Agricultura

La colza despega en La Rioja: «El agricultor debe saber que es el futuro»

La colza despega en La Rioja: la superficie cultivada se ha multiplicado por doce en diez años

Óscar Bobadilla posa junto a su padre Ignacio y su hijo Manuel en uno de sus campos de colza

Dirección Nájera por la A-12, el paisaje agrícola regala espectaculares contrastes tonales producto de la irrupción de la primavera. Entre tanto verde intenso, los cada vez más abundantes campos de colza tiñen la paleta de La Rioja Alta que a más de uno invita a parar el coche y fotografiar ese escenario tan típico por estas fechas.

Bañares, Santo Domingo, Matute, Cirueña o Hervías lideran la lista de localidades más productoras de esta planta de la familia de las brasicáceas, cuya principal salida es el aceite de colza que se extrae de sus semillas. En esta comarca Jaime Urbina tiene sus cerca de 120 hectáreas ya florecidas por novena campaña consecutiva. Él no tiene dudas: «Es el cultivo del futuro y, aunque todavía hay mentes reticentes, la nueva PAC viene más verde, remarcando esa diversificación de cultivos y la reducción de tratamientos arrojados al campo, así que en diez años seremos muchos más los que apostemos por la colza».

Coincide en esta valoración la Consejería de Agricultura, desde donde ven muy probable la posibilidad de superar las 1.600 hectáreas cultivadas en La Rioja muy pronto «debido al aumento de lo sembrado en septiembre y octubre». Actualmente, La Rioja Alta acoge más del 80 por ciento de la superficie de colza plantada en toda la comunidad (el resto se distribuye por la sierra de esta comarca y La Rioja Media) gracias «a las condiciones idóneas de suelo y clima de esta zona que aportan unos buenos parámetros de humedad, limpieza y grasa que exige el mercado».

Unos indicadores que determinan mucho el precio que percibe el agricultor. Partiendo de un precio base, siempre puede haber descuentos o bonificaciones en función de los niveles de grasa, impurezas y humedad se obtengan de las muestras de cada remolque. «La colza ideal es aquella que da menos de un nueve por ciento de humedad; menos de un cuatro de impurezas y más de un 42 por ciento de grasa», apunta Urbina.

Jaime Urbina junto a uno de sus campos de colza.

Este cultivo de siembra temprana, además de ser una buena alternativa al cereal con todos los beneficios que deja sobre el terreno, también influye en las campañas venideras, «llegando incluso a incrementar en un 20 o 25 por ciento los rendimientos de los cereales que se siembran en las próximas cosechas». Este agricultor cuantifica su rendimiento medio anual en torno a los 3.500 kilos por hectárea y reconoce que «ya son varias campañas en las que se va cogiendo bastante».

Buenas cosechas, buenos precios también y menos uso de tratamientos, «ya que al cambiar de cultivo la tierra está más sana y no es necesario tanto herbicida». Unos motivos que animan a cada vez más agricultores a darle la mano a la colza. «Otros todavía la rechazan y prefieren seguir con su cereal a pesar de los beneficios que esta planta deja, tanto medioambientales como económicos», apunta Urbina.

En cuanto al registro de los precios medios publicado por el Observatorio de precios agrarios de la Consejería de Agricultura, este recoge una media de 326 euros por cada 1000 kilos, frente a los 188 registrados en 1998 (fecha desde la que se tienen datos). Destaca el pico de 450 euros por cada tonelada en 2012, pero para esta campaña se esperan unos «precios competitivos que dependerán de las condiciones climáticas de abril y mayo», según señala la Consejería.

Óscar Bobadilla trata la colza contra el pulgón.

Desde Baños de Río Tobía, Óscar Bobadilla incide en que «no es que se trate de un cultivo más rentable que los cereales, ya que para hablar de rentabilidad hay que poner el foco en cada explotación, y los precios que se obtienen distan mucho a los del trigo, por ejemplo. Lo que ocurre es que de la colza se saca menor producción y se paga más caro, pero con esta planta también se deja mucho dinero en el campo entre los abonos, nitrosulfatos, herbicidas y manos de pulgón».

Este agricultor destina el 25 por ciento de su explotación a la siembra de colza, unas 60 hectáreas anuales, y lo hace desde hace doce años entre Baños y Matute. La experiencia le dice que «el mayor beneficio que se obtiene de este cultivo es el agronómico, porque la rentabilidad que se saca es parecida a la del cereal, pero en este caso el terreno sale mucho más nutrido y sano ya que el uso de diferentes herbicidas permite controlar mejor las malas hierbas».

Óscar Bobadilla junto a su padre Ignacio y su hijo Manuel.

Sin embargo, reconoce que es la opción escogida cuando no hay posibilidad de cultivar girasol, el cual requiere de zonas muy frescas. «Este cultivo conlleva un menor gasto y deja más limpio el campo debido a su siembra tardía, pero se comporta de manera más exigente ante el terreno que la colza, la cual no requiere de tanta humedad y va bien para zonas cascajosas. Tan solo requiere de agua en el momento concreto de la siembra», explica Bobadilla.

La década de oro

El cultivo de la colza arrastra unas tres décadas de historia en la comunidad, aunque sus primeros pasos en los años 90 fueron más bien de tanteo frente al acelerón que ha pegado en los últimos diez años, llegando a multiplicar casi por doce su superficie total. Con diez hectáreas de regadío, esta planta comenzaba una andadura suave en La Rioja que alcanzaría su primer pico en 1999, con casi 170 hectáreas cultivadas que dejaron una producción de 381.000 kilos.

Sin embargo, la entrada en los 2000 coincidió con un descenso de casi el 80 por ciento en la superficie cultivada que tardaría otros diez años en recuperarse. Esta primera década del siglo XXI fue precaria para la colza, donde apenas se recogieron 402 toneladas frente a las 605 que se alcanzaron entre 1990 y los 2000.

Pero a partir de entonces, esta planta pisó el acelerador y cada vez fueron más los agricultores motivados por la alta rentabilidad del cultivo frente a otros cereales. Fue el comienzo de la época de oro de la colza, que en 2020 batía el récord de alcanzar casi las seis mil toneladas recogidas en unas 1.500 hectáreas. Una curva que no ha dejado de subir en estos últimos diez años, a excepción del valle formado en 2017 motivado por las heladas y sequías que protagonizaron este año climático.

De igual modo, el rendimiento por hectárea cultivada también se han disparado tanto en tierras de secano como de regadío. En este último caso, 2020 dejaba la mayor cifra alcanzada hasta la fecha con 3.800 kilos de media, un doscientos por cien más que en 1999, cuando se registraron 1.500 kilos.

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