menos lo que está dañado, porque las cepas en ese estado se van a secar. No me atrevo a entrar con un vehículo pesado para echar tierra porque en esta situación se puede venir todo el terreno abajo y es peligroso».

Todavía es incapaz de hacer un balance certero de los daños provocados tras el pedrisco y las lluvias de este lunes. «Aún no hemos dado parte al seguro porque no se puede entrar a examinar las viñas. Además, puede haber más daño del visto a simple vista, ya que una vez las cepas se secan muestran heridas en pámpanos y racimos. Pero por todo el pueblo hay viñedos con diferentes grados de daño, muchos de ellos al 50 por ciento o más».

Los tratamientos contra la incidencia fúngica venían aplicándose hasta ahora «en condiciones», pero ahora las previsiones no son para nada positivas: «Tendremos que esperar unos días para volver a tratar pero estas vendimias serán complicadas, está claro».

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