El Rioja

La ‘hija’ más pura y auténtica de Ramón Bilbao

Alberto Saldón, director de Lalomba, y Rosana Lisa, directora técnica de la bodega.

Desde la Sierra de Yerga hasta los Montes Obarenses pasando por la capital del Rioja. Ese es el triángulo perfecto que conforma la ‘hija’ más especial, pura y auténtica de Ramón Bilbao. De nombre, Lalomba; de apellidos, Laliende, Valhonta y Ladero. Cada uno con su carácter exclusivo, con su figura más representativa, pero todos bajo el mismo paraguas de reflejar una cultura de Rioja desde los orígenes y también desde las lomas de sus paisajes que ponen nombre a este proyecto.

Lalomba es una pequeña bodega que da sus primeros pasos hace diez años en la mente de Rodolfo Bastida, director general de Ramón Bilbao, con la idea de crear una gama ultra premium de vinos de finca exclusivos. Ahora, Alberto Saldón como director del proyecto y Rosana Lisa como directora técnica lideran llevan las riendas de esta creación que, en palabras de Saldón, refleja la evolución natural de Ramón Bilbao: «Somos una marca bastante reconocida y podíamos habernos enfocado a ser más grandes, pero la visión de Rodolfo fue la de coger el camino difícil y hacer algo único en esta Denominación de Origen».

Viñedo Ladero en la Sierra de Yerga.

Único como los parajes sobre los que residen los tres viñedos de Lalomba que comparten nombre con sus vinos resultantes. De las 250 hectáreas en propiedad de la bodega jarrera, 17 de ellas fueron preseleccionadas para abordar este proyecto. «Unos terrenos muy carismáticos porque no son las viñas más viejas ni las más bonitas, pero sí las que más identidad tienen. Unas viñas ubicadas en lugares concretos, con una influencia climática muy grande, con un varietal muy marcado o un suelo espectacular», destaca el director. Fincas, además, todas ellas en ladera y altitud.

Justo por esa identidad han sido seleccionadas para formar parte de la colección de joyas de Ramón Bilbao. «Son tres hijas completamente diferentes al estilo clásico de la bodega principal. En Lalomba la identidad de cada vino le viene dada de su viña. La bodega centenaria mezcla ese clasicismo en la estructura de sus vinos con un extra de fruta, y Lalomba apunta a la expresión más pura del viñedo, donde cada uno recoge un carácter diferencial».

Alberto Saldón, director de Lalomba.

Así, Valhonta, asentada en Villalba de Rioja y con apenas tres hectáreas de tempranillo muy fresco azotado por el clima atlántico, deriva en un vino delicado y perfumado, mientras que la Finca Ladero refleja la idiosincrasia más definida de la Sierra de Yerga y su clima continental: un vino más potente, con más estructura y más impacto de la madera.

Laliende es el cuarzo rosado de esta gama que puso el broche de oro a Lalomba, «ese que tantas alegrías ha dado» y que nace de las garnachas más puras de Rioja Oriental. «Una finura envolvente que con su personalidad floral te traslada a las suaves laderas enmarcadas por el ambiente agreste de Yerga».

Pero el hecho diferencial con el resto de vinos de Ramón Bilbao es, sobre todo, que esta pequeña bodega cuenta con una sala de depósitos de hormigón crudo que permite que el vino tenga una transferencia de oxígeno, «detrás de los cuales hay un arduo trabajo de rastreo por parte de Rosana para localizar a sus proveedores», aplaude Saldón, aunque la pareja que ambos hacen refleja una máxima compenetración y entendimiento en un trabajo que fluye bajo el espíritu de mostrar la máxima calidad de Rioja.

Tras la primera fermentación en estos depósitos y pasar por madera, el vino regresa al hormigón en lugar de embotellarse. «En ese tiempo el vino se afina, se hace más redondo y más bebible porque al estar en contacto con el oxígeno hace que la fruta aflore y el carácter primario del viñedo sea más evidente. Ladero, por ejemplo, llega a estar casi dos años en estos depósitos antes de embotellarse y el resultado es magnífico. Sin duda, esta herramienta nos está dando muchas alegrías», asegura el director de este proyecto.

Aunque el rosado Lalinde lleva ya cinco años en el mercado (cumple el lustro el próximo mes de mayo), los tintos celebran este año su primer aniversario. «Justo cuando íbamos a lanzarlos llegó la pandemia. Pero nuestra posición fue atrevida y decidimos que este proyecto era algo que venía para quedarse independientemente de pandemias o situaciones adversas. Todo un reto, porque nuestro principal público es la alta restauración, cerrada durante meses, pero el gran equipo de comercialización lo hizo posible y no podemos estar más satisfechos con la aceptación y reconocimientos recibidos», remarca Saldón.

El éxito sobre el estudio

El por qué Rodolfo Bastida eligió estas y no otras parcelas para dar forma a Lalomba tiene un entresijo de motivos que las convierten en «zonas únicas». Pero Alberto Y Rosana quisieron ir más allá de los consejos de las mentes más veteranas y sus «esta viña año tras año te va a dar buena uva» o «este viñedo te funcionará muy bien para garnacha en años de calor». Consejos con los que pocas veces se equivocan porque tienen décadas de experiencia por detrás que los avalan.

Los directores del nuevo proyecto de Ramón Bilbao querían aportar a estas evidencias más románticas del vino su base científica, es decir, «asegurar el conocimiento popular, dar rigor  y racionalidad», demostrando con datos analíticos una creación excepcional. Así iniciaron hace ocho años un estudio pormenorizado de cada uno de los viñedos de las 17 hectáreas preseleccionadas y con el que continúan, porque la familia de Lalomba está en pleno crecimiento y habrá más vinos en la colección, «pero siempre bajo una visión a largo plazo».

«Big Data, vuelo de drones y fotos de satélite para conocer diferentes aspectos del viñedo, así como estaciones meteorológicas para predecir el tiempo, lo cual nos ayuda a tomar mejores decisiones y sobre todo a aprender mucho del cultivo», apunta Alberto sobre las herramientas que usan. En el suelo, la investigación adquiere mayor envergadura con un estudio de microbiología para conocer las comunidades de microorganismos que habitan en los extractos. «A más población, más riqueza y sanidad en el viñedo», insiste el director al tiempo que señala a Valhonca como la viña con un suelo más vivo.

Las investigaciones continúan en la pequeña bodega de Ramón Bilbao con proyectos sobre cómo el cambio climático influye en la maduración en función de las zonas y las variedades y otros con la Universidad de Bourdeaux con la madera de roble como factor de estudio para determinar qué barricas se adaptan mejor al tipo de uva. «Lalomba es como una universidad donde experimentar y fomentar un aprendizaje continuo que se extrapole a otros escenarios».

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